Es guarida de delincuentes y drogadictos; nadie los cuida

Por Rafael Hernández Guízar

Fotografía relevante a la nota.

Pilar del occidente prehispánico, hoy en el centro ceremonial del Ixtépete no hay vigilancia, está lleno de maleza y una gran cantidad de adictos se drogan en el lugar. Se puede apreciar también que varias de las piedras que conformaban el altar principal han sido arrancadas/Foto: Francisco Tapia

Llantas, bolsas con des­perdicios y mucha maleza, es lo que rodea al centro ce­remonial del Ixtépete en Za­popan, un lugar que sirve de guarida de drogadictos.

En pésimas condiciones se encuentra este lugar arqueo­lógico al que pocas personas acuden ante la peligrosidad que ahí se vive, pues por des­gracia no hay vigilancia, está lleno de maleza y una gran cantidad de drogadictos asis­ten para consumir ahí prin­cipalmente mariguana, algo que causa mucha desconfian­za a la ciudadanía.

“Está espantoso, yo no co­nocía y la verdad que ni ga­nas me quedaron de regresar, es una lástima que no haya quien vigile porque adentro estaban mariguaneándose (sic) –fumando mariguana–, así cómo vamos a estar en fa­milia, ni de locos volvemos”, dijo muy molesta una mujer que salía con sus hijos y su esposo de aquel sitio.

“Usted cree, tan importan­te que es conservar los sitios históricos y arqueológicos y aquí ni les importa, y yo no sé si es nada más del gobierno federal, o también del ayunta­miento pero es una pena que esté así, está todo destruido, todo rayoneado, lleno de ba­sura, de yerba”, agregó.

Dimos un recorrido por el lugar y hay que señalar que desde la entrada todo aquello luce en pésimas condiciones.

El lugar donde antes ha­bía un estacionamiento para los visitantes, ahora se utilizó para ampliar la banqueta, sin embargo, hay una gran zanja y mucho escombro.

La reja que circula el lugar está tota y por ahí, aprove­chan varios para entrar y usar las ruinas arqueológicas para consumir alcohol y droga. Nosotros lo constatamos.

Pero no sólo el proble­ma es en los alrededores, el mismo centro ceremonial ha sido vandalizado. Hay rayas de grafiti, muchas botellas de cerveza, bachichas de cigarro y hasta condones tirados.

Se puede apreciar también que varias de las piedras que conformaban el altar principal han sido arrancadas.

Ya ni siquiera está en una pieza el letrero que se supo­ne explica a los visitantes la historia del lugar. Además, el lugar es también usado para reuniones privadas. Una persona que dijo ser el encar­gado abrió el candado de una bodega que está a la entrada y de ahí sacó sillas, y hasta un asador. Dio el paso a tres vehículos y de estos, descen­dieron al menos 20 personas que hicieron una carne asada; por ello, cerraron el paso a la ciudadanía, dijeron que era un evento privado.