Lejos de su familia para llevar el pan a la mesa
Ni con dos trabajos tienen las familias para subsistir; también tiene que trabajar la mamá y en muchos casos poner un negocio donde se saque un extra, lamentaron ciudadanos entrevistados
Por Elizabeth Ríos Chavaría
Con empleos poco remunerados y sin garantías ni protecciones sociales, los tapatíos de hoy en día tienen que esforzarse aún más para poder sobrellevar los gastos de sus hogares y familias; aunque para muchos el estilo de vida “normal” es tener más de dos empleos, la pobreza moderada en la que viven los llena de obligaciones que los alejan por más tiempo de sus familias.
En censo realizado por Pagina 24, tapatíos platicaron las múltiples precariedades a las que se enfrentan día con día, para poder llevar un sustento razonable a sus hogares. Pese a que muchos se han acostumbrado a trabajar al menos en dos empleos distintos, éstos refirieron la pobreza en general que viven cientos de ciudadanos en Guadalajara.
“La verdad yo no me puedo quejar, sí batallo mucho porque el tiempo no alcanza para hacer lo que uno quiere pero pues no hay de otra. Mis días se van en el taller mecánico, mientras que las tardes de mis fines de semana mi esposa y yo atendemos el puesto de comida que tenemos”, expresó Luis Eduardo Vélez.
Aunque muchos, cuando se les pregunta el status económico al que creen pertenecer dicen desenvolverse al “medio” o “medio bajo”, lo cierto es que la gran mayoría no cuentan con casa propia, automóvil ni un empleo tan fijo. Aspecto que ha incrementado ahora en mayor medida, por la carencia de empleos que ofrezcan seguridades sociales, que permitan crear antigüedad y demás beneficios inmobiliarios.
Y es que sin ir tan lejos, los datos emitidos por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (Coneval) en 2015, mostraban cómo Guadalajara se posicionaba en el lugar número 11 de los municipios con el mayor número de habitantes sin dinero suficiente para solventar todas y cada una de sus necesidades primarias; ello sin contar cómo en ese entonces el estado tenía registrado que 54 por ciento de los habitantes no tenían acceso a la seguridad social.
“A menos que uno trabaje en alguna de esas empresas grandes de autoservicio, en donde los sueldos son pocos y el tiempo invertido es mucho, se podría medio tener acceso a lo que muchos jóvenes hoy en día ya no tienen. Todos en mi casa, mi dos hijos, mi esposo y yo, trabajamos para aportar, y aunque la situación a veces es difícil, tenemos suerte porque tenemos casa propia, una que mi esposo aún continúa pagando”, agregó María Eugenia González.
Al no haber una economía tan incluyente en el estado ni en la ciudad, no existir en gran medida los derechos sociales para miles de personas que hoy en día buscan trabajo, y sin políticas públicas que abonen al respecto, la pobreza impera en la ciudadanos que a duras penas subsisten, al buscar y desenvolverse –además de sus empleos regulares– en otras alternativas laborales para tener lo suficiente para el hogar y sus familias.
