Por Moisés Navarro

Antes de la Revolución mexicana, el Parque Morelos –custodiado por la estatua de Morelos a caballo– se conectaba con el Parque Agua Azul, en una época en que el río San Juan de Dios aún no era entubado, ni la Calzada Independencia existía/Foto: Cortesía
Un viejo señor vestido como guardia de seguridad se detiene ante la estatua de Morelos… No lee la explicación de la placa, tampoco observa los de talles del monumento. Hace otra cosa, algo que pone celoso e inseguro al mismísimo Jesucristo: se persigna ante el caudillo del sur. Además se detiene y dialoga con el Generalísimo. No es una conversación cualquiera, hay pasión y devoción por parte del guardia. Se persigna de nuevo y camina unos pasos. En eso, un aroma a mota invade la Calzada independencia. Pero él no se resigna a despedirse, continúa hablándole a Morelos. Se aleja poco a poco, sin querer desprenderse, se persigna otra y otra vez, hasta que al final se aleja.
La estatua fue colocada en el parque en 1967. Fue realizada por el escultor Miguel Miramontes y la placa da una breve semblanza a cerca del general. Por el pasillo que lleva al corazón del parque, una hilera de muros con bustos independentistas identificados con Morelos intenta resguardar al parque. No parecen hacer un buen trabajo: las prostitutas que se colocan en sitios estratégicos a esperar a su cliente, los padrotes las vigilan y no parecen realizar otra actividad más que echar la hueva. Enfrente, los coyotes que merodean el Monte de Piedad abordan a cualquier persona que cruza. Los trabajadores se acuestan en los jardines, la pista para patinetas está inutilizada, así mismo sus gimnasios y los otros juegos para niños que colocaron ahí.
Alrededor del parque, más de 70 puestos se colocaron este año en esa especie de tianguis especializado para Día de Muertos. Se venden los productos clásicos: papel picado, calaveritas de azúcar y chocolate, juguetes típicos, altares prefabricados para las primarias, flores de cempasúchil, dulces tradicionales, incienso, pozole, tostadas de pata y cueritos, elotes asados, calaveras realizando distintas actividades y profesiones, máscaras, disfraces, máscaras de luchadores, máscaras para Halloween, gorditas, pan de muertos, pizzas, guzgueras, churritos, papitas. En la parte posterior están los juegos mecánicos, tan descuidados como el mismo parque. Oxidados, con cables sueltos; algunos cochecitos apenas avanzan.
Me platicaron algunos familiares que los puestos han ido disminuyendo con el paso de los años, que en algunos tiempos, daban toda la vuelta al parque, y éste se abarrotaba de gente y no cabías por los pasillos. Ahora el lugar palidece.
Entre los alrededores del parque algunas fincas han sido destruidas. Se pretendía rescatar la zona para colocar ahí la Villas Panamericana que –al ser reubicada– terminó dañando ecológicamente la zona del Bajío. Ahora la maquinaria sigue presente, pero el proyecto intenta ser otra cosa. La Ciudad Creativa Digital.
Me platicaba el periodista y escritor David Izázaga que su abuelita se refería a aquel parque como el bosque. No es algo extraño, pues mucho tiempo fue conocido como El bosque de Bolonia. El parque era también, el inicio de lo que se conoció como Paseo Alameda. Cuenta Villaseñor y Villaseñor:
“El puente conocido como del Boliche o el Chocolate unía la banda poniente de la ciudad, a partir de la zona conocida como Paseo de la Alameda con la banda oriental a partir, precisamente de la calle del Chocolate, que es ahora conocida como Federación. El puente se levantó en esa zona, porque ahí precisamente el río iniciaba su bifurcación en dos brazos para comprender a manera de isla, lo que se conoció como Alameda”.
Este puente al que hace referencia Villaseñor y Villaseñor era necesario, pues ahí donde corre la Calzada Independencia paseaba el río San Juan de Dios que desembocaba hasta al ahora Parque Agua Azul. El responsable de configurar este paseo fue el intendente Abascal y Sousa. Así permaneció el paseo hasta la época porfirista. El objetivo era transformar aquel lugar en un lugar estilo Paseo de la Reforma; fue entonces que se decidió entubar el río. El paseo Alameda se convirtió en Paseo Don Porfirio. No duró mucho ese nombre pues, ya se sabe, al poco tiempo, estalló el movimiento armado. Con la llegada de Guadalupe Zuno a la gubernatura el nombre se modificó por el de Calzada Independencia. En 1938, el entonces gobernador Sebastián Allende la manda a pavimentar y a colocar el camellón que tiene ahora y con esto terminaba la historia de aquel paseo. El Parque Alameda quedó reducido a lo que conocemos ahora y la conexión que mantuvo con el Parque Agua Azul quedó extinta.
Los intentos para el rescate del parque han sido infructuosos. Más aún, la zona va quedando en completo abandono. El supermercado que estaba enfrente cerró sus puertas y no recibió ninguna petición en Change.org para que se convirtiera en parque y uniera el oriente con el poniente como alguna vez lo estuvo gracias al puente del Chocolate.
Todavía quedan las neverías, la escuela primaria y la Cruz Roja que contrarrestan el desprestigio de la zona. Además, parecen hacer un mejor trabajo de vigilancia que el mismo Generalísimo, a quien, por cierto, le voy a echar una persignada. A ver si él sí me hace un milagrito. Nunca está de más.
