Ahora que Alfaro será gobernador, recrudece situación para disidentes

Antes de que el hoy mandatario electo pretendiera desterrar de GDL la tradición con vehículos eléctricos, se vislumbraba que podáin seguir circulando los carruajes tirados por equinos

Por Francisco Andalón López

“El asunto es que operen de forma correcta que se pueda modificar el tipo de carros que arrastran que no sean tan pesados, que hayan condiciones de evaluación permanente de los animales”, explicó hace casi dos años el entonces alcalde tapatío Enrique Alfaro sobre las calandrias/Foto: Francisco Andalón López

“El asunto es que operen de forma correcta que se pueda modificar el tipo de carros que arrastran que no sean tan pesados, que hayan condiciones de evaluación permanente de los animales”, explicó hace casi dos años el entonces alcalde tapatío Enrique Alfaro sobre las calandrias/Foto: Francisco Andalón López

La pelea contra las calandrias jaladas por caballos no siempre implicó la migración a calandrias eléctricas y el 1 de agosto de 2016, el entonces presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez, se pronunció por un cuidado adecuado de los equinos para que estos trabajaran sin ningún problema.

Luego de realizarse un operativo para revisar los caballos de las calandrias, el ahora gobernador electo, indicó en su momento que las calandrias continuarían brindando su servicio en Guadalajara, siempre y cuando se garantizara que los caballos utilizados aprueben un exhaustivo examen de salud realizado por el municipio.

“Por lo pronto a quienes cumplan con estos requisitos que estamos  mencionando podrán tener autorización para renovar el servicio, sabemos que es un trabajo del cual viven muchas familias en el centro  de la ciudad y no queremos afectarlos pero queremos que se haga de la forma correcta este trabajo”, señaló en aquella ocasión el presidente municipal.

Como parte de los cambios que se esperaban, se indicó que el ayuntamiento modificaría el Reglamento Sanitario  de Control y Protección a los Animales, en el cual solicitaría a los calandrieros que al término de su jornada laboral, los animales fueran trasladados en remolques a sus caballerizas, además  que los carruajes sean más eficientes, seguros y ligeros, debido a que actualmente pesan entre 500 y 600 kilos sin gente arriba.

“El asunto me parece es que operen de forma correcta que se pueda modificar el tipo de carros que arrastran que no sean tan pesados, que hayan condiciones de evaluación permanente de los animales”, explicó el entonces alcalde.

En el caso del resguardo, se habló de la posibilidad de llevarlos al Parque González Gallo, que se encuentra cerca del centro de la ciudad, para que no tuvieran que caminar largas distancias como todavía ocurre, puesto que algunos son llevados hasta Tonalá para que descansen durante un día y luego regresen de nuevo al trabajo.

Al cumplir con estas especificaciones se otorgaría un permiso de operación que será retirado al momento que no se cumpla con alguno de los requisitos.

Aunque posteriormente se tomó la decisión de retirar los caballos de las calandrias y migrar a calandrias eléctricas. Para ello, los calandrieros obtendrían en concesión los carruajes y como condición tendrían que quedarse con los caballos y alimentarlos y cuidarlos adecuadamente y en caso de que se deshicieran de ellos, tiene que ser en donación.