Atípica celebración de Semana Santa

En Tonalá varios recintos religiosos permanecieron abiertos, aunque con normas de higiene

Por Rafael Hernández Guízar

Fotografía relevante a la nota.

En Tonalá estos centros de culto se encontraban abiertos para la feligresía, aunque con muchas restricciones para evitar focos de contagio, tales como la sana distancia, el tapete sanitizante y el uso de cubrebocas/Foto: Francisco Tapia

Pese a que se había pedido por las autoridades que no se visitaran los templos como es la tradición católica durante la Semana Santa, fieles cató­licos visitaron ayer templos del municipio de Tonalá.

Estos centros de culto se encontraban abiertos para la feligresía, aunque con mu­chas restricciones para evitar focos de contagio.

“Pues sí entramos ya aquí a la plaza, ahorita vamos a visitar los otros templos, y pues hay cintas amarillas, para evitar que se aglomere la gente, de todos modos hay muy poca gente”, dijo una de las entrevistadas ayer por este reportero.

“Ya es una tradición y es algo que se acostumbra en la iglesia, y pues qué bueno que sí se pudo porque estaban di­ciendo que no se iba a poder que por lo de la pandemia, entonces pues bueno, aprove­chando que hay manera aquí en Tonalá, pues aquí veni­mos”, agregó.

–¿No vie en Tonalá usted?

–No, vivimos en Tlajo­mulco, pero allá son bien estrictos, allá está todo cerra­do porque están muy al pen­diente de lo de la pandemia, entonces pues no quisimos ni arriesgarnos, mejor nos veni­mos a Tonalá y sirve que nos damos una vuelta y comemos unas empanadas.

Afuera de los templos, se ofrecían también cirios pas­cuales, velas que se usan den­tro de la denominación católi­ca para hacer ofrendas a Dios y a los distintos santos que hay en esa religión.

Entramos a uno de los tem­plos y en efecto, vimos que estaba siguiendo las medidas sanitarias: había aforo limita­do, tapete sanitizante y gel an­tibacterial para las personas.

Se exigía también el uso obligatorio del cubrebocas. Pero las personas son las que cometían actos negligentes y muchos, ni siquiera lo traían, por ello, quienes ofrecían cu­brebocas a la venta, tenían flujo en su negocio.