Encierro merma sus capacidades afectivas y cognitivas: Especialistas UdeG

Es conveniente para la sa­lud psicológica de los niños y niñas que regresen a clases después del confinamiento generado por la pandemia por COVID-19, pero las condi­ciones epidemiológicas, en un momento dado, no podrían cuestionarse, coincidieron in­vestigadoras de la Universi­dad de Guadalajara (UdeG).

La doctora Norma Alicia Ruvalcaba Romero, Jefa del Departamento de Psicología Aplicada, del Centro Univer­sitario de Ciencias de la Salud (CUCS), calificó como desea­ble que niños y niñas vuelvan a la escuela y recuperen lo que paulatinamente consideraban como perdido, como poder ver a otras personas fuera del núcleo familiar; y que recu­peren también la interacción directa con sus pares y com­pañeros, que muchos dejaron en pausa debido a las medidas de aislamiento.

Indicó que la decisión final estará a cargo de expertas y expertos que también tomen en cuenta otros aspectos como el epidemiológico, y no sólo el psicológico.

La doctora María de los Dolores Valadez Sierra, di­rectora del Instituto de Psi­cología y Educación Especial del CUCS, habló de la impor­tancia de que niñas y niños se relacionen con su grupo de pares, ya que así se establecen las primeras relaciones fuera del núcleo familiar; ahí se de­sarrollan habilidades sociales que implican interaccionar con otros, tener una sana con­vivencia y aprender a enfren­tar situaciones adversas con los compañeros.

Afectaciones de la pandemia en la niñez

El aislamiento social du­rante la pandemia tuvo su impacto en la salud mental de todas y todos, y en el caso de las pequeñas y pequeños pudo influenciar cambios emocio­nales y de comportamiento durante la contingencia, agre­gó Valadez Sierra.

Durante el tiempo de con­finamiento hubo en los niños una disminución en la satis­facción en general, así como en sus relaciones de amistad; y un incremento de emociones negativas como enojo e ira.

Valadez Sierra reportó los resultados de una investiga­ción realizada en conjunto por la UdeG, a través del Institu­to de Psicología y Educación Especial y el Departamento de Psicología Aplicada del CUCS; la Universidad Autó­noma del Estado de Morelos y la Universidad de La Laguna, con sede en Tenerife, España, sobre niños y niñas en contex­to de confinamiento entre los meses de mayo y agosto del año pasado. Participaron 649 menores, cuyas edades esta­ban comprendidas entre los 6 y 14 años.

Ante la pregunta de qué les gustaba más de quedarse en casa, la mayoría manifes­tó el hecho de poder interac­tuar con su familia; y lo que menos les gustó fue no poder ver a sus amigos y no poder salir a la calle. Muchos, por estar encerrados, se aburrían, y hubo niñas y niños a los que les producía tristeza el hecho de no poder ver a sus amigos y primos, así como ver que otras personas se enfermaban.

Otro aspecto que no les  agradaba con respecto a las ta­reas escolares era no tener quién pudiera aclarar sus preguntas. A pesar de que había niños que te­nían a la mano a los papás, algu­nas dudas prevalecían.

Visos de ansiedad y de aburrimiento

La doctora Covarrubias de la Torre describió el caso de una niña, de cinco años de edad, cuyos padres seguían reglas de confinamiento es­trictas. No salían de su casa ni al mandado, y “estamos hablando de un lapso de seis o siete meses. La chica estaba generando una serie de ma­los comportamientos como rebeldía, no tenía ganas de comer, sólo dulces o antojos; no quería hacer las tareas de la escuela, ni sacar a pasear a su perro. Esto ocurrió porque los padres le trasmitieron su angustia y temor de salir. La niña estaba en mayor riesgo de desarrollar un estado de­presivo significativo”.

Detalló asimismo que fueron detectados en niñas y niños, de acuerdo por lo des­crito por sus padres, compor­tamientos con apariencia de ansiedad y aburrimiento, lo que los orillaba a tener con­ductas como destruir objetos e inspeccionar su casa; los padres los ponían a lavar tras­tes, y éstos “se rompían”; los pequeños invadían con sus ju­guetes la sala, el comedor, el cuarto de los papás y hasta el baño; los chicos se metían por todos los lugares de la casa para buscar qué hacer o qué inventar.

…También las madres

Las madres de familia con niños pequeños son de los grupos más vulnerados duran­te la actual pandemia, ya que a ellas les ha tocado trabajar en casa, hacer labores domés­ticas, tal vez cuidar a personas de la tercera edad y tuvieron, además, que hacerse cargo de los procesos escolares de sus hijos e hijas, y eso aumentó mucho su estrés, incrementa­ron sus emociones negativas (vinculadas con el malestar) y disminuyeron las positivas (vinculadas con el bienestar), y eso influía en los menores que cuidaban, agregó Ruval­caba Romero.

Ese dato resulta relevante en un contexto latinoamerica­no donde 96 por ciento de ni­ñas y niños estaba a cargo de la mamá, y sólo 4 por ciento de los padres de familia estaba colaborando en los procesos escolares; eso es una circuns­tancia de vulnerabilidad para las mujeres, así como para ni­ñas y niños.