Además de malos tratos a la hora del parto…
Suelen ser atendidas por practicantes, quienes ante síntomas leves mandan a las mujeres a realizarse estudios o a ver especialistas sin razón; encima de esto, ni siquiera hay tóner o papel en las impresoras de los consultorios para escribir lo que se manda hacer
Por Francisco Andalón López

Malos diagnósticos en el Seguro Social sólo preocupan a las mujeres, generando que muchas de ellas, ante las enormes deficiencias del sistema de salud público, prefieran acudir al sector privado, pues si el bebé nace bajo de peso –que no prematuro– es llevado desde el primer momento con los padres, y no a una incubadora a que “crezca”/Foto: Cortesía
Malos tratos de trabajadores, escasez de medicamentos para enfermedades crónico-degenerativas, citas con especialistas que tardan más de seis meses en poder obtenerse, son apenas algunas de las deficiencias que se presentan en clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y que se replican en los hospitales regionales y que van más allá, poniendo en riesgo a los pacientes.
Estefani es una paciente que estaba embarazada. Desde un inicio, ella decidió que no daría a luz en las instalaciones del IMSS, por todo lo que algunas mujeres que se aliviaron en la institución narran como malas prácticas, tal es el caso de burlas ante las contracciones que van teniendo, el que están solas sin el apoyo de nadie y que pese al esfuerzo y el riesgo de desgarre vaginal que puedan presentar, casi el 100 por ciento son partos naturales, cuando algunos deberían ser cesáreas.
Pero para obtener la incapacidad por maternidad, tuvo que acudir a con su médico familiar para el seguimiento. Primero fue a la clínica 78, en donde durante todo este tiempo le practicaron apenas dos ecografías, pero en ninguna de ellas le dieron el resultado impreso, una vez porque no había tóner para la impresora y la segunda porque no había papel.
Durante las revisiones había médicos practicantes que se les hacían y en una ocasión, su presión era de 120-80, por lo que consideró que era elevada para una embarazada y el joven inexperto optó por mandarla al Hospital Regional 110 con un ginecólogo. Al acudir a la cita, el especialista la revisó y resultó que no tenía presión elevada, por lo que regresó a su clínica familiar a seguir con las revisiones.
Faltando mes y medio para que diera a luz, acudió de nuevo a cita y otro residente también le tomó la presión: 130-85, así que de nuevo, consideró que se trataba de presión alta y habría que mandarla de nuevo al Hospital Regional 110.
“Cuando me revisa de nuevo el especialista me dice que no debieron de haberme mandado con él; cuando una embarazada presenta presión elevada ese no es el protocolo que se sigue, sino que te tienen que mandar a urgencias porque está en riesgo el bebé y no esperar como una semana a que te den cita con el ginecólogo”, señaló esta mujer.
Para el parto, le dijeron que la fecha aproximada sería el 7 de abril, por lo que el 21 de marzo acudió de nuevo al Hospital Regional 110, puesto que tenía que hacerse una ecografía y luego llevarle el resultado al médico.
No hubo una hoja impresa del eco, no hubo una hoja escrita en computadora, lo que hubo fue que en la misma orden de la ecografía, en la parte posterior, con palabras inentendibles para la mayoría escribiera los resultados y estos no eran nada alentadores.
“Me dijeron que mi bebé no estaba ganando peso, que debería pesar cuando menos dos kilos y medio y apenas pesaba dos kilos 300 gramos, por lo que ya me querían internar de urgencia para provocarme el parto y que mi bebé quedara en una incubadora”.
Antes de caer en pánico, acudió con el ginecólogo privado que también la estaba tratando, revisó todo su expediente y las ecografías realizadas mes con mes y se dieron cuenta que el bebé sí había dejado de crecer, pero no era algo que preocupara, puesto que todavía faltaban tres semanas para el nacimiento y en esos últimos días es cuando más peso ganan los bebés.
“Pero yo me preocupé de más, lo que provocó que un día después (el 22 de marzo) se me rompiera la fuente y que tuvieran que inducir el parto”, algo que ocurrió en una clínica particular, en donde estuvo acompañada en todo momento por su esposo y su mamá, algo que no hubiera podido hacer si hubiera estado en una clínica del IMSS.
Al nacer, su bebé pesó un kilo 810 gramos, por lo que estuvo en la raya entre lo prematuro y lo bajo de peso, pero el pediatra que estuvo presente en el parto le indicó que estaba en perfectas condiciones, por lo que sólo sería cuestión de tiempo que se recupera, tras consumir fórmula y principalmente leche materna.
“Si hubiera estado en el seguro, mi bebé no hubiera estado desde un primer momento conmigo, sino que lo hubieran puesto en una incubadora… pero lo más grave es que mi parto se adelantó por un diagnóstico que no fue el adecuado, porque sólo se basaron en letras y no en la imágenes que debieron de haber entregado los especialistas para sustentar su diagnóstico”, lamentó esta mujer.
