Que de una vez acaben las obras, exigen comerciantes

Por Rafael Hernández Guízar

Ni un alma se para en los negocios aledaños al Santuario, esto por las obras que se realizan en la zona. “A veces no sacamos ni para comer”, lamentan, a la espera de que el próximo gobierno les brinde soluciones para subsistir/Fotos: Francisco Tapia

Ni un alma se para en los negocios aledaños al Santuario, esto por las obras que se realizan en la zona. “A veces no sacamos ni para comer”, lamentan, a la espera de que el próximo gobierno les brinde soluciones para subsistir/Fotos: Francisco Tapia

Casi desértica y en franca decadencia luce la zona comercial del barrio de El Santuario en Guadalajara, otro de los lugares afectados por la construcción de la línea 3 del tren ligero.

En pleno centro de la ciudad capital, lo que antes fue un foco de comercio sumamente importante, hoy se ve devastado y es muy peligroso.

María de Jesús Guerrero, una mujer de la tercera edad que vende buñuelos en el jardín aseguró que de los 40 años que tiene vendiendo en este sito, nunca le había ido tan mal.

“Vamos de peor en peor, antes sí se vendía y ahora ya no, no se vende nada, no hay ni dinero, ni clientes ni nada. Ahorita vendemos dos o tres, por lo mismo yo creo, porque no hay ni para estar gastando”, dijo.

Y agregó: “De antemano, está muy malo, ahorita ya nomás somos como tres o cuatro los que vendemos porque la obra nos ha hecho muy mal, hay mucho cochinero aquí, no se puede ni vender, nosotros nomás estamos, la muchachita de las cañas y yo. Yo vengo de 9 a 3 de la tarde. Ya en la tarde no hay venta, la verdad”, agregó.

–¿Cuánto vende?

–Pues la verdad que a veces no se vende ni uno, a veces se vende unos 200 pesos y esos son los días que se vende mucho. Ahora viene otra administración y a ver cómo nos va. Ahorita no nos están cobrando y es por lo mismo, pero pues no es tanta la ayuda porque son 25 pesos diarios, no es mucho, falta más ayuda. La verdad es que está todo muy caro, todo lo que necesitamos nosotros para poder hacer los buñuelos y no los podemos dar más caros porque casi no le ganamos pero tampoco trae dinero la gente.

–¿No le han dado apoyo entonces?

–Nada, ni un cinco. No nos dieron ni una manguera para agarrar agua, tenemos que comprar garrafones, ni eso oiga. Yo ahorita estoy sola y no vendo, ya de a tiro si se ponen las demás, pues menos vamos a vender.

Por su parte, Octavio Chávez, vendedor de cocos, señaló: “Estamos esperando a ver si nos vamos o nos quedamos, a ver qué pasa cuando se acabe la obra, porque no sabemos si nos van a dejar o no”.

Dijo que las ventas han bajado hasta en 50 por ciento y ya con lo que se gana, escasamente se puede alimentar a la familia; por ello, envió un llamado a su alcalde electo, Ismael del toro.

“Que vengan al Santuario, que no se olviden de uno, porque lo que queremos es que se nos dé una ayuda, ahorita no nos han dado más ayudas que lo de la condonación de los permisos, pero nada más, y lo que queremos pues es que una vez que se acabe la obra que nos dejen seguir trabajando, eso es lo que le queremos decir al nuevo alcalde”, finalizó.