Cartas a Página 24
Señor director:
El municipio de Guadalajara presentó recientemente 10 calandrias eléctricas con el mismo discurso de hace tres años, que el cambio es para proteger a los caballos. Sin embargo, vía transparencia, tras ser cuestionados por la cantidad de caballos calandrieros maltratados, desvanecidos, desbocados, muertos, así como el cambio constante en número y nombre de estos en las calandrias, (más de 300, de octubre de 2015 a la fecha) respondieron mediante el expediente DTB/5662/2018 fechado el 19 de septiembre de 2018:
“(…) Se le informa que los caballos son considerados como ganado y si llegasen a venderse, caso que es muy común entre los calandrieros; estos les cambian el nombre, por lo mismo existe discrepancia entre los nombres de los anteriores listados”.
Las autoridades municipales ven a los caballos como objeto de compra-venta y no como sujetos de derecho, o al menos es lo que expresan en su respuesta, aceptan que tienen conocimiento de lo común, que es que los calandrieros los vendan. Para facilitar esta rotación, para dar de alta a un caballo como calandriero, es suficiente presentarlo físicamente, no solicitan factura ni otro documento que acredite la propiedad del animal. No les importa a las autoridades si los caballos son maltratados, si mueren mientras están “trabajando” o los desaparecen, porque son considerados como ganado, la respuesta que emite la directora de Protección Animal, Merilyn Gómez Pozos, pudiera ser aceptada si con ello justificara los más de 27 millones de pesos que en lo que va de la administración se han destinado a la dirección a su cargo, dinero que al parecer sólo ha servido para engordar la nómina con personas que no tienen ni idea de cuál es su responsabilidad.
El tema de las calandrias sigue vigente debido a que ha generado la expectativa de la población unos a favor y otros en contra de que se elimine esta “tradición”, no obstante, algunos ciudadanos perciben el doble discurso que el municipio de Guadalajara maneja, por ejemplo, por un lado cuenta con una Dirección de Protección Animal a la que, como ya se mencionó, se le han destinado varios millones de pesos para que en teoría vele por los animales (cosa que no hace) y por otra parte el mismo municipio aporta recursos económicos a la Escuela Taurina de Guadalajara y se niega a transparentar respecto de la utilización y la fundamentación legal para proporcionarlos a esta y no a otra escuela.
En junio de 2018 se presentó ante la Fiscalía General del Estado de Jalisco una denuncia por maltrato a los caballos de las calandrias, esta se derivó a la Agencia Especializada en Crueldad Animal y Delitos Ambientales con el número de carpeta 62962/2017, pudiéramos suponer que por tratarse de una autoridad estatal daría un poco de certeza jurídica al respecto, pero a lo más que han atinado tras varias denuncias de la pésima integración de la misma es a cambiar de Ministerio Público para su adecuada integración, aceptando con ello su complicidad y falta de interés en la investigación de delitos que la ciudadanía denuncia.
Con dos caballos muertos en la vía pública (Pantera y Grano de Oro), dos caballos desbocados, uno en la avenida Hidalgo que lesionó a un peatón el 28 de abril del 2017 y el segundo que paró en la presidencia municipal de Guadalajara el 31 de diciembre de 2017, queda en evidencia el riesgo que corre la vida y la salud de los transeúntes.
Una yegua que inicia su labor de parto mientras va jalando una calandria y termina pariendo en el parque Morelos (21 de julio de 2018), demuestra que no hay validez para el discurso que se sigue pronunciando al día de hoy “las calandrias eléctricas son para favorecer el bienestar de los caballos” ¿o deben decir al ganado?
Se sigue sin tener fecha para que la estampa de caballos desvanecidos o muertos en la vía publica deje de ser la “tradición” tapatía.
Atentamente
Celia Anayeli Gálvez Robles,
abogada y activista defensora de los derechos de los animales
