“Me debato entre alimentar a mi familia o ir a la farmacia”

También ha sido mal atendido en el seguro social, algo que derivó en que se enfermara del oído, lamentó un derechohabiente del IMSS

Por Rafael Hernández Guízar

Por falta de medicamento y mala atención en el Insti­tuto Mexicano del Seguro Social (IMSS), un ciudadano tiene cada vez peor calidad de vida.

Desde hace 30 años una enfermedad le atacó, cisti­cercos que le llevaron a tener convulsiones constantes. Al acudir al seguro social, em­pezaron a controlarlo; sin embargo, recientemente le han dicho que no hay me­dicina y al no contar con el dinero, en ocasiones ha de­jado de medicarse, algo que lleva en picada su salud y la posibilidad de mantener a su familia.

“Me dicen ‘espérate den­tro de una semana o quince días y ya va a haber medi­camento’, voy y no hay, yo por necesidad al no surtír­melo el seguro social tengo que comprarlo en la farmacia y me sale muy caro, no me ajusta para poder comprarlo, es algo para lo que no tengo para hacer inversión”, dijo en torno a las incontables oca­siones en las que le han dicho en su clínica que no hay me­dicamentos.

Esto h sucedido en la clí­nica 58 del iMSS, la cual se encuentra enfrente de del Parque San Rafael, al oriente de esta ciudad capital.

Tuvo que endeudarse para lograr atención médica, pues tampoco le han dado un diag­nóstico adecuado, prueba de esto es una infección en los oídos que en el IMSS le dije­ron que no tenía y que al cabo de unos días no le dejaba si­quiera estar en pie.

“El médico particular me dijo que estoy mal, que se ha controlado un poco lo que tengo, la enfermedad pero que ahora tengo una infec­ción en los oídos, y en el se­guro social me dijeron que no tenía nada, es en el médico de las farmacias similares donde me detectaron esto y me rece­taron medicina muy cara por cierto, y ahora no me puedo ni exponer al sol porque me pongo mal”.

De nueva cuenta, perdió su trabajo a causa de su mala salud. Tiene 57 años de edad y se debate constantemente entre darles de comer a sus familiares o comprar medi­cina.

Cuando ha pedido apoyo en la clínica del IMSS para que le cumplan con el abasto de medicina le dicen siempre lo mismo: “Me dicen que no está en sus manos, que si no hay medicamento ni modo, que no es algo que ellos pue­dan arreglar. Pero si yo no lo tomo me pongo mal”.

Desesperado, pidió apoyo a las autoridades en general, para que le den una solución y para que desde el gobierno federal vean este tipo de ca­sos, puesto que casi siempre quedan en el silencio y la impunidad los malos tratos y desabasto de medicina que llevan a la pérdida de vidas humanas.