La del COVID podría no ser la única: Especialistas

La salud pública tiene que tomar en consideración todas las cuestiones relacio­nadas con el cambio climá­tico y el comportamiento del medio ambiente

La salud pública tiene que tomar en consideración todas las cuestiones relacio­nadas con el cambio climá­tico y el comportamiento del medio ambiente

El mundo debe de prepa­rarse para amenazas globales de tipo epidemiológico; de ahí la importancia de tener una vigilancia en este terreno en los ámbitos local, nacio­nal, regional y mundial, com­partida en tiempo real.

Existen tecnologías de la información y avances e inno­vaciones para poderlo hacer y actuar de manera oportuna, de forma orquestada, ya que de otra manera pudiera ocu­rrir lo que está pasando con el COVID-19, afirmó Héctor Raúl Pérez Gómez, director de la División de Disciplinas Clínicas, del Centro Universi­tario de Ciencias de la Salud (CUCS), quien no descartó la posibilidad de que pueda haber epidemias ocasionadas por otros virus, diferentes al coronavirus que causa el COVID-19.

La jefa del Departamento de Ciencias de la Salud, del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), Patricia Noemí Vargas Becerra, resaltó la importancia de comprender el comportamiento de las enfermedades, de los brotes y su gestión, además de identificar factores de riesgo.

El coordinador del Doctorado en Ciencias de la Salud Pública del CUCS, Alfredo Celis de la Rosa, agregó que en América ha habido brotes de fiebre amarilla con una tasa de mortalidad de 50 por ciento; y podría darse el caso de que llegue este tipo de fiebre en un avión a México, porque tenemos el mosquito que es el vector transmisor de esa enfermedad, el Aedes aegypti, que también es vector para el dengue.

En relación con las vacunas, Celis de la Rosa indicó que en el mundo están trabajando aproximadamente 170 vacunas contra el COVID-19, pero ninguna en México. El acuerdo que se hizo con AstraZeneca es para envasar el producto, pero se va a producir en Argentina. “Ni siquiera tenemos la capacidad para que nos den la receta y la elaboremos”, declaró.

“No tenemos equipos de virólogos –agregó–. No están siendo apoyados de manera constante, estamos con un balde apagando fuegos. La ciencia básica tiene que ser apoyada con recursos”.

“El financiamiento no puede esperar a que se den resultados en 15 días o en un año, deben ser instituciones que se mantengan, consoliden, participen y vinculen en todo el mundo”, destacó.

Ante la pandemia del COVID-19, el académico del CUCS señaló: “Estoy viendo al sistema de salud parado en un pie, sobre un balón, porque lo que teníamos podría ser deficiente y fragmentario, y se destruyó sin que el nuevo sistema estuviera funcionando. La pandemia nos pegó en esas condiciones de debilidad”.

Resaltó que el número de defunciones, cuando termine la pandemia el año que entra, podría oscilar entre 150 mil y 300 mil. El impacto del COVID-19 podría estar vigente durante cinco o 10 años más, ya que ha tenido efectos en la economía, la caída del Producto Interno Bruto, la pérdida de empleos y su afiliación al Seguro Social, lo que va a recargar los sistemas gratuitos de atención a la asistencia social que brinda la Secretaría de Salud.

Explicó que algunos pacientes que sobrevivirán al COVID-19 lo harán con daños a la salud como insuficiencia renal, afectaciones cardiovasculares y pulmonares que van a demandar atención y sobrecargar un sistema de salud que ya estaba lleno, y que no ha sido capaz de crecer.

Muchos pacientes están esperando para acudir a hacerse alguna cirugía u operación. Éstos van a llegar a los hospitales después de la pandemia, en un contexto don­de el sistema de salud está rebasado y se generará una presión importante.

Pérez Gómez explicó que la salud global no debe de entenderse sólo como la co­operación y colaboración de todos los países para lograr mejores estándares de salud individual y colectiva, sino ser entendida como la salud que debe abarcar el medio ambiente, otras especies vi­vas y al ser humano como un todo.

“Este fenómeno del CO­VID-19, que ha representa­do un verdadero azote a la salud pública mundial, es un vivo ejemplo de la relevan­cia de esta cooperación. Por ejemplo, China identificó el genoma viral del coronavi­rus, lo compartió; y de for­ma rápida la mayor parte de los países desarrollados rea­lizaron investigaciones para tener pruebas de laboratorio que identificaran de forma temprana la infección”, de­claró Pérez Gómez.

Esta misma cooperación ha generado la oportunidad de tener vacunas efectivas y seguras, y algunas de las que podrían aplicarse se encuen­tran en fase 3 de investiga­ción clínica.

Vargas Becerra resaltó que en el caso del COVID-19, la gestión de los brotes en diferentes países no ha sido la mejor, ya que los sis­temas de salud pública, así como epidemiológicos, se vieron rebasados y las inter­venciones no han sido de lo más eficaces.

Las nuevas tecnologías son importantes para infor­mar a la población, y desta­có que el futuro de la salud pública estará ligado al ma­nejo tecnológico.

La salud pública tiene que tomar en consideración todas las cuestiones relacio­nadas con el cambio climá­tico y el comportamiento del medio ambiente, concluyó.