El negocio de la ecología es lo de hoy. Los impuestos “verdes” nos aplastarán en breve, pues queremos imitar de los europeos todo aquello que deje dinero o “embellezca” la ciudad, pero no las normas para regular a la sociedad y a la clase política.
Desde las ideologías pro bicicleta, promovidas en algunos casos por los propios políticos –quienes, por cierto, no usan la bicicleta o se suben hipócritamente a ella– hemos acostumbrado a las autoridades a no resolver los problemas de la ciudadanía, pues son los propios ciudadanos quienes los resuelven.
“¿No hay transporte público eficiente?, no se preocupen, usen bici. ¿No hay buenas ciclovías ni infraestructura para el uso del vehículo no motorizado?, no se preocupen, hagan activismo y ustedes mismos créenlas”, parece ser la constante de nuestras autoridades estatales y municipales, pero no se quedan ahí.
Aprovechando el reciente apego de la sociedad por la ecología, derivado del miedo creciente por el calentamiento global y el cambio climático –sea lo que signifique lo segundo–, las autoridades han afilado el diente presentando a los ciudadanos nuevos impuestos que, ideologizados como están y queriendo ver a su ciudad como un París soleado sumido en la delincuencia, asentirán con la cabeza sin problemas.
La propuesta del Observatorio Ciudadano de Movilidad, presidido por el presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), Alberto Galarza Villaseñor, de generar un impuesto verde para vernos nice y a la altura de primer mundo, no es más que una medida recaudatoria que pretende afectar a los que menos tienen. Interpretando a Galarza, podría decirse que lo que quiere es que “los ricos, que tienen híbridos, pues no deben pagar, para eso gastan en buenos coches, pero esos sucios que contaminan, que no tienen dinero para un nuevo auto, pues debemos encajarles el colmillo, y que mejor anden en autobús”.
Mientras tanto, la Semadet sigue con su lucha a favor de los verificentros, mismos que ya fracasaron en la Megalópolis con sus constantes contingencias ambientales, y hace oídos sordos a los señalamientos de los talleres mecánicos. Lo implementarán porque sí.
La oleada verde llega con todo, pero a donde debería, ya que sabemos y se ha demostrado recientemente, empresas como Pemex no han cumplido con la norma en la limpieza y calidad de la gasolina que vende, siendo esto una de las principales causas de contaminación en el país, sin que tenga ningún castigo al respecto. Pero eso sí, la oleada verde llega de manera vertical al bolsillo de los ciudadanos, quienes deberán pagar por las ocurrencias de personas como Alberto Galarza, que tienen más de políticos que de ciudadanos, en su afán de volver europeo el tercer mundo, pero sólo en aquello que les reditúe beneficios, pues la corrupción en Jalisco va en ascenso.
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