“Víctimas invisibles, como personas desechables”
Existe una relación entre la desigualdad y el fenómeno de las desapariciones, y una lógica que el crimen organizado heredó de los regímenes autoritarios que hizo invisibles a las víctimas como si fueran personas desechables.
Así lo consideró la investigadora argentina del Instituto de Investigaciones Jurídica de la UNAM, doctora Karina Ansolabehere, durante la plataforma “Represión política, desaparición forzada y estrategias de resiliencia en contextos de desigualdad”, organizada por el Centro de Estudios Latinoamericanos (CALAS), adscrito al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), de la UdeG.
En las instalaciones del CUCSH, sede Los Belenes, la especialista presentó la ponencia “Pensar las desapariciones en contextos posautoritarios: lógicas y dinámicas”, que desarrolló en coordinación con la investigadora de la Universidad de Oxford, Leigh Payne.
“Antes, ligaban al fenómeno con el autoritarismo y la desaparición contra los opositores políticos. Pero hoy ese paradigma se ha roto, pues se desaparece prácticamente a personas de todos los sectores y ya no son exclusivas de un contexto político”, subrayó. No obstante, dijo, hay lógicas que se comparten en ambos escenarios: clandestinidad, uso desechable de las personas y pérdida ambigua.
“Las autoridades esconden las violaciones de derechos humanos para evitar costos reputacionales y legales. En los 70 era el subversivo el que desaparecía. Hoy son los que forman parte de un grupo criminal o la chica que andaba en la calle sola. Y se revictimiza igual: ‘En algo andaba’, dicen. En México, hay 60 mil personas desaparecidas, pero hay personas que están en mayor riesgo que otras. A todos les puede pasar, pero las desapariciones se concentran en poblaciones ya marginalizadas”, denunció Ansolabehere.
Añadió que, además de la “pérdida ambigua” –concepto que engloba a la falta de certeza de las víctimas, la incertidumbre sobre la situación, la revictimización y la estigmatización–, los actores poderosos desaparecen a personas consideradas desechables con la narrativa de que algo hicieron para merecer ese destino.
“Las autoridades minimizan y niegan el problema, mientras que las víctimas sufren la pérdida ambigua, y como única salida queda la movilización social e internacional, que es la que presiona al gobierno. Las familias se organizan y construyen alianzas y presionan”, subrayó.
Mesa con madres de familia
El investigador del CUCSH, Darwin Franco Migues, moderador de la mesa, especificó que Jalisco tiene el segundo lugar nacional en el rubro de desaparecidos, con 8 mil 872. Se trata de un delito de lesa humanidad. De esta cifra, hay mil 77 mujeres, 7 mil 788 hombres y siete de los que no determinan género. Además, hay 976 desaparecidos en Jalisco que son niñas y niños.
“El 44 por ciento son jóvenes de entre 18 y 29 años de edad. En nuestros jóvenes está el grueso de los desparecidos, en nuestros hijos. Por eso, en este proceso, la voz digna, solidaria y amorosa la han llevado los colectivos de madres de familia”, declaró Franco Migues.
La señora Leticia Vázquez Camarena, madre de Erika Cueto Vázquez, desaparecida desde 2014, señaló que no sólo luchan contra quienes se llevaron a su hija, sino contra los gobiernos, a los que no les importan los desaparecidos.
“Cuando nos desaparecen un hijo, nos dejan muertos en vida. Nos arruinan a toda la familia. Esperemos que el gobierno ponga más atención, nos escuche y nos ayude a encontrar a nuestros hijos”, dijo.
María Guadalupe Aguilar, madre de José Guadalupe Arana Aguilar, coordina a un colectivo de 400 personas que trabajan para encontrar a sus hijas e hijos, víctimas de desaparición.
“No es un asunto de política, es de derechos humanos. Pero los gobiernos están en manos de ignorantes de las necesidades del pueblo. Hay 40 mil desaparecidos y 37 mil sin identificar. La lógica señala que ahí están muchos de nuestros desaparecidos, pero no los identifican porque el licenciado Encinas dice que son alrededor de cinco mil peritos. Ya son nueve años y tengo pavor de que se me va la vida y que moriré sin encontrar a mi hijo”, denunció.
Recordó que en México hay 40 laboratorios forenses, pero sólo 12 certificados, con lo cual, de acuerdo con peritos forenses de Argentina con quienes platicaron alguna vez, se tardarían 50 años en identificar a los que están en las morgues, y con la lentitud que perciben, incluso tardarían 100 años.
Destacó que Jalisco, todos los días, tiene entre 10 y 14 desaparecidos. “No nos damos abasto. Actualmente, trabajamos en tres fosas. En El Mirador, en Tlajomulco, hemos encontrado 674 indicios. Porque la nueva moda de los delincuentes es dejarlos en pedazos. Y si los funcionarios no vienen con nosotros, no nos van a entender. Si no perciben ese olor a muerte, no nos van a entender”, resaltó la señora Aguilar.
Calificó a lo que ocurre como “delincuencia autorizada”, pues las autoridades están coludidas con los criminales, en la mayoría de los casos.
