Prefieren bajar la cortina, por falta de clientes

Por Rafael Hernández Guízar

Decenas de comercios de la plaza cercana a la Central Nueva están cerrados, ante la escasez de clientes, pues si bien pasan personas por el lugar, muy pocas se detienen a consumir/Fotos: Francisco Tapia

Decenas de comercios de la plaza cercana a la Central Nueva están cerrados, ante la escasez de clientes, pues si bien pasan personas por el lugar, muy pocas se detienen a consumir/Fotos: Francisco Tapia

Locatarios de los alrede­dores de la Central Camio­nera Nueva prefieren cerrar sus negocios ante la falta de clientes.

La plaza comercial que se ubica en las afueras de la central camionera que antes era muy próspera, ahora se ha convertido en un sitio desola­do en donde los locatarios a veces no logran siquiera com­pletar para los gastos, situa­ción que ha recrudecido con la pandemia de coronavirus.

“Es la situación que es­tamos viviendo, mire pasa mucha gente pero la gente no tiene dinero, es la economía mala del país. Por ejemplo yo antes vendía 200 panes por día, ahora no vendo ni la mitad, estoy vendiendo alre­dedor de 50 a 60 panes, antes los vendía en seis horas, aho­ra tardo hasta 12 horas. Las ventas están carísimas, están en 8 mil pesos los locales más chicos, por lo cual pues tenemos que solventar gastos de agua, la renta, la luz, los empleados y no sale. Es por eso que muchos negocios mejor optamos por cerrarlos, para no tenerlos abiertos por­que ya no salen los gastos”, dijo Víctor Manuel, uno de los locatarios entrevistados por Página 24.

Agregó que no han recibi­do ningún tipo de ayuda por parte del gobierno estatal y menos, del gobierno munici­pal de San Pedro Tlaquepa­que, pues este último no les quiso ni siquiera condonar el pago de los permisos durante la pandemia.

“Yo abro de las ocho de la mañana a las ocho de la noche, es todo el día para ga­narme 200 pesos, 250 cuando mucho. Y si no vendo pues no gano, y no como. Si usted se queda aquí una hora va a ver que pasan como 100 per­sonas, pero de esos cuando mucho uno o a veces ninguno compra, es la situación por­que muchos están desemplea­dos, pues qué tristeza porque el gobierno prometió apoyar­nos pero nada. Yo metí tres veces la solicitud y no nos llamaron”.

El simple hecho de ir a trabajar para ellos supone un gasto que a veces no re­sulta costeable: “Aquí para todo gastamos, la comida, todo, hasta para ir al baño, que nos cobran cinco pe­sos”, lamentó.

Por cierto que una gran cantidad de locales han cerra­do de forma definitiva y esto, abona también a un clima de inseguridad.