Golpeados y mal alimentados, quienes caen ahí
Una mujer alzó la voz por su hijo, a quien le e quebraron una costilla y no podía ni sentarse, “no podía hablar casi, la espalda la tenía morada, casi me lo matan y la impotencia es que no pude hacer nada porque el dueño, es como alguien mezclado con gente peligrosa”
Por Rafael Hernández Guízar

En un centro de “rehabilitación” ubicado en la calle 36 entre Esteban Alatorre y la calle Industria, en Guadalajara, lejos de ayudar a los drogadictos, los vejan y golpean. Aquí no se sabe de terapias médicas o psicológicas/Foto: Cuartoscuro
Una madre de familia denunció los malos tratos y golpizas que recibió su hijo en un centro de rehabilitación de Guadalajara.
Se trata de un centro de “rehabilitación” ubicado en la calle 36 entre Esteban a La Torre y la calle Industria, de nombre Sendero a la Fe, donde internó a su hijo por problemas de adicción a las drogas sin embargo, lejos de ayudarlo, lo vejaban, amenazaban y para colmo, el tratamiento consistía en golpizas.
“Lo que pasa es que yo tengo un hijo que es drogadicto y entró en un centro de rehabilitación y mi otro hijo lo fue a visitar, uno de los internos le dijo que estaba golpeado y que estaba en una de las habitaciones, vino mi hijo y me dijo eso hablé por teléfono y me dijeron que tenía que pagarles para que mi hijo saliera, mi hijo trabajó un año sin sueldo, me querían cobrar lo de un año, cómo es posible. Les dije que no les iba a pagar nada y no me lo querían mostrar”.
Tras enterarse de que su hijo había sido golpeado, acudió a las autoridades pero le cerraron la puerta, no le ayudaron y por ello, tuvo que recurrir a una amistad que fue quien le ayudó a recuperar a su hijo.
“Tuve que acudir a un amigo que trabajaba en la fiscalía para que pudieran darme a mi hijo y sabe cómo me lo dieron, pues todo golpeado, le quebraron una costilla y no podía ni sentarse porque le patearon los testículos, no podía hablar casi, la espalda la tenía morada, casi me lo matan y la impotencia es que no pude hacer nada porque el dueño, resulta que es como alguien mezclado con gente peligrosa”.
No le daban de comer dignamente, además, no recibía terapias psicológicas ni psiquiátricas, en lugar de esto, había siempre una amenaza latente para que guardara silencio.
“Yo por eso no le tengo fe a los centros de rehabilitación, porque no dan los servicios que dicen, no tenían ni médico ni psicólogo, no había nada y cobraban por semana 700 pesos y le daban de comer muy mal”.
Ahora, todo quedó como un mal recuerdo, no quiere acudir a las autoridades pues tiene miedo de las represalias.
