“No bajaron las ventas, es que no hay ventas”

Por Rafael Hernández Guízar

El merca­do Libertad conocido como San Juan de Dios en Guada­lajara/Foto: Archivo Página 24

El merca­do Libertad conocido como San Juan de Dios en Guada­lajara/Foto: Archivo Página 24

Como nunca, el merca­do Libertad conocido como San Juan de Dios en Guada­lajara, luce solo, locatarios han cerrado paulatinamente ante la ausencia casi total de clientes.

Desde hace dos semanas que se intensificó el aislamien­to social debido a la pandemia de coronavirus, los locatarios intentaron diversas estrategias para atraer a los clientes.

Desde adoptar las medidas recomendadas por la Organi­zación Mundial de la Salud (OMS) para la sana distancia, hasta las disposiciones de la Secretaría de salud Jalisco (SSJ) y la federal, para obe­decer los protocolos y colocar gel antibacterial en las entra­das del mercado y en cada uno de los negocios.

Incluso trataron a través de los medios de comunicación demostrar a la ciudadanía que en este espacio estaban prácti­camente libres de Covid-19.

Nada de esto ha funciona­do para evitar que el miedo entre los que habitualmente acudían al mercado para rea­lizar diversas compras de pro­ductos y servicios, lo sigan haciendo.

“Pues nada más vea en to­dos los años que tengo aquí nunca había estado así, siem­pre venía la gente, siempre se­guía comiendo y comprando aquí sus cosas, y ahora pues no es que no se haya bajado la venta, es que no hay venta. Y nosotros de todos modos le tenemos que seguir pagando el empleado y tenemos que estar pagando por los servi­cios”, dijo uno de los locata­rios molestos.

“Nosotros sabemos que la gente tiene miedo de ve­nir porque pueden creer que aquí se van a contagiar, y lo que queremos decirles es que nosotros hacemos todo nues­tro esfuerzo para que esto esté en condiciones la higiene, que estamos teniendo mucho cui­dado para que nadie se con­tagie, pero también decir que no podemos dejar de trabajar porque entonces qué le vamos a dar a nuestros hijos, cómo le vamos hacer”.

Los pasillos del mercado se apreciaban prácticamente solos. Eran más bien emplea­dos los que se veían caminan­do por el lugar, llegando así a una ausencia casi total de clientes y comensales.