Te arrancan tu dignidad: Ex interno
Por Rafael Hernández Guízar

Es indispensable que los centros de rehabilitación sean realmente inspeccionados por las autoridades municipales y estatales, pues se cometen abusos en contra de las personas que tratan de superar sus adicciones/Fotos: Francisco Tapia
En los centros de rehabilitación se vive un infierno, los maltratan y casi los matan de hambre, reveló ayer un ciudadano que fue llevado a la fuerza y recluido ahí por 12 meses.
Por temor a represalias pidió el anonimato, indicó que se trata d un centro de rehabilitación que se encuentra en el Zapote, en Tlajomulco de Zúñiga, sitio en el que incluso se le amenazaba para que no dijera nada de lo pasaba a sus familiares: “pues porque ahí se quedaban contigo, no podías ni decir nada, pero fue un infierno, no tenías ni tiempo para ir al baño, te daban un minuto para bañarte, un minuto para ir al baño, si no aceptabas algo te pegaban con tablas”, dijo.
“Te agarraban y te decían que eras un pendejo, que no valías nada, te querías revelar y te daban de madrazos, y luego te tenían ahí trabajado y no te pagaban, de decían que cómo te iban a dar algo si estabas encerrado, eres interno, y yo lo que le quiero decir a las personas que se fijen bien a dónde los llevan, porque es algo que te hace que tengas trastornos, hay violaciones, hay desmadre y medio”.
Y fue más allá: “Hay temáticas bien culeras, te meten a un tambo y te escupen, todos lo que pasan te escupen, te golpean, no te dan ni de comer, a mí me tocó ver cómo hay personas que quedaban mal de sus facultades mentales, yo me escapé porque esas personas han desarrollado un modelo para enganchar a la gente, yo tengo ya casi tres años que me escapé y todavía me siento trastornado por lo que viví”.
Agregó que vivía hacinado, vejado, golpeado, algo que lo llevó a la desesperación total y que tras tres años, le persigue todos los días.

“Hay personas que quedaban mal de sus facultades mentales, yo me escapé porque esas personas han desarrollado un modelo para enganchar a la gente, yo tengo ya casi tres años que me escapé y todavía me siento trastornado por lo que viví”, explicó el entrevistado
“Era una casa que apenas tenía capacidad como para unas 15 personas, y estábamos casi 100, dormíamos en el suelo, y para ir al baño no podías más que ir una vez al día, te daban dos cuadritos de papel para que fueras y ya, no te daban más, y como te digo, te agarran a tablazos, todo el pinche día con pura terapia, te levantabas a las seis de la mañana y te acostabas a las 12, todos los días”.
La comida que les daban era raquítica, caldo de cebolla, tres tortillas y a veces, un poco de avena o sopa de arroz, verdura que estaba echada a perder, y agua.
Para esta persona, es indispensable que los centros de rehabilitación sean realmente inspeccionados por las autoridades municipales y estatales: “Mire, que los revisen el Consejo Estatal contra las Adicciones, y que realmente se fine que tengan cosas buenas para la gente porque aquí decían que había psicólogo por ejemplo, pero a mí el día que me metieron me dijeron que me iban a pasar a hablar con la psicóloga después de llenar un formulario taparon con una cobija, y lo que me hicieron fue agarrarme a madrazos con una tabla, esa fue mi psicóloga”.
