Incertidumbre, estrés, ansiedad a causa del encierro: Estudio

Frustración, agobio, in­certidumbre, estrés, ansie­dad y poca esperanza en el futuro son las sensaciones más comunes que los jóve­nes universitarios han expe­rimentado en los últimos 15 meses debido al encierro por la pandemia del COVID-19, y por la migración de sus cla­ses a un formato en línea y a distancia, revela un estudio realizado a estudiantes del Centro Universitario de Cien­cias Sociales y Humanidades (CUCSH), informaron espe­cialistas de la Universidad de Guadalajara.

En conferencia de pren­sa, María Elena Hernández Ramírez, profesora investi­gadora del Departamento de Estudios de la Comunicación Social, del Centro Universi­tario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), dio a conocer los resultados de una encuesta que realizó en conjunto con José Igor Gon­zález Aguirre, profesor inves­tigador del Departamento de Sociología, y que revela que una buena parte de los estu­diantes ha sentido emociones negativas durante el aisla­miento.

El estudio refleja que la co­munidad estudiantil presenta signos de cansancio, desalien­to e incertidumbre respecto al futuro en el escenario actual de la pandemia y en víspe­ras de un potencial regreso a las aulas, incluso ante la ex­pectativa de recibir la vacuna próximamente.

La encuesta, que “no fue representativa, pero las res­puestas si son valiosas”, fue realizada en junio a estudian­tes de siete carreras del CUC­SH, en la que se evidencia que 47.1 por ciento de los jóvenes participantes han experimen­tado frustración, 41.7 por ciento agobio, más de 38 por ciento hartazgo, 31 por ciento desesperación y 30 por ciento incertidumbre.

Las principales preocu­paciones son contagiarse y afectar a sus seres queridos y regresar a las aulas antes de recibir la vacuna contra el COVID-19, explicó la espe­cialista.

La salud mental es un asun­to preocupante en este grupo, pues más de tres de cada cua­tro consideran que padecen estrés, 72 por ciento ha senti­do ansiedad, más de la mitad tiene la sensación de que no vale la pena lo que están ha­ciendo y 48.8 por ciento sien­te tristeza y una proporción similar padece insomnio.

De los 918 participantes, 40.7 por ciento afirma tener depresión y uno de ellos in­formó haber pasado por un intento de suicidio; 45.5 por ciento sabe que necesita apo­yo psicológico, pero no lo ha solicitado, en gran medida por razones de estrechez econó­mica o porque no sabe a dón­de acudir.

Hernández Ramírez des­tacó que a la mayoría les pre­ocupa el regreso a clases pre­senciales sin estar vacunados o contagiarse en el transporte público cuando deben acudir a las aulas; también se cues­tionan qué tan preparados es­tarán al salir de la carrera tras tres semestres de clases en línea.

La académica reprobó el discurso mediático y oficial en el que se acusa a los jóve­nes de ser los principales fac­tores de contagio en el inicio de una inminente tercera ola de casos de COVID-19.

“Hacemos un llamado a las instituciones que gestio­nan el control de la pandemia y la comunicación del riesgo para que se interesen en in­volucrar a las y los jóvenes y saber cómo se sienten, qué les preocupa, cuáles necesidades de información tienen y de acompañamiento, tanto para enfrentar el riesgo inmediato como para salir adelante en los años por venir. La tarea será a largo plazo, y tenemos que involucrarlos”, afirmó.

José Igor González Agui­rre, profesor investigador del Departamento de Sociología del CUCSH, recalcó que es necesario desmontar la visión adultocéntrica que culpabiliza a los jóvenes.

“Es cierto que hay un sector de la juventud que no ha respetado las medida sa­nitarias, que sigue saliendo como si no hubiera un ries­go, aunque esos casos son los menos; y que se ha demos­trado que los jóvenes tienen una fuerte responsabilidad y empatía con sus cercanos. Desafortunadamente, a esos caso que salen a fiestas es a los que más atención se les presta y se espectaculariza, y a partir de eso se genera­liza; esa sensación de que es una práctica como si fuera el común denominador de la ju­ventud”, expresó.

Recomendó a los jóvenes y sus familias recurrir a los ser­vicios de atención a la salud mental tanto en la UdeG como en otras instancias públicas y privadas, a fin de encontrar un acompañamiento que les ayu­de a gestionar sus emociones y a sobrellevar este ambiente pandémico.