Y los apoyos para sobrevivir son nulos, lamenta Mateo

Por Rafael Hernández Guízar

Para Mateo la situación ha sido difícil: un accidente le dejó sin piernas, lo abandonó su esposa y ahora enfrenta el día a día sin nadie que le dé trabajo; en el ayuntamiento le niegan despensa y se le dificulta la movilidad, por los camiones sin rampas para discapacitados/Foto: Francisco Tapia

Para Mateo la situación ha sido difícil: un accidente le dejó sin piernas, lo abandonó su esposa y ahora enfrenta el día a día sin nadie que le dé trabajo; en el ayuntamiento le niegan despensa y se le dificulta la movilidad, por los camiones sin rampas para discapacitados/Foto: Francisco Tapia

Moverse en camión como discapacitado es un suplicio, aseguró un indigente entre­vistado ayer en el municipio de Tonalá.

Es Mateo, una persona discapacitada que pide dinero en las calles para poder so­brevivir, relató que moverse le ha significado un suplicio, pues muy pocas unidades pa­san con rampa, y a veces, pre­fieren no darle la parada.

“Mire, duran hasta hora y media en pasar y ya cuando pasan se van por el otro ca­rril y pues me tengo que es­perar otra hora y media para subirme, para que pase el si­guiente camión, sino me toca irme bien lejos, me tengo que poner a ver cuál me quiere dar la parada, ya sería bueno que pusieran uno y dos no con rampa, pero casi ninguno trae rampa, a mí se me dificulta mucho, luego a veces vienen de malas, vienen con prisa, y mire son bien inconscientes, luego se sube uno y le dicen ‘hijo de su chingada madre’, y así, mire yo les digo ustedes tienen piernas, tienen trabajo, tiene casa, tienen salud, yo no tengo casa, ni piernas, ni sa­lud y soy feliz”.

Además de malos tratos, este hombre se enfrenta a la falta de trabajo, pues nadie le quiere dar empleo, ni si­quiera apoyos en el ayunta­miento tonalteca.

“No, en el ayuntamiento, una vez les pedí trabajo aquí, pintando las jardineras, me dijeron que no podía porque necesitaba las piernas, pero pues les dije que uno no pinta con las piernas, que para eso uso las manos, y no me die­ron trabajo, me mandaban a Río Nilo, pues imagínese, no puedo. Luego una vez me di­jeron que trajera los papeles que para una despensa y no­más me dejaron esperando, nunca fueron a hacerme el estudio socioeconómico, total que nada”, indicó.

“Mire aquí gracias a la gente es como he salido adelante, una vez una perso­na me dio un billete de mil, de esos de los nuevos, yo no lo podía creer, y pues con eso arreglé mi silla, porque ya no servía”.

Para él, la situación ha sido muy complicada, un ac­cidente le dejó sin piernas, lo abandonó su esposa y ahora enfrenta solo el día a día.