Científicos analizan situación de políticas públicas

La investigación científica y tecnológica aporta benefi­cios no sólo para la sociedad, sino para el mismo Estado, por lo que el poder público debe de garantizar recursos y una política de no intromi­sión para que los académicos que se dedican a este sector puedan trabajar con libertad, coincidieron investigadores y especialistas en la mesa de discusión “¿Cuáles medidas estructurales para el desarro­llo de ciencia requiere nues­tro país?”, organizada por la Vicerrectoría Ejecutiva de la UdeG, como parte del progra­ma FIL Pensamiento.

El doctor Antonio Lazca­no Araujo Reyes, profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM, señaló que es indis­pensable que el Estado y la sociedad reconozcan el pa­pel central que desempeña la investigación científica en el mundo contemporáneo, pues no únicamente representan una fuerza económica, sino también una fuerza social.

“Esto sólo será posible cuando se tenga la libertad académica, condición ab­solutamente indispensable para que la ciencia se pueda desarrollar de una manera adecuada. Significa que haya una visión de la ciencia que no dependa de los vaivenes sexenales; un apoyo del Es­tado en términos económicos y administrativos para que no estemos dependiendo de los caprichos del gobernante en turno y su incapacidad para darse cuenta de que los tiem­pos de la investigación no necesariamente son tiempos políticos”, declaró.

Recalcó que es necesaria una política que dé iguales oportunidades para que cual­quier persona pueda desarro­llar ciencia y generar aportes a la investigación, aunque esto implica una descentralización de los recursos en el país.

“Una política de igualdad que permita que todas las per­sonas, independientemente de su género o sus orígenes, puedan acceder a una carrera científica y a los beneficios de la ciencia; eso implica que tendrán que desarrollar una política de descentralización que sea efectiva, cosa que en el caso mexicano carga con el peso de 500 años de concen­tración de poder político, eco­nómico y social en la Ciudad de México”, indicó el tam­bién miembro de El Colegio de México.

La doctora Lorena Rua­no, Directora de la División de Estudios internacionales, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), coincidió en que el sector científico requiere de tener reglas claras y finan­ciamiento que no esté sujeto a los cambios en las esferas gubernamentales e instancias encargadas de administrar los recursos nacionales.

“Se necesita una política de Estado que vaya más allá de las lógicas y políticas sexe­nales o del presupuesto anual que nos marca Hacienda. Con algunas de las medidas que se habían venido construyen­do con mucho trabajo, como fueron los fideicomisos, se buscaba justamente la visión de largo aliento, asegurar fi­nanciamiento y cierto tipo de prácticas que no estuvie­ran sujetas a los caprichos de la política y al vaivén de las elecciones”, indicó.

La especialista advirtió que “sin recursos no va a lle­gar muy lejos el país”, y re­cordó que en las últimas déca­das no se ha cumplido la meta de lograr que 1 por ciento del Producto Interno Bruto del país esté invertido en ciencia y tecnología.

“Estamos muy lejos de esa meta, no se ha llegado ni a 0.4 por ciento, y esto va en dis­minución con la desaparición de los fideicomisos; en este año se ha reducido a la mitad el presupuesto al que se tenía acceso en el sector, porque los fideicomisos representaban el doble de lo que se está asig­nando al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y los centros públicos de investiga­ción”, expresó.

Durante la mesa de diálo­go, en el marco de la edición especial virtual de la FIL de Guadalajara, que se desarrolla del 28 de noviembre al 6 de diciembre, la doctora Lourdes Morales, Coordinadora Gene­ral de la Red por la Rendición de Cuentas y profesora del CIDE, recordó que la decisión de extinguir los 109 fideicomi­sos fue un golpe a los recursos que reciben los centros de in­vestigación en México.

Del total de fideicomisos que fueron desaparecidos 65 estaban vinculados con la ciencia y la tecnología, equi­valentes a 22 mil millones de pesos, y 25 más estaban rela­cionados con los centros pú­blicos de investigación, con un equivalente a seis mil 020 millones de pesos.

“Esta decisión se tomó sin considerar que no había de­nuncias penales en contra de estos fideicomisos, que había observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Fe­deración que sí habían sido atendidas, y que se cumplían con los estándares óptimos de operación”, recalcó.

El doctor José Roldán Xopa, abogado especialista en derecho administrativo, desta­có que el Estado debe de ga­rantizar el libre ejercicio de la investigación científica como un derecho que, además, es benéfico para la sociedad.

“Es un ámbito de la activi­dad humana que se desarrolla con ciertos métodos. Se tie­nen comunidades científicas y también requiere de un es­pacio para que pueda llevar­se a cabo la innovación y las confrontaciones con distintas formas de pensar la ciencia. Se requiere de un hábitat, de un contexto en donde el Es­tado tiene que garantizar que se respete este hábitat en el que las comunidades cien­tíficas ejerzan esa libertad”, puntualizó.