De lo religioso a lo herético
Convirtiendo la escritura en un vehículo de ideas y emociones, el poeta se acerca a concepciones religiosas que hacen al otro comulgar en el texto
Por José Antonio Neri Tello*

Luis Armenta Malpica es una de las voces más fuertes de la poesía en Jalisco, lugar que se ha ganado a punta de publicaciones/Foto: Cortesía
El pasado 12 de agosto, Luis Armenta Malpica recibió junto con Efrén Rodríguez un homenaje en Colima, de parte del colectivo Alumbrado público, liderado por los poetas Jóvenes Lizeth Sevilla, Oscar Robles y Georgina Lagenan, esto durante el séptimo Encuentro Trasvolcánico. Este homenaje ilustra como Luis Armenta Malpica ha influido en una gran parte de los poetas jóvenes en la república, con quien se han acercado para encontrar cobijo, ya sea por su experiencia como editor, como tallerista o por sus propias palabras donde expresa el dominio que tiene en los temas poéticos.
Luis Armenta es autor de los libros Cantarás, Sangrial, Desacendencias, Envés del Agua, El agua recobrada, entre otros. Entre los premios que ha obtenido se encuentran El Premio Nacional Ramón López Velarde, Efraín Huerta, Amado Nervo y José Emilio Pacheco. En el 2015, la editorial Salto Mortal reeditó el libro La voluntad de la luz para conmemorar los veinte años de la primera edición, con el cual ganó el premio Clemencia Isaura en el 1995.
Neri Tello: Quizá no se pueda definir lo qué es poesía, pero ¿cómo se puede definir un poema?
Luis Armenta Malpica: Yo lo veo como un vehículo, el recipiente donde uno intenta expresarse, poner el lenguaje, que es la parte básica de la poesía y de la literatura, y en el caso de lo que yo trabajo, de lo que considero de lo que debe estar en un poema es el equilibrio entre las emociones, las sensaciones y las ideas. Hay una serie de recursos, de herramientas que servirán para la afinación de estos elementos. El conjunto de estos tres elementos son los que pueden dar salida a un texto que podemos llamar poema.
NT: ¿Cómo se traspola el lenguaje, las palabras cotidianas a este lenguaje?
LAM: Yo no diría palabras cotidianas, sino lenguaje, tal cual, no siempre son las palabras cotidianas las que aparecen, hay mucho referente literario o metaliterario, científico también, cultismo, lenguaje anterior, en otros idiomas, neologismos… y todo esto, aunque no es lenguaje, no es de todos los días, y aquí hay una diferenciación que es lo que interviene en un poema. El poema no es un decir, no es una expresión común, hay proceso, hay un aparato crítico detrás, una abstracción de las ideas, una profundización en el significado de las palabras y se va a volcar en otro lenguaje, que es el lenguaje poético, que es el lenguaje que aparecerá en un poema, y que definitivamente no es el lenguaje de todos los días, incluso el lenguaje coloquial es para expresarnos sin reglas, sin aspiraciones, sin experiencias estéticas, lo que estamos haciendo tu y yo es lenguaje comunicativo, meramente denotativo, no va más allá, no tiene otro fines, como si lo tendría el lenguaje que volcamos en un poema. Allí hay una diferenciación importante.
NT: ¿Cómo podemos definir el lenguaje poético?
LAM: Es el que tiene una función literaria, por lo tanto artística, que vaya más allá de lo que signifique en una primera lectura, en la superficie. Toda palabra tiene diferentes capas, entre más apelemos mayores alcance va a tener, es como una formulación química; se relacionará con otras palabras y tendrá una tercera o cuarta función; será conjuntos de significados ya no por sí solos, entonces tendremos metáforas, recursos retóricos que van a funcionar de manera distinta al objetivo básico de una palabra que sería definir o describir algún aspecto.
NT: Dentro del lenguaje, ¿qué función tendría la metáfora?
LAM: Tendríamos que ver qué tipo de metáfora, porque hay simples, emocionales, compuestas, de traslación, de relación… todos son referentes retóricos para trabajar en un texto, ya sea poesía o narrativa pero siempre en un texto, porque son funciones retóricas que pertenecen a la literatura y al lenguaje. Yo utilizo la metáfora porque me da una experiencia mayor, de mayor alcance, que solo un sustantivo con un adjetivo. Si utilizo una abstracción, un forzamiento del significado de una palabra, busco una complicidad con el lector o con el receptor de la metáfora, para que no toda la parte creativa esté en mí, sino que tiene que resolverla alguien más; es el tercer incluido que le llaman en la metáfora compuesta o en la poética del silencio. Yo pongo a trabajar los elementos, el tercer elemento, la suma de estos elementos, la relación de estos elementos o la oposición de estos elementos va a pertenecer al lector. Si tengo tres elementos, o cuatro elementos que están trabajando juntos, o una metáfora con otro elemento, o dos metáforas trabajando al mismo tiempo, o una metáfora compuesta; los referentes que vaya a tener el lector serán mayores. El contacto y la responsabilidad de entender, comprender o sentir el texto serán mayores, lo único más difícil es que serán más complejos, pero más inmediatos y más honestos en el lector-receptor, que en el poeta.
NT: En tus poemas hay un referente religioso, en los que se muestra una cuestión de espiritualidad y de ser, en ese sentido ¿qué función tiene el otro en la poesía?
LAM: El otro es importante, aunque no sea uno religioso, porque si es un medio de expresión la literatura, y la poesía está dentro de la literatura, aunque a veces la pongan en un nivel superior que creo que están al mismo nivel de la narrativa, la crónica o cualquier ejercicio literario, si vamos a depender de alguien más para que nos lea, para expresarnos con alguien más; sino no haríamos poemas, nos los guardaríamos, tendríamos una idea, haríamos un poema y seríamos nuestro propio lector y hasta allí. La cuestión de la publicación, de hacer público un texto aunque sea decirlo y no imprimirlo significa que queremos que alguien más lo conozca. Pasa lo mismo en una cuestión religiosa: “Donde dos o más están en mi nombre ahí estaré yo” es una de las premisas religiosas, que se supone que Dios dice. Esta conformación de la iglesia, esta comunión; es lo que yo busco con el lector, con el otro, con el espectador, porque quiero insistir con esta forma de expresión, el vínculo, el puente ya lo hice al trasladar, al sacar las ideas a un vehículo, a un ser que es el poema, luego dándole de pasar por allí, se tiene que terminar este círculo, esta comunicación muy básica que la propicia la información, el medio y el receptor final. Y sino no se cumple el proyecto, hay que tener a otro para que se cumpla el proyecto. No se trata de convencer por eso el elemento religioso me gusta como parte del rito de la poesía, un elemento más de la arquitectura del poema, pero hemos tenido en casa discusiones unos amigos Gustavo Iñiguez y Elías Carlo, que Gustavo me menciona como un poeta religioso y Elías Carlo que dice que soy un poeta herético porque tomos los elementos religiosos pero no los respeto, sino que los estoy contraviniendo todo el tiempo; a mí no me preocupa si soy o no soy católico o herético, soy un poeta que toma elementos religiosos, me considero bastante espiritual, y esto es ahondar en otras lindes, hasta dónde es espiritual si uno no va a misa, tengo mucho conflicto con la parte administrativa de la iglesia, pero no tengo conflictos con Dios, aquí hay un parámetro distinto para medir las cosas, pero si me gusta que intervengan y a veces es propiciado por mí y otras veces se me imponen; tengo una formación católica bastante fuerte, en mi familia casi todos asisten a misa, y a mí el rito me parece importante, me gustan los ritos, soy muy obsesivo, me gusta en las cuestiones sociales como en las cuestiones prácticas, así que un rito mas no me viene nada mal, de hecho me deja ser, me deja expresarme y lo sigo continuando.
NT: Pasando a la poesía en Jalisco, ¿qué podríamos señalar que tengan en común los poetas en Jalisco?
LAM: Lo que tienen en común es que escriben acá, hay muchísimas vertientes y eso es muy sano, si revisamos nombres de los que están vivos para no irnos muy atrás, hay escritores muy clásicos o convencionales como Jorge Souza, autores muy profundos, filosóficos y abstractos como Artemio González García, que ha sido poco leído, autores que tienen línea muy religiosa como lo es Miguel García Ascencio de Arandas, poetas que se han quedado en la línea confesional o biográfica de la poesía femenina como lo es Patricia Medina, autoras muy juguetonas muy lúdicas, de una formulación muy práctica, inmediata, muy agradable como lo es Carmen Villoro, tenemos autores que son un referente y se han mantenido en una línea muy discreta como lo es Raúl Bañuelos, autores que se han convertido en clásicos modernos como lo es Ricardo Castillo que se ha ido actualizado, que ha hecho un registro más amplio de su trabajo de voz, autores de esta línea más exquisita o más cuidadosa como lo es Jorge Esquinca que se ha vuelto más arriesgado, que me parece una línea muy propositiva para que un autor no se repita o se quede en una línea de confort, autores más jóvenes como Ernesto Lumbreras o Luis Vicente de Aguinaga; Ernesto que empezó como un poeta convencional y se ha ido haciendo un poeta más arriesgado, y Luis Vicente de Aguinaga que empezó como un poeta arriesgado y luego se ha hecho un poeta convencional, siempre con riesgos en la torcedura del lenguaje y en el rompimiento de la sintaxis pero no en el discurso. Me parece uno de los autores sólido precisamente por eso, no pretende ser experimental y es más experimental de los que van por la vida diciendo que son experimentales, están también poetas experimentales, Daniel Bencomo me parece un poeta interesante, hay voces femeninas muy poderosas como las de Abril Medina o Ingrid Valencia, que son jóvenes, tenemos dos casos que me gusta contrastar porque se escapan de lo que se está haciéndose en general, el primero es Fernando Carrera que sigue esa línea cercana a la poesía de Octavio Paz y que no es emocional, y el segundo caso es el de Gustavo Iñiguez que se acerca a esa línea espiritual y religiosa en la que hay una parte carnal, de cuerpo y sangre, otros casos como Luis Eduardo García, que sigue en una experimentación similar a la de Bencomo, con una figura tutelar como la de Ángel Ortuño que ha dado en cierto grupo una predominancia de la poesía del humor, que es muy vieja y no tan actual, el desenfado en la poesía, que es lo se ha extendido en las voces más jóvenes como Xitlalli Rodríguez, en la línea marginal hay autores que han terminado de cuajar pero que están allí como Carlos Vallín, Fanny Enrigue. Hay otros autores interesantes como Gerardo Villanueva o Ivan Soto Camba. El panorama es basto y no podría unificarlo salvo porque están en Jalisco y están trabajando a veces de una manera contrastada, pero en común. Puedes ir a una lectura y estar escuchando dos o tres voces distintas, y allí está la riqueza de que se esté trabajando de una manera diferente, en el Estado y en nuestra Ciudad.¿
*Colaborador especial
