Científicos de la UdeG hacen usos tecnificados de biomasa

Si fuera poco el bagazo que la industria tequilera ge­nera, pues se degrada, pero cuando desechan en demasía, los microorganismos del sue­lo no tienen capacidad para degradar toneladas de bagazo de agave, y como la degrada­ción es tan lenta se forman lixiviados que pueden conta­minar aguas subterráneas y el subsuelo

Si fuera poco el bagazo que la industria tequilera ge­nera, pues se degrada, pero cuando desechan en demasía, los microorganismos del sue­lo no tienen capacidad para degradar toneladas de bagazo de agave, y como la degrada­ción es tan lenta se forman lixiviados que pueden conta­minar aguas subterráneas y el subsuelo

Con el fin de contribuir al bienestar del medio ambiente, académicos de la Universidad de Guadalajara (UdeG) de­sarrollan tres proyectos enfo­cados en elaborar membranas para filtración con bagazo de agave; aspas con olote para generadores de energía eólica, además de biogás, con ambos materiales, afirmó la doctora Belkis Coromoto Sulbarán Rangel, académica del Centro Universitario de Tonalá (CU­Tonalá), quien participa en los proyectos.

“Tratamos de darle un uso tecnificado a la biomasa”, dijo, y agregó que después de la extracción del tequila, queda el bagazo, un residuo que usualmente es desecha­do; pero como la producción de esa bebida es muy alta, hay grandes volúmenes de ese re­siduo, entonces se convierte en un problema ambiental, y la idea es darle un uso.

La investigadora detalló que si fuera poco el bagazo que la industria tequilera ge­nera, pues se degrada, pero cuando desechan en demasía, los microorganismos del sue­lo no tienen capacidad para degradar toneladas de bagazo de agave, y como la degrada­ción es tan lenta se forman lixiviados que pueden conta­minar aguas subterráneas y el subsuelo.

En cuanto al olote o lo que queda de la mazorca una vez que se desgrana el maíz, sir­ve de alimento para el ganado o como fertilizante, pero en otros casos no se aprovecha. Y una manera de hacerlos úti­les, tanto al olote como al ba­gazo de agave, es obteniendo biogás de uno u otro, después de un proceso denominado codigestión anaerobia.

Para ello, el olote o resi­duos de agave son mezclados con estiércol de ganado o de cualquier animal, además de líquido conformado por agua y orina de ganado, en propor­ciones de 30 por ciento cada uno, y tomando a los líquidos como un solo ingrediente.

La mezcla es colocada en biodigestores, reactores que se pueden hacer de manera ar­tesanal en las fincas campes­tres, y que suelen ser de forma cilíndrica. “En nuestro caso, como investigadores de la UdeG, tenemos un reactor de laboratorio, es pequeño, tiene capacidad para cinco litros de mezcla, pero se podría hacer uno al cual le cupieran 50 li­tros, depende de los residuos que se generen”, subrayó Sul­barán Rangel.

Después hay un periodo de incubación para que los microorganismos generen el biogás. Éste puede ser produ­cido en 15 días, y hay que ir agregando más olote o dese­cho de agave y estiércol para que se siga produciendo.

Mediante una conexión con una tubería, el biogás pue­de alimentar una cocina o una caldera para generar calor.

El objetivo de este proyec­to es aprovechar los residuos que se generan en un rancho o en el medio rural. De manera que pueda ser generada ener­gía de combustión para calde­ras o estufas de las casas.

“El biogás, al igual que el gas LP, se puede almacenar en un recipiente para ser utilizado posteriormente”, informó la investigadora del CUTonalá.

Lo que queda de los mate­riales mezclados puede utili­zarse después como abono, ya que es rico en nutrientes.

Otras maneras de aprovechar agave y olote

Al bagazo y al olote se les puede hacer otro trata­miento para obtener celu­losa, con la cual puede ser producido, en el primer caso (agave), membranas para hacer filtración en sistemas de tratamiento de aguas.

Una vez desechadas las membranas, pueden degra­darse en aproximadamen­te un mes. Usualmente las membranas se hacen de plás­tico, a partir del petróleo, y pueden tardar alrededor de diez años o más tiempo en degradarse, ya que son de material sintético.

Hasta el momento, las membranas han tenido ren­dimientos mayores a 90 por ciento con algunos metales pesados como el hierro y el cromo, “y queremos probarlas con arsénico”.

La celulosa que se obtie­ne del olote es mezclada –por los investigadores– con plás­tico para hacer material de refuerzo que se puede utilizar para sustituir las aspas de los aerogeneradores productores de energía eólica (a partir del viento).

Sulbarán Rangel explicó que los aerogeneradores son esas torres altas que tienen aspas que dan vuelta, pero éstas suelen ser de materiales que no son biodegradables, y luego que termina su vida útil, son desechadas y generan re­siduos. “La idea es hacer un material que tenga propieda­des biodegradables”, dijo.

En el caso de las aspas, el material puede biodegradarse 60 por ciento más rápido que los materiales convencionales que son utilizados, hasta lo que se lleva de investigación. Los materiales convenciona­les, cuando son resinas sinté­ticas derivadas del petróleo, pueden tardar unos 80 años en biodegradarse. “Nuestra idea es que el material cumpla la función de generar energía eólica, pero cuando ya sea desechado se pueda reciclar o degradar”, resaltó.

La investigadora explicó que los académicos involucra­dos en los proyectos siguen in­vestigando para perfeccionar los productos, con la posibi­lidad de ser comercializados. En el caso de las membranas hay que probarlas con diver­sos tipos de contaminantes.

Participan también en los proyectos los doctores Ke­lly Joel Gurubel Tun, Aída Alejandra Guerrero de León y Víctor Hugo Romero Are­llano, académicos del CUTo­nalá; además de la doctora Florentina Zurita Martínez, del Centro Universitario de la Ciénega (CUCiénega).