En grupos reducidos y con medidas antiCOVID-19

A diferencia de años anteriores, este 2021 no hubo mariachis ni norteños o comida en las tumbas

Por Rafael Hernández Guízar

Fotografía relevante a la nota.

En cementerios como el ubicado en la zona de San Andrés, en Guadalajara, se pudo apreciar a decenas de personas que pasaban a visitar a las mamás que se adelantaron en el camino/ Foto: Francisco Tapia

Con mucho control y sin permitir sobre cupo, en el panteón de San Andrés, en Guadalajara se celebró el 10 de mayo.

Juan Antonio Mercado Serrano, el administrador del cementerio San Andrés, señaló en entrevista con Página 24 que han res­tringido un poco el acceso al público para evitar focos de infección por la pande­mia de COVID-19.

“Todo es con mucha tran­quilidad, la gente atendiendo las órdenes de las autorida­des, las recomendaciones, los protocolos se han estado siguiendo al pie de la letra y vamos a estar desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde. Nosotros empezamos con el operativo desde el vier­nes y terminamos hoy, pero ya tenemos tiempo abriendo al público con las medidas de sanidad correspondientes”.

Agregó que se controla el acceso al cementerio con la intención de que no per­manezcan mucho tiempo las personas en las instalaciones pues de esa manera, hay opor­tunidad de que salgan y entren nuevos visitantes.

“El aforo máximo es de cinco personas por familia, ahorita están entrando alrede­dor de 50 a 150 personas por hora, en este cementerio no llegamos al aforo máximo, está bien controlado”.

El panteón lucía muy si­lencioso en comparación con años anteriores. No hubo ma­riachis ni conjuntos norteños, no había tampoco comida ni bebida en las tumbas una tra­dición muy arraigada en los campos santos de la ciudad.

“Ahorita se restringió la música y la entrada de bebi­das y comida más que otra cosa es para evitar que haya mucha estancia de las perso­nas, estamos respetando los protocolos de seguridad que nos indicaron para que la gente pueda acudir a visitar a sus difuntos”.

Sin embargo, aprovechan­do el tiempo que les permi­tían estar en el cementerio, al­gunas personas aprovecharon para remozar las tumbas.

Algunas las pintaron, otros, cambiaron flores, ba­rrieron en los alrededores, re­zaron, y claro, platicaban con sus difuntos.