1944–2026
Durante más de cuatro décadas hizo de la prensa una forma de intervenir en la vida pública. Fundador de Tribuna Libre, Página 24 y Aguascalientes El Periódico, su proyecto editorial de Aguascalientes a Zacatecas y Jalisco, Ramiro Luévano López construyó su trayectoria entre redacciones, imprentas, confrontaciones con el poder y una determinación ampliamente conocida.
Redacción

Ramiro Luévano López, en una de sus últimas fotografías
Es difícil encerrar una vida en unas cuantas páginas. Más todavía cuando esa vida quedó mezclada con la historia de los periódicos que creó y con una parte de la vida pública de Aguascalientes durante más de cuatro décadas.
Ramiro Luévano López nació el 30 de septiembre de 1944 en una vecindad de la calle Primo Verdad, a una cuadra del Parián, en el centro de Aguascalientes y murió este 17 de agosto de 2026, a los 81 años.
Era, y siempre lo dijo con orgullo, de cuna humilde. Su madre, Felicitas López Morales, vendía panes, dulces, cigarros y billetes de lotería en una pequeña cajonera portátil que instalaba todos los días en el Parián. Su padre, José Matilde Luévano Urrutia, fue obrero de la Fundición de Aguascalientes, dirigente sindical y organizador de la CROM, el Partido Laborista y de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM); fue también billetero y comerciante ambulante. De él conservaba la familia la memoria de un hombre que se había negado a negociar una huelga y que años después tampoco quiso entregar el sindicato de billeteros que había contribuido a formar.
Desde edad muy temprano comenzó a trabajar. De niño voceó El Sol del Centro, cargó canastas y, siguiendo el oficio de sus padres y hermanos, vendió billetes de lotería. Una de las historias que durante años contó en familia ocurrió cuando le quedaba un entero pocas horas antes del sorteo. Desesperado, le rogó a un doctor que le comprara, hasta que éste se apiadó y se llevó el billete. A la mañana siguiente fueron a despertarlo jubilosos: aquel número había resultado premiado. La fortuna parecía haber llegado por fin a la familia. Ramiro tuvo que desengañarlos: “anoche vendí el billete” y la ilusión de diluyó de golpe.
Tenía alrededor de 10años cuando se trasladó a la Ciudad de México. Allí siguió vendiendo lotería y, según recordaba, el primer día unos estafadores consiguieron despojarlo mediante engaños de todos los billetes que llevaba. Su hermano Gonzalo, conocido vendedor en los alrededores del edificio de la Lotería Nacional, le hizo saber que tendría que reponerlos. Y los repuso.
La anécdota parece pequeña frente a todo lo que vendría después. Vista desde hoy, contiene ya algo del carácter que habría de acompañarlo durante toda su vida: recibir un golpe, hacer cuentas y comenzar otra vez.
La Universidad de la Vida
Después de algunos años regresó a Aguascalientes. Trabajó en lo que pudo: brevemente en la cosecha de la uva, como vendedor de ropa y electrodomésticos y como almacenista en una obra federal.
En esta última descubrió que la facilidad para los números adquirida entre ventas, cuentas y mercancías podía abrirle otras puertas. Al ver al arquitecto responsable batallar con la elaboración de la nómina, se ofreció a hacerla. Cumplió con diligencia y obtuvo su reconocimiento y un mejor sueldo.
Pero la obra terminó y Ramiro volvió a buscar trabajo.
Encontró uno como vendedor de puerta en puerta para Colgate-Palmolive. A esa etapa atribuiría después buena parte de su formación. Él hablaba de la “Universidad de la vida”. En la empresa aprendió administración, ventas, distribución y publicidad; fue ascendiendo hasta convertirse en gerente regional de distribución.
Ya entrada la década de los setenta dejó la compañía después de considerar injusta una decisión interna relacionada con un puesto al que aspiraba. Conservó, sin embargo, gratitud por lo que había aprendido allí.

Muy joven, en el corazón de su querido Aguascalientes
De regreso en Aguascalientes fundó un negocio cuyo nombre revelaba otra de sus pasiones: Decoraciones Atlante, dedicado a la elaboración e instalación de cortinas, alfombras, papel tapiz y otros elementos de decoración.
El negocio lo obligaba a viajar frecuentemente a la Ciudad de México.
Sin saberlo todavía, aquellos viajes terminarían por conducirlo hacia el oficio al que dedicaría el resto de su vida.
El periodismo
Para entonces Ramiro había comenzado a formar una conciencia política a través de libros, revistas y periódicos. Recordaba particularmente las historietas de Rius. Llegó a Los Supermachos y Los Agachados buscando la guasa y encontró también una manera diferente de mirar al país.
Era el México de un régimen político prácticamente hegemónico, atravesado todavía por las heridas de 1968 y del 10 de junio de 1971. La prensa crítica permitía asomarse a un país distinto del que describía el discurso oficial.
Durante sus viajes por motivos comerciales a la capital, Ramiro estableció contacto con un medio de comunicación que terminó por acreditarlo como periodista. Aquella circunstancia abrió una puerta inesperada.
Pero el periodismo que terminaría ejerciendo no nació realmente en una redacción de la Ciudad de México. Nació de regreso en Aguascalientes.
Ramiro veía una ciudad donde el PRI dominaba prácticamente todos los espacios de representación política, la oposición tenía una presencia reducida y escaseaban las publicaciones dedicadas a la denuncia. Veía también conflictos obreros y campesinos, reclamos ciudadanos y abusos que no encontraban espacio en la prensa existente. Decidió crear uno.
El 20 de diciembre de 1983 apareció el primer número de Tribuna Libre, proyecto que emprendió junto con su hermano Roberto. Desde el nombre había ya una declaración de principios.
Al comienzo la publicación apareció irregularmente; después de manera mensual, quincenal y finalmente semanal. Sus primeras oficinas eran modestas y se encontraban en la avenida Héroe de Nacozari.
Tribuna Libre eligió desde sus primeros años un periodismo crítico, frontal, popular y frecuentemente ácido. Y muy pronto llegaron también las consecuencias.
Las Primeras Batallas
Las llamadas amenazantes comenzaron a recibirse tanto en las oficinas como en el domicilio de Ramiro. Con los años las amenazas dieron paso a denuncias, detenciones y agresiones.
Durante el gobierno de Miguel Ángel Barberena Vega, una publicación particularmente crítica contra un funcionario estatal derivó en un procedimiento penal y en la detención de Ramiro. Policías judiciales lo aprehendieron un sábado.
En el trayecto hacia las instalaciones de la Policía Judicial, el periodista Mario Mora Legaspi alcanzó a verlo. Ramiro consiguió gritarle que estaba detenido y le pidió avisar al personal de Tribuna Libre. El episodio se hizo público. Ramiro relató posteriormente que fue obligado a desnudarse, encerrado en una bartolina y sometido a intimidación durante un traslado realizado por agentes armados. Finalmente fue remitido al Cereso. El Frente Estatal de Acción Popular se manifestó para exigir su libertad y distintos medios dieron cuenta del caso.
Días después salió libre y viajó entonces a la Ciudad de México para encontrarse con Heberto Castillo Martínez, a quien conocía de su participación en la reorganización del Partido Mexicano de los Trabajadores en Aguascalientes. Le contó lo ocurrido y le preguntó qué debía hacer.
La respuesta que conservaría durante el resto de su vida era, en realidad, la que había ido a buscar: Había que seguir adelante.
Las confrontaciones se sucedieron también. Durante el gobierno de Otto Granados Roldán, Ramiro sufrió un intento de “levantón” y golpeado por guaruras del mandatario. Aquellos años terminaron de consolidar una característica que ya no abandonaría ni él ni sus publicaciones: la confrontación abierta con quienes ejercían el poder.
Para sus adversarios, esa manera de hacer periodismo podía ser excesiva, agresiva o injusta. Para Ramiro, la prensa perdía buena parte de su sentido si no estaba dispuesta a incomodar.
Nunca pretendió ser un periodista neutral.
De un Semanario a un Diario
A comienzos de los años noventa apareció una oportunidad inesperada.
Gustavo Lomelín Guerra conservaba una rotativa que había pertenecido a La Opinión, diario fundado en 1981 y de vida breve. Según recordaba Ramiro, Lomelín se la ofreció prácticamente como regalo. Ramiro respondió que prefería comprársela.
Era una máquina Gross abandonada durante años y necesitó una larga rehabilitación. Durante más de un año se trabajó para devolverla a la vida.
Con aquella rotativa comenzó a tomar forma una idea mucho más arriesgada: aprovechar la experiencia acumulada en Tribuna Libre para crear un periódico diario.
Hubo dificultades económicas, resistencias y momentos en los que el proyecto estuvo cerca de naufragar.
Pero el 18 de marzo de 1997 salió a la calle el primer número de Página 24 Aguascalientes. Catorce años después de fundar una publicación modesta, Ramiro fundó un diario que fue semillero de otras publicaciones más.
El 30 de junio de 2000 nació Página 24 Zacatecas. El 10 de julio de 2006, una edición especial relacionada con la elección presidencial dio origen a Tribuna Libre Roja. El 15 de septiembre de 2008 apareció Tribuna Libre Jalisco y, el 15 de diciembre del mismo año, Página 24 Jalisco, después de adquirir una rotativa en Guadalajara.
El proyecto iniciado en aquellas oficinas de Héroe de Nacozari había cruzado las fronteras de Aguascalientes.
Ramiro siguió siendo, sin embargo, una presencia cotidiana en sus periódicos. No fue únicamente propietario. Escribía, discutía las noticias, dirigía las decisiones editoriales y mantuvo durante décadas La Columna del Diablito, con una voz inmediatamente reconocible para sus lectores: coloquial, burlona, mordaz y deliberadamente provocadora.
En aquellas páginas cabían la política nacional y local, los adversarios, las denuncias, las anécdotas, los aniversarios del periódico, el futbol y también las celebraciones que ameritaban, al menos sobre el papel, destapar una botella de Chivas Regal y levantar la copa.
Ramiro escribía como hablaba y discutía como escribía. No faltaban las referencias a los amigos. “Ahí te los encargo, Moi”, era una broma privada que se volvió popular.
La historia de sus publicaciones no puede contarse sin los conflictos que las acompañaron.
El Golpe más Doloroso
Pero entre todos los golpes que enfrentó en aquellos años hubo uno que rebasó por completo el ámbito del periodismo. La muerte de su hija, María Montserrat Luévano Díaz, en un accidente vehicular, marcó para siempre su vida y la de su familia.
Ramiro nunca aceptó que aquella muerte pudiera entenderse al margen de las confrontaciones que sostenía entonces. Durante años expresó públicamente su convicción de que detrás de lo ocurrido había intereses relacionados con sus enfrentamientos políticos y periodísticos, y así lo dejó escrito en La Columna del Diablito. Fue una certeza que sostuvo hasta el final.
Más allá de las acusaciones que formuló y de las controversias que éstas suscitaron, hubo un hecho que no admitía discusión: Ramiro había perdido a una hija. Quienes estuvieron cerca de él supieron la profundidad de esa herida. No dejó el periodismo. Tampoco dejó de denunciar lo que consideraba injusto. Pero desde entonces aquella pérdida formó parte de su vida y también, inevitablemente, de su manera de mirar algunas de las batallas que todavía le quedaban por librar.
Los Años de Resistencia
Durante su carrera enfrentó denuncias penales, civiles y administrativas, amenazas y agresiones. Algunos episodios quedaron documentados públicamente; otros sobreviven en sus columnas, en el archivo de los periódicos y en la memoria de su familia y sus colaboradores.
Entre los conflictos más prolongados estuvo la disputa jurídica por los títulos de Tribuna Libre y Página 24. Ramiro sostuvo durante años que detrás de aquellos litigios existía una operación destinada a despojarlo de sus periódicos. Sus adversarios ofrecieron versiones radicalmente distintas. La controversia pasó por distintas autoridades y tribunales y se prolongó durante años.
La madrugada del 8 de julio de 2019, agentes federales ejecutaron cateos y fueron aseguradas las oficinas de la calle Ignacio Zaragoza y los talleres de Jesús Reyes Heroles.
De golpe cesaron las ediciones impresas de Tribuna Libre y Página 24 debido al injusto y severo ataque. Pero, una vez más, Ramiro hizo lo que había aprendido a hacer desde niño: reorganizar lo que quedaba y comenzar otra vez.
Al día siguiente, Página 24 Aguascalientes y Página 24 Zacatecas reanudaron su publicación por internet. Página 24 Jalisco hizo también la transición digital.
Y apenas unas semanas después, el 15 de agosto de 2019, nació Aguascalientes El Periódico. Como siempre, se levantaba fortalecido de las agresiones.
Después llegó la pandemia y la empresa que había nacido en 1983 alrededor del papel, la tinta, las prensas y los voceadores tuvo que aprender a sobrevivir también entre pantallas y redes sociales.
Mucho había cambiado desde aquella primera Tribuna Libre. Habían cambiado las máquinas, las redacciones, la manera de distribuir las noticias y hasta la forma en que los lectores llegaban a ellas.
Ramiro, con una voluntad inquebrantable, se mantuvo no solamente a flote, sino siempre fortalecido, y manteniendo los principios de su periodismo valiente y crítico: “Vendemos espacio, no consciencia”.
Quizá ninguna otra explique mejor su trayectoria.
El Hombre Detrás del Director
Quienes trabajaron con Ramiro conocieron al director, al periodista que discutía una nota, al empresario que hacía cuentas para mantener en circulación un periódico y al columnista que convertía a sus adversarios políticos en personajes recurrentes de su propia escritura.
Sus lectores conocieron otra parte de él.
Durante décadas supieron qué pensaba porque lo escribió sin demasiadas precauciones. Lo celebraron, discutieron, cuestionaron y, muchas veces, se enfurecieron con él.
Una vida periodística tan larga y tan frontal no podía dejar únicamente admiradores ni se pretende edulcorar su despedida.
Ramiro nunca fue un hombre de concesiones y probablemente habría desconfiado de un homenaje que pretendiera ignorar los conflictos. Su lugar en la historia de esta casa editorial se encuentra precisamente en una vida ejercida desde posiciones firmes, muchas veces incómodas, y en la decisión de sostener durante más de cuatro décadas medios que llevaron inequívocamente su sello.
Para su familia existe, además, otro Ramiro que ninguna hemeroteca puede conservar completo: El compañero. El padre. El abuelo. El hombre que amaba la música y la naturaleza. El niño que voceaba El Sol del Centro y vendía billetes de lotería. El muchacho que perdió toda su mercancía el primer día que trabajó en la Ciudad de México y tuvo que reponerla. El vendedor de puerta en puerta. El hombre que aprendió administración trabajando y llamó Atlante a su negocio porque amaba el futbol.
El hombre que un día compró una rotativa abandonada y decidió que podía contribuir a una sociedad más informada y más libre.
Ése también fue Ramiro Luévano López.
Hasta Donde Tope
Hoy, 17 de agosto de 2026, termina una vida de 81 años y comienza inevitablemente otra tarea: poner en perspectiva lo que significaron más de cuatro décadas de presencia en el periodismo de Aguascalientes.
La historia tendrá tiempo para discutirlo.
Tendrá tiempo para revisar sus periódicos, sus denuncias y sus confrontaciones; para reconocer sus aciertos y aportes; para entender qué lugar ocuparon Tribuna Libre, Página 24 y las publicaciones que nacieron después en una época que transformó profundamente a Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco.
Estas páginas pueden afirmar hoy algo más sencillo: la época del balance apenas comienza.
Y aquí queda una casa editorial que comenzó con un periódico en 1983 y que deberá aprender, por primera vez en más de cuatro décadas, a continuar sin él.
Su familia y quienes integran esta casa editorial saben cuál es ahora el homenaje que les corresponde: mantenerla en pie y en marcha.
Hasta donde tope, como él decía.
Habrá tiempo para volver a los aniversarios, a las buenas noticias y a esa copa de Chivas Regal que él hacía aparecer puntualmente cuando había algo que celebrar. Pronto volveremos a levantarla por él y a decir, como tantas veces hizo: ¡Salud!
Aún es pronto para el brindis.
Por ahora corresponde cerrar estas páginas como durante tantos años cerró las suyas:
“Y con esta me despido…”
Esta semblanza fue elaborada por la Redacción a partir del archivo de esta Casa Editorial y de los recuerdos de la familia, compañeros y colaboradores de Ramiro Luévano López.
