Conductores se detienen y es cuando lacras los atoran: Vecinos

En los alrededores de las vías del tren, desde lo alto de los puentes o desde las banquetas, un grupo de rateros arroja piedras a los automóviles en movimiento para que estos se detengan; luego, aprovechándose de las personas, los amagan para llevarse objetos de valor

Por Rafael Hernández Guízar

Fotografía relevante a la nota.

Ra­teros que desde lo alto de los puentes o desde las banque­tas, en la oscuridad, arrojan piedras a los automóviles en movimiento para que estos se detengan, luego, aprove­chándose de las personas, los sorprenden en grupos de cua­tro o cinco rateros y les roban todo lo que pueden con lujo de violencia/Foto: Archivo Página 24

Una nueva forma de robar a las personas sucede en los alrededores de las vías del tren en Guadalajara, pese a la presencia constante de poli­cía quedan casi siempre en la impunidad.

Se trata de un grupo de ra­teros que desde lo alto de los puentes o desde las banque­tas, en la oscuridad, arrojan piedras a los automóviles en movimiento para que estos se detengan, luego, aprove­chándose de las personas, los sorprenden en grupos de cua­tro o cinco rateros y les roban todo lo que pueden con lujo de violencia.

“Mira a un cuñado mío le paso, iba por la de Niños Héroes, pasando la de Agus­tín Yáñez hacia la glorieta de los Arcos y hay un paso a desnivel, pues ahí le arrojaron una piedra, entonces este se paró al subir y ahí es donde le llegaron estos cabrones y le quitaron el celular, la cartera, hasta los tenis le quitaron, no se llevaron el carro por fortuna, pero pues le quitaron todo y además le dieron unos madrazos”, dijo un ciudadano que acudió a denunciar el hecho a la re­dacción de Página 24.

Pese a que a sólo dos ca­lles del sitio hay presencia casi siempre de una patrulla de la policía de Guadalajara, nadie ayudó a esa víctima.

Lo mismo estuvo a punto de pasarle a un compañero de esta casa editorial luego de que el pasado sábado, circula­ba por su automóvil sobre la avenida Mariano Otero cuan­do de pronto, una piedra le rompió el cristal, pese a que iba a detenerse para ver qué sucedió, prefirió hacer caso a su intuición y no se detuvo en ese lugar sino cuadras más adelante, donde le dijeron vecinos de la zona que había librado un posible robo, pues es el modo de operación que usan los rateros.

Lo anterior pasa sin que haya un freno de las auto­ridades. Vecinos de la zona reportaron que incluso se ha sabido que los rateros andan armados, y que luego de co­meter sus fechorías se van a la comunidad de Pueblo Quieto, un asentamiento “irregular” que se encuentra en los már­genes de las vías del tren, en la zona en cuestión.

Ese sitio por cierto, a lo largo de años, ha sido consi­derado como un foco rojo de delincuencia pues cientos de personas han sido asaltadas en las inmediaciones, algo que se ha denunciado a las autoridades y que ha sido mo­tivo de publicaciones en me­dio de comunicación y redes sociales sin que al momento haya cesado.