De 1997 a la Fecha, el Registro Pasó de 67 a Poco más de dos mil Casos

El incremento de casos se debe principalmente a los cambios en la dinámica familiar cotidiana, a pérdidas familiares y a una mayor exposición a las pantallas, afirmó el doctor Miguel Ángel Flor Tinajero, Jefe del Servicio de Paidopsiquiatría del Hospital Civil Viejo/Fotos: Cuartoscuro
El número de casos de niñas, niños y adolescentes que cada año llegan al Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde” con síntomas de depresión y ansiedad se incrementó de 67 registros en 1997, a alrededor de dos mil en 2025, debido principalmente a los cambios en la dinámica familiar cotidiana, a pérdidas familiares y a una mayor exposición a las pantallas, afirmó el doctor Miguel Ángel Flor Tinajero, Jefe del Servicio de Paidopsiquiatría de dicha institución.
Este incremento refleja que la sociedad vive en constante estado de depresión, aunque el problema se agrava por la vulnerabilidad de la niñez y la adolescencia, que está en plena etapa de desarrollo de la personalidad y el proyecto de vida, agregó.
La violencia que niñas, niños y adolescentes viven en todas sus formas es la principal causa de que desarrollen problemas de salud mental, al estar expuestos a maltrato físico y emocional en el hogar, a una realidad hostil en la que son comunes el acoso escolar, las desapariciones o los asesinatos que fragmentan su estabilidad psíquica.
“Es uno de los problemas importantes que vemos en la consulta día con día, todas las violencias física, emocional, psicológica y sexual. Secuestro, desapariciones, acoso escolar, ciberbullying, problemas de violencia entre pareja que los niños perciben, situaciones de violencia en la comunidad, todo ello va a propiciar eso en los niños”, dijo.
Además, los largos periodos de soledad y ocio en casa debido a que padres y madres deben salir a trabajar, los deja no sólo sin vigilancia física, sino también sin acompañamiento emocional por parte de una persona adulta. Esto propicia que acudan a la tecnología con videojuegos, chats o páginas de internet que suelen no ser adecuados y que los expone a un nivel de violencia que les deja secuelas como si hubiesen ido a la guerra, aseguró Flor Tinajero.
“Tenemos casos de niñas, niños y adolescentes que ingresan a páginas que lastiman su mente, juegos violentos, mensajes violentos donde quedan tan marcados que empiezan con un estrés postraumático, como haber ido a la guerra. La mente ya no es igual para ese niño; entonces, empieza en cadena a tener problemas graves. Hay juegos muy muy peligrosos, como un caso que tuvimos en que el niño tenía como último reto del videojuego matar a sus padres”, advirtió.
Este impacto comienza a ser evidente con problemas del sueño, expresar mucho miedo y, en casos avanzados, depresión, ansiedad o abandono escolar porque ya no rinden en el aula.
“Lo que vemos son problemas en la escuela por las violencias, problemas en la comunidad porque son violentados, o niñas y niños que empiezan con cambios que parecieran mínimos, pero que se va a expresar cada vez más en la conducta. Lo que el niño no puede expresar con su pensamiento lo expresa con su conducta. Entre más pequeña sea la persona, más serán expresadas las emociones por su conducta, ya en la pubertad puede expresar más con las palabras”, resaltó.
En este sentido, no todos los casos llegan de manera directa a la Unidad de Paidopsiquiatría, sino que algunos acuden a urgencias con golpes o síntomas de otro tipo de violencias, y de ahí son canalizados con especialistas en psicología y psiquiatría.
La Familia Antes y Después
La familia es el núcleo en el que la niñez y adolescencia deben ser orientadas, contenidas; donde deben tener esparcimiento, pero también donde, en la mayoría de los casos, comienza la solución cuando desarrollan problemas de salud mental, si es que existe una intervención oportuna.
El HCG “Fray Antonio Alcalde” es una de las pocas instituciones públicas que ofrece hospitalización psiquiátrica infantil. De los casos que reciben cada año, entre 200 y 300 requieren de internamiento de una a dos semanas para estabilizar cuadros de agitación o ideación suicida. El éxito de recuperación alcanza 99 por ciento de los casos con una buena atención, que no se limita a la farmacología, sino que depende de la colaboración que haya entre cuerpo médico, familia y escuela.
Lo más importante es que haya una detección oportuna de los cambios en la conducta de los menores por parte de los padres, que no minimicen situaciones que antes no ocurrían y que busquen ayuda profesional médica o psicológica, aconsejó.
“Nosotros intentamos suavemente que la mamá o el papá se dé cuenta de esa conducta. Si no hay conciencia, no hay cambio. Que se dé cuenta, para canalizarlos a una terapia familiar, a un psiquiatra individual de adultos que pueda ayudarlos porque el niño está viviendo eso. El gran problema es cuando los papás no lo aceptan, y por ello el niño está en riesgo de tener un entorno de una conciencia escondida donde alguno de los papás también están con miedo o deprimidos y necesitan ayuda”, subrayó.
