Acusa la Iglesia católica en GDL:

Por Rafael Hernández Guízar

“El nuevo socialismo no es que en realidad busque que todos seamos iguales, incluyendo, por supuesto, a los gobernantes, sino que, en medio de esa supuesta y pretendida igualdad, los que están en el poder siempre saldrán ganando”, tronó la Iglesia católica sobre las políticas públicas del Presidente López Obrador/Foto: Archivo Cuartoscuro

“El nuevo socialismo no es que en realidad busque que todos seamos iguales, incluyendo, por supuesto, a los gobernantes, sino que, en medio de esa supuesta y pretendida igualdad, los que están en el poder siempre saldrán ganando”, tronó la Iglesia católica sobre las políticas públicas del Presidente López Obrador/Foto: Archivo Cuartoscuro

La iglesia católica en Guadalajara consideró que los derechos humanos se han domesticado y que México padece un nuevo socialismo disfrazado.

A través de una publica­ción en el sitio de internet del periódico el Semanario de Guadalajara, la arquidióce­sis fijo postura en torno a la manera en que hoy suceden las cosas en el país, con la política de “austeridad” que el presidente de la República Andrés Manuel López Obra­dor se dirige a todos, promul­gando la pobreza como una grandeza y “estilo de vida”.

“En nuestro país se han ido cancelando los derechos, poco a poco, y sólo se con­ceden obligaciones, a veces, incluso, presentándolas como derechos. Los ciudadanos pueden seguir teniendo de­recho a comer, pero el go­bierno dice cuánto; pueden seguir teniendo derecho a la salud, pero el gobierno dice de qué forma, y de acuerdo a sus estadísticas; pueden se­guir teniendo derecho a vivir pero el gobierno dice en qué condiciones; pueden seguir teniendo derecho a hacer ne­gocios y obtener utilidades, pero el gobierno pone los lí­mites; pueden seguir teniendo derecho a estudiar, pero el go­bierno dice en qué términos, en cuáles universidades y en qué escuelas; pueden seguir teniendo derecho a exigir de­rechos, pero el gobierno indi­ca cuáles son los principales derechos, no los objetiva y son universalmente válidos; se sigue teniendo derecho a protestar, pero el gobierno de­cide de qué forma y qué res­ponder, pensando en agradar a los que tiene cautivos”.

Pero fue más allá y dejó entrever cómo el hecho de que una persona trate de sobresalir y consiga tener un patrimonio, le pone en una situación de des­ventaja social que se ha promo­vido desde el gobierno.

“Para los trabajadores y para los que promueven el empleo esto desanima porque nunca mejorará su situación; se trabajar para sobrevivir, no para mejorar. Por más que trabajen, no alcanzarán, por legítimos méritos, un estilo de vida diferente, porque si sobresalen, o son acusados de que cometieron algún delito para estar así, porque ¨tienen más” que los otros, o se les confiscará ‘el exce­so’ de bienes. Situaciones así convienen a los que son flojos, a los ninis por convic­ción, porque siempre habrá alguna dádiva de gobierno que les alcance, entre las mu­chas que han proliferado. Y estos, aunque no mejore su situación de vida, se confor­marán con lo que tienen, no aspirarán a más, porque, por otra parte, ¿para qué?, se los podrán quitar algún día. Este ‘estilo’ de vida es lo que di­ríamos se identifica con un nuevo socialismo. Nuevo so­cialismo y no. Sí, porque bá­sicamente siguen los mismos criterios de siempre, pero no, porque se aplica de diferen­te forma, se ha tropicalizado para México”.

Según la publicación, esta forma de gobierno ha venido a tomar las bases del socia­lismo que en otros países se aplicó durante muchos años, incluso que sigue siendo el modelo vigente.

“El nuevo socialismo no es que en realidad busque que todos seamos iguales, inclu­yendo, por supuesto, a los go­bernantes, sino que, en medio de esa supuesta y pretendida igualdad, los que están en el poder siempre saldrán ganan­do. ¿Hemos mejorado en no corrupción? ¿Nicolás Maduro es igual de pobre que sus ciu­dadanos, sufre porque no hay medicinas, le batalla para en­contrar el alimento que necesi­ta, suda por conseguir el pan? ¿Stalin experimentó, como el primero entre iguales (así se decía él), las mismas angustias que sus compatriotas y co­rrían el mismo peligro de ser perseguidos? ¿Castro tenía los mismos pocos bienes que sus camaradas?