Por botonazo, ni un alma pudo visitar a sus deudos

Los 58 panteones municipales cerraron sus puertas para evitar conglomeraciones, como medida decretada por Enrique Alfaro para frenar los contagios de coronavirus en Jalisco

Por Rafael Hernández Guízar

Puertas cerradas. Esta escena, junto a la de los pasillos desiertos, se vivió en los panteones municipales, en el día en que debían estar más concurridos. El gobierno estatal sacrificó el 2 de noviembre de 2020 en aras de detener la expansión del COVID-19/Foto: Francisco Tapia

Puertas cerradas. Esta escena, junto a la de los pasillos desiertos, se vivió en los panteones municipales, en el día en que debían estar más concurridos. El gobierno estatal sacrificó el 2 de noviembre de 2020 en aras de detener la expansión del COVID-19/Foto: Francisco Tapia

Vacíos lucieron los pan­teones de Guadalajara el día de ayer, los muertos no reci­bieron a nadie en el tradicio­nal día.

Como parte de las medidas para evitar el contagio de co­ronavirus y la puesta en mar­cha de la activación del botón de emergencia sanitaria, los 58 panteones de la ciudad quedaron cerrados el fin de semana; por ello, las familias no pudieron acudir para poner ofrendas a sus muertos.

“Pues bien triste porque este día era en el que se su­pone que viene uno y les da un rato a los que tenemos acá, nosotros por ejemplo, pues tenemos a mis tíos y a mis abuelos, y cada 2 de no­viembre pues veníamos y les poníamos ofrendas, que la comida que les gustaba, el te­quila que tomaba mucho uno de los tíos, incluso hasta la guitarra del abuelo, las cosas que nos ayudaban pues a que el rato que estuviéramos ahí con ellos estuvieran conten­tos (sic)”, dijo Alondra Pérez, una joven entrevistada en las afueras del Panteón Guadala­jara.

Lo anterior, es uno de mi­les de testimonios de personas que ayer lunes dos de noviem­bre, se expresaron en diversos medios y redes sociales pues la tradición que por cientos de años ha sido característica de la ciudad, tuvo que suspen­derse por motivos de preven­ción.

La orden fue dada por la mesa de salud del gobierno del estado y por ende, acatada por los ayuntamientos de la zona conurbada de Guadala­jara.

Pese a que se trata de un decreto emitido por el gobier­no estatal, hubo quienes no se enteraron a tiempo de ello y aún así acudieron a los ce­menterios con la esperanza de que les permitieran el paso.

La sorpresa de todos fue ver cómo las puertas estaban cerradas y además, unas lonas en las bardas perimetrales que explicaban que se trata de una medida de prevención ante el posible contagio de coronavi­rus debido a las aglomeracio­nes de personas que son típi­cas de estos lugares.

Los molestos no sólo fue­ron los ciudadanos de a pie, sino los vendedores de flores, los músicos y hasta aquellos que sacaban dinero ayudando a las personas a arreglar las tumbas de sus difuntos a cam­bio de propinas.

Vacíos lucieron los pan­teones de Guadalajara el día de ayer, los muertos no reci­bieron a nadie en el tradicio­nal día.

Como parte de las medidas para evitar el contagio de co­ronavirus y la puesta en mar­cha de la activación del botón de emergencia sanitaria, los 58 panteones de la ciudad quedaron cerrados el fin de semana; por ello, las familias no pudieron acudir para poner ofrendas a sus muertos.

“Pues bien triste porque este día era en el que se su­pone que viene uno y les da un rato a los que tenemos acá, nosotros por ejemplo, pues tenemos a mis tíos y a mis abuelos, y cada 2 de no­viembre pues veníamos y les poníamos ofrendas, que la comida que les gustaba, el te­quila que tomaba mucho uno de los tíos, incluso hasta la guitarra del abuelo, las cosas que nos ayudaban pues a que el rato que estuviéramos ahí con ellos estuvieran conten­tos (sic)”, dijo Alondra Pérez, una joven entrevistada en las afueras del Panteón Guadala­jara.

Lo anterior, es uno de mi­les de testimonios de personas que ayer lunes dos de noviem­bre, se expresaron en diversos medios y redes sociales pues la tradición que por cientos de años ha sido característica de la ciudad, tuvo que suspen­derse por motivos de preven­ción.

La orden fue dada por la mesa de salud del gobierno del estado y por ende, acatada por los ayuntamientos de la zona conurbada de Guadala­jara.

Pese a que se trata de un decreto emitido por el gobier­no estatal, hubo quienes no se enteraron a tiempo de ello y aún así acudieron a los ce­menterios con la esperanza de que les permitieran el paso.

La sorpresa de todos fue ver cómo las puertas estaban cerradas y además, unas lonas en las bardas perimetrales que explicaban que se trata de una medida de prevención ante el posible contagio de coronavi­rus debido a las aglomeracio­nes de personas que son típi­cas de estos lugares.

Los molestos no sólo fue­ron los ciudadanos de a pie, sino los vendedores de flores, los músicos y hasta aquellos que sacaban dinero ayudando a las personas a arreglar las tumbas de sus difuntos a cam­bio de propinas.