Por Moisés Navarro

El Ixtépete consta de tres monumentos y el área protegida es de unas seis hectáreas. De los trabajos realizados se rescataron algunos utensilios de cerámica. Hacia la parte trasera de las ruinas se encuentra un arroyo de temporal delimitado por un canal de piedras/Foto: Cortesía

El Ixtépete consta de tres monumentos y el área protegida es de unas seis hectáreas. De los trabajos realizados se rescataron algunos utensilios de cerámica. Hacia la parte trasera de las ruinas se encuentra un arroyo de temporal delimitado por un canal de piedras/Foto: Cortesía

Un tipo se interna entre la hierba que mide más de un metro de alto para poder orinar sin que nadie lo vea. Y no es que ande de vouyerista, sucede que estoy en lo más alto de la estructura mayor de las ruinas del Ixtépete. Desde ahí se ve todo el panorama de este sitio abandonado. No sólo eso, también se ve un atardecer como pocas veces se tiene la oportunidad de verlo en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

El lugar está ubicado sobre Prolongación Mariano Otero, a unos cien metros del Anillo Periférico.  Está cercada por barrotes verdes y la entrada tiene una construcción que siempre se mantiene cerrada. Es blanca y está forrada de una especie de azulejo. Sobre el estacionamiento colocan coches para su venta y está un puesto que vende camarones y mariscos.

Al pasar por avenida Mariano Otero el lugar no parece ser nada. Lo inundó la hierba. Las ruinas no se notan. Cuándo más acude la gente es en el equinoccio de primavera. Se les puede ver vestidos de blanco para tomar energías.

Enfrente está un lugar de donde se extrae arena de río y otros materiales. A un costado de ahí están unas canchas de futbol rápido. Del otro lado (hacia a venida Périferico) está el Kahoz, un sitio que fue un famoso table dance y ahora sufre del mismo abandono que sus vecinos de enfrente.

Cuenta Luis Gómez Gastélum (investigador de la Universidad de Guadalajara) que “este sitio fue descubierto en 1938 por un grupo de tranviarios que, a partir de las indicaciones de un espiritista,  buscaban el oro que se encontraba en unos cerritos. Al no encontrar el caudal prometido notificaron a [Guadalupe] Zuno, y por medio de éste a Ixca Farías, a la sazón director del Museo del Estado. A partir de ese episodio se notificó al INAH de la existencia del yacimiento, y no fue sino hasta finales de 1954 cuando se hicieron en éste las primeras exploraciones”.

A partir de entonces se comienzan con los trabajos de rescate de dichas ruinas. Consta de tres monumentos y el área protegida es de unas seis hectáreas. De los trabajos realizados se rescataron algunos utensilios de cerámica. Hacia la parte trasera de las ruinas se encuentra un arroyo de temporal delimitado por un canal de piedras. Detrás de este una fábrica y algunas casas que delimitan el área.

Hay teorías que sostienen que fue un grupo náhuatl quienes vivieron ahí. Esto se sostiene  por ciertas similitudes que las pirámides guardan con las de Teotihuacán, pero no es una teoría muy respaldada. Tampoco hay muchos estudios sobre la zona, ni sobre los asentamientos de grupos indígenas que habitaron el Valle de Atemajac.

Al entrar al lugar el primer instinto de las personas es subir a una colina que en realidad es una de las estructuras del Ixtépete. Si se sigue ese camino para ir a la estructura mayor uno se encuentra con un mar de hierba. Se tiene que seguir un camino que está del lado derecho de la entrada ―camino muy poco visible― para evitar la maleza. Por el camino está una casa y baño que uno supone son para el velador. También están unos guayabos, unos mezquites y un fresno que cayó pero las raíces lo siguen manteniendo con vida.

Por el lugar está un grupo de estudiantes que hablan sobre cosas misteriosas y remedios naturales. Personajes extraños entran cuando está a punto de caer la noche. Algunos con cerveza, otros con mariguana. Parece que esta noche será noche de fiesta. Ninguno de los desgraciados me invita.

Sobre el pie de la estructura mayor está una placa informativa ―rota y grafiteada― del INAH. Informa sobre la  estructura 1 (la 2 y la 3 o no tienen o fue absorbida por la maleza) La placa describe la forma de la pirámide, nos dice que la base mide 44 por 36 metros. Su altura es de seis metros. Así mismo nos da cuenta de algunos de los materiales con que fue construida: bloques de adobe, arena de río y roca tipo basáltica. También da información acerca de la fecha de construcción: 650 dC, en el período epiclásico.

A las puertas de la pirámide, dos niños colocan piedras de la misma estructura como porterías y juegan futbol. No están desacralizando nada. Al contrario: están honrando, de alguna manera u otra, el ancestral juego de pelota. Creo que son los únicos que recuerdan a los viejos habitantes del Ixtépete.