Aunque tuvo formato más ágil, recogen especialistas

Los candidatos a la presidencia de México no mostraron propuestas sólidas

Aunque el tercer deba­te presidencial contó con un formato más ágil, que marca un antes y un después en la historia de estos ejercicios, no modificará sustancialmen­te las preferencias electora­les rumbo a los comicios del próximo 1 de julio, señalaron especialistas en marketing político y ciencia política de la Universidad de Guadalaja­ra (UdeG).

“¿Cuánta gente vio el de­bate? Se habla de entre 8 y 10 millones de ciudadanos. Y es­tamos hablando de cerca de 90 millones de electores. ¿Quié­nes vimos el debate? ¡Los que estamos metidos en esto! Los que ya tenemos filias y fobias. Mucha gente que está fuera del círculo rojo poco interés le pone; entonces, la mayoría de la gente no estuvo obser­vándolo. No es determinan­te. Refuerza preferencias ya existentes en la mente y los corazones de los electores, de tal forma que cada quien ve lo que quiere ver. Se juz­ga a partir de filias y fobias”, reflexionó el investigador del Centro Universitario de Cien­cias Económico Administra­tivas (CUCEA), especialista en marketing político, doctor Andrés Valdez Zepeda.

Agregó que se ha estudia­do científicamente el impacto que tienen los debates en la conducta y comportamiento de los electores, y al menos puede haber cuatro efectos: cambio en la preferencia; movilización (no pensaban ir a votar y gracias a eso acu­dirán); desmovilización (se desilusionan y prefieren no presentarse a las urnas), y re­forzamiento de preferencia, el cual es el más común.

“El elector verá el debate a partir de sus filias y fobias partidistas. El pro Anaya verá que ganó Anaya o si es lope­zobradorista, su ganador habrá sido Andrés Manuel. Más que ganadores o perdedores, lo que tenemos que ver es quién comunicó mejor, tanto en lo verbal o corporal, y quién tie­ne mayor credibilidad, porque los debates no sólo son ejer­cicios de oratoria. Anaya fue quien comunicó mejor, pero el que genera mayor confian­za social es López Obrador”, consideró Valdez Zepeda.

El investigador del CUC­SH, Jaime Preciado Coro­nado, consideró que los can­didatos a la Presidencia de la República no presentaron propuestas sólidas en materia ambiental o de salud, y tam­poco se habló de los desafíos de la creación de empleos ante el incremento de la tec­nología. En cuanto a combate a la desigualdad, incluso hubo muchas similitudes.

En lo que sí hubo diferen­cia, fue en los enfoques sobre lo que debe ocurrir con la re­forma educativa, añadió Pre­ciado Coronado, pues López Obrador fue el más radical al poner en la mesa la necesidad de cambiar el sentido punitivo y laboral de la reforma.

Valdez Zepeda apuntó que el ganador del debate no nece­sariamente gana la elección, y recordó que en muchos ejer­cicios de democracias moder­nas en el mundo, muchos can­didatos han ganado debates, pero no la elección.

Ambos coincidieron en que el formato fue más atractivo, y que lo que algunos llaman “ataques entre candidatos” es inevitable y debe darse en las contiendas electorales, pues el contraste de perfiles es otro elemento más para la toma de decisiones.

Preciado Coronado coin­cidió en que el formato fue mejor que los tradicionales ejercicios acartonados que se realizaban en anteriores pro­cesos electorales, y destacó el desempeño de los moderado­res Gabriela Warkentin, Car­los Puig y Leonardo Curzio.

“Fue un buen cierre de los debates organizados por el INE, un formato muy ágil, los conductores con un papel espléndido, con información bien documentada que utili­zaron de forma responsable y profesional, no fueron com­placientes, y no se quedaron en una entrevista grupal, sino que propiciaron un debate so­bre los temas. Hay que des­tacar el esfuerzo del ITESO y de la Universidad Veracru­zana, cuyo trabajo reflejó la heterogeneidad de las voces en los procesos electorales y se tradujo en preguntas muy concretas”, concluyó Precia­do Coronado.