Diabetes, desnutrición, barreras del lenguaje y otras cuestiones: Especialistas

La comunidad wixárika en Jalisco alcanza a más de 50 mil personas, distribuidas en 100 comunidades y también con presencia en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), y son un sector vulnerable al COVID-19
Diabetes, desnutrición infantil y la migración a estados vecinos para trabajar en campos agrícolas, son factores de riesgo entre la población wixárika del norte de Jalisco. A esta problemática se suma que la comunicación de las medidas de prevención se obstaculiza por la barrera del lenguaje. Además, por sus tradiciones culturales, siguen realizando concentraciones de gente que podrían propiciar los contagios.
Así lo expresaron especialistas durante el webinar “Impactos del COVID-19 en la comunidad wixárika”, que a través de las redes sociales de la Universidad de Guadalajara, Radio UdeG y Canal 44, fue organizado por esta Casa de Estudio y Jalisco a Futuro, y moderado por la periodista Ivabelle Arroyo.
La comunidad wixárika en Jalisco alcanza a más de 50 mil personas, distribuidas en 100 comunidades y también con presencia en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), y son un sector vulnerable.
Pascual Félix Hernández, licenciado en Enfermería y estudiante de la maestría en Salud Pública, en el Centro Universitario del Norte (CUNorte), dijo que hay factores de morbilidad que predisponen a la población wixárika a padecer COVID-19, pues esta comunidad acusa enfermedades como diabetes, desnutrición infantil y males respiratorios en mayores de 60 años, debido a la exposición continua al carbón y la leña al momento de cocinar los alimentos. Hasta el momento, aparentemente no se han reportado casos todavía por morbilidad o mortalidad del Sars-COV-2, añadió.
Además, en esas regiones el COVID-19 es un mito para muchos y no todos practican las recomendaciones sanitarias; también, como parte de sus tradiciones, continúan las actividades importantes con aglomeración mínima de 20 personas, dijo.
Otro factor es la migración, pues los wixárikas salen a estados vecinos como Durango, Michoacán, Zacatecas y Nayarit a laborar en campos agrícolas y, posteriormente, retornan a sus comunidades, compartió Hernández.
“El riesgo del fenómeno migratorio es que ese flujo puede desencadenar un ciclo de brote epidemiológico en las comunidades wixárikas si no se toman las medidas preventivas como portar cubrebocas, lavado de manos o sana distancia”, indició.
El investigador de la UdeG, maestro Gabriel Pacheco Salvador, hizo un recorrido histórico de la región wixárika, la cual tuvo una conquista tardía, lo que le ha valido mantener con fuerza la cultura que les identifica hasta hoy.
Sin embargo, en la pandemia del COVID-19 no se ha tomado en cuenta que esta cultura privilegia la comunicación oral y no los carteles o volantes. Lo adecuado es que la información se le dé a los líderes de la comunidad para que, de acuerdo con las tradiciones, éstos sean quienes la comuniquen.
“Por la cantidad de información que se está llevando a la comunidad wixárika, por medios escritos, audios, Internet o radio, de varias formas, se ha querido informar a la comunidad wixárika tratando de sensibilizar y que la gente esté alerta”, dijo.
“La escritura que se emplea no es uniforme, ya que la escritura apareció (en esta cultura) hace 25 años y apenas se está implementando, y para que llegue realmente esta escritura a las comunidades de manera estándar, no se ha podido conseguir. El pueblo wixárika se ha sabido guiar más a través de la oralidad, esa es la forma en que mejor se han dado entender”, indicó Pacheco Salvador.
El Secretario de Jóvenes Indígenas Urbanos en el AMG, Antonio García Mijarez, explicó que en el área conurbada hay al menos dos mil hablantes wixárikas, que se dedican a labores domésticas, la informalidad, la artesanía, los tianguis, o como músicos, y viven principalmente en vecindades o cuartitos del Centro de Guadalajara.
“En este escenario llega el COVID-19, y nos piden que no haya movilidad, congregaciones y quedarnos en casa, y los primeros en reaccionar son comerciantes y artesanos, y nos pronunciamos por políticas que no excluyan y visibilicen a la población indígena urbana, que haya proporcionalidad por municipios en los apoyos económicos. Los más afectados son los que trabajaban en espacios públicos, tianguis y han echado mano de las redes sociales para comerciar sus productos”, apuntó García Mijarez.
Y añadió: “Igual que todos los mexicanos pobres, si no trabajo día a día, no como, y así se han arriesgado para obtener ingresos en una ciudad que es un espacio racista”.
