Gel, gafas protectoras y constante aseo, primordiales: Investigador del CUCEI

Los termómetros en los filtros sanitarios miden la temperatura superficial, y en ambientes fríos la temperatura de la piel es siempre varios grados menos que la del resto del cuerpo, con lo que un individuo con fiebre perfectamente puede parecer sano al pasar, explicó el investigador/Foto: Captura de Video

Los termómetros en los filtros sanitarios miden la temperatura superficial, y en ambientes fríos la temperatura de la piel es siempre varios grados menos que la del resto del cuerpo, con lo que un individuo con fiebre perfectamente puede parecer sano al pasar, explicó el investigador/Foto: Captura de Video

La llamada sana distancia de dos metros aplica únicamente al momento del estornudo, y quizá cinco minutos después el viento puede transportar la contaminación varios metros. Pero para estar seguros, al menos ocho metros de distancia, explicó el especialista

La efectividad de la sana distancia y los filtros sanita­rios fueron cuestionados por el doctor Luis Javier González Ortiz, coordinador del docto­rado en Ciencias Químicas, del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CUCEI), durante su confe­rencia “¿Cómo protegernos del COVID-19? Una visión científicamente soportada”.

“En torno a la protección, una de las falsas seguridades que han sido aceptadas y que han incrementado la incons­ciencia de la población son los llamados filtros sanitarios, los cuales están muy lejos de ser una garantía, al contrario de lo que creen muchos, y sin un análisis serio”, declaró.

Explicó que un filtro sani­tario puede no detectar a una persona asintomática, pero que sí está infectada, e infor­tunadamente esos individuos tienen también la capacidad de transmitir el virus.

González Ortiz destacó que, según datos internacionales, uno de cada cuatro o cinco con­tagiados es asintomático, y hay una tendencia a que muchos de ellos sean jóvenes.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que un sintomáti­co no tiene alta temperatura de forma permanente. Si eso ocurriera, el enfermo sufri­ría consecuencias graves en cuestión de horas… Y no se puede evitar que alguien tome medicamento antifebril para pasar un filtro sanitario. Ade­más, hay quienes no siempre dicen la verdad cuando les preguntan si están enfermos o tienen síntomas, dijo.

Señaló que los termómetros que tienen los filtros sanitarios miden la temperatura super­ficial, y en ambientes fríos la temperatura de la piel es siem­pre varios grados menor a la temperatura corporal; con lo que un individuo con fiebre perfectamente puede parecer sano al pasar por el filtro sani­tario. Por consiguiente, es muy probable que un contagiado pueda pasar un filtro sanitario, a pesar de todos los esfuerzos por detectarlo, subrayó.

Advirtió que un filtro sa­nitario, en ocasiones se con­vierte en cuello de botella que obliga a hacer fila durante varios minutos, y si un conta­giado estornuda, pero tanto él como otra persona traen sus cubrebocas perfectamente co­locados, el estornudo puede generar una zona de contagio de ocho metros a la redonda. Sin embargo, si alguno de ellos no trae su cubrebocas perfectamente colocado, la zona aumenta a 20 metros a la redonda.

En un supuesto de que un contagiado estornude en una fila donde todos están cuidan­do la sana distancia tradicio­nal, es decir, de dos metros, puede haber ocho contagia­dos por estornudo, y quienes no tengan su cubrebocas bien puesto y estén en un círculo de 20 metros a la redonda, tam­bién podrán ser contagiados.

El académico aseguró que la llamada sana distancia de dos metros aplica únicamente al momento del estornudo, y quizá cinco minutos después el viento puede transportar la contaminación varios metros. La real sana distancia es de al menos ocho metros, subrayó.

Enfatizó que una forma fácil de evitar la dispersión de los virus y cortar la cadena de contagio es practicar el estor­nudo o tosido de etiqueta, ya que los virus no quedan sus­pendidos en el ambiente, sino retenidos en la piel y ropa.

Para completar el proceso de protección es necesario in­activar dicha contaminación utilizando una solución de al­cohol con una concentración superior a 70 por ciento.

Advirtió que también ha­blar, gritar y cantar son fuen­tes de micropartículas conta­minantes; por lo tanto, como medida hay que evitar gritar y cantar en público, así como minimizar el habla solamente a lo indispensable.

González Ortiz recomendó además el uso del cubrebocas y la utilización de gafas protecto­ras, ya que si los ojos no están debidamente protegidos pueden colectar suficiente contamina­ción para enfermar al pasar por un lugar contaminado.