El priísmo de la nueva escuela

Por Patricia Mayorga

La “nómina secreta” fue localizada en el cateo a una de las residencias de Duarte, a quien hasta ahora le han asegurado 22 propiedades y siete ranchos/Foto: Cuartoscuro

La “nómina secreta” fue localizada en el cateo a una de las residencias de Duarte, a quien hasta ahora le han asegurado 22 propiedades y siete ranchos/Foto: Archivo Cuartoscuro

Julio 12, Ciudad de Méxi­co (apro).- La captura de César Horacio Duarte Jáquez el miércoles 8 en Miami, en una de sus 50 propiedades –que presuntamente adqui­rió con prestanombres o por familiares en Florida, Texas y Nuevo México–, removió las piezas políticas locales y nacionales de la red de co­rrupción que tejió cuando fue gobernador de Chihuahua, del 4 de octubre de 2010 al 3 de octubre de 2016.

Durante su gestión, el priista Duarte saqueó las ar­cas públicas de la entidad. Lo hizo con el apoyo del Congreso local, cuyos legis­ladores aprobaron reformas legislativas en materia de seguridad y finanzas. En su sexenio adquirió ranchos y ganado exótico, incluso creó una institución fiduciaria lla­mada Unión Progreso, que se convirtió en banco desde el cual se hicieron escandalosos manejos de divisas.

Duarte colocó a familiares y conocidos en las secretarías de Hacienda, Salud, Comu­nicaciones y Obras Públicas, Desarrollo Rural, Educación y la coordinación de Comu­nicación Social para cometer sus tropelías.

Su sucesor en el cargo, el panista Javier Corral Jurado, emprendió la operación Sa­neamiento Financiero (Safi­ro) mediante la cual detectó la red de corrupción en la cual, según las indagatorias, varios gobiernos estatales de filia­ción priista participaron en la desviación de fondos para el financiamiento de campañas políticas para el PRI, partido en el que militaba Duarte.

Tras la detención del ex­mandatario, el titular de la Fiscalía General de Chihu­ahua, César Augusto Peniche Espejel, adelantó que en las próximas semanas solicitará se activen las más de 40 ór­denes de aprehensión contra otros presuntos responsables de la red de corrupción me­diante la cual Duarte desvió miles de millones de las arcas estatales.

Corral Jurado comentó que ya hay carpetas de investiga­ción contra quienes protegie­ron a Duarte, que incluyen a legisladores, políticos de varios partidos, empresarios e incluso representantes del clero, pues el duartismo en Chihuahua no fue privativo del PRI.

Las indagatorias irán has­ta las últimas consecuencias contra quienes estaban en “la nómina secreta”, entre ellos el senador por Morena Cruz Pé­rez Cuéllar, dirigente del par­tido Movimiento Ciudadano en la época duartista y antiguo militante del PAN en la enti­dad; otra presunta implicada es la alcaldesa de la ciudad de Chihuahua, la panista María Eugenia Campos Galván.

Pérez Cuéllar y Campos Galván son prospectos de sus partidos para ser candidatos a la gubernatura en 2022.

La “nómina secreta” fue localizada en el cateo a una de las residencias de Duarte, a quien hasta ahora le han ase­gurado 22 propiedades y siete ranchos.

Los procesados

El proceso penal por el desvío de 250 millones de pe­sos que se le sigue al exgober­nador priista se encuentra en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) porque el presidente Enrique Peña Nieto trató por todos los medios de proteger a Duarte, quien fue presunto operador de Manlio Fabio Beltrones Rivera cuan­do el sonorense estuvo al fren­te del PRI nacional.

Por el caso Duarte has­ta ahora han sido procesados Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, quien fungió como secreta­rio general del PRI cuando se cometieron los desvíos para financiar campañas políticas. Se le acusa de gestionar los 250 millones de pesos para el gobierno estatal a través de la Secretaría de Educación y Cul­tura en el sexenio duartista y de buscar empresas que simularan contratos para desviar el dine­ro hacia campañas electorales en diferentes estados.

Los otros son Ricardo Yáñez Herrera, secretario de Educación, Cultura y Depor­te de Chihuahua durante la gestión de Duarte; Enrique Antonio Tarín García –sobri­no de Duarte, quien enfrenta 10 procesos penales–, director de Adquisiciones y Servicios de Hacienda durante la ges­tión del priista; Karina Areli Jurado Bafidis, directora de Administración de la Secre­taría de Educación, Cultura y Deporte, y Gerardo Ville­gas Madriles –otro sobrino de Duarte–, quien fue director de Administración de Hacienda estatal.

De acuerdo con las decla­raciones de los procesados, en la operación del desvío de re­cursos participaron Beltrones Rivera, quien era presidente del PRI nacional en ese tiem­po, así como funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y del Servicio de Administración Tributaria.

En la audiencia contra Gu­tiérrez, Yáñez Herrera –quien fue sentenciado en juicio abreviado a cuatro años de prisión por la misma causa pe­nal– declaró que esquemas de corrupción similares para el desvío de recursos hacia cam­pañas del PRI se utilizaron en Puebla, Veracruz, Tamaulipas, Durango y Sinaloa.

Durante la gestión de Peña Nieto, la SHCP presionó al gobierno de Chihuahua me­diante la suspensión de par­tidas presupuestales en 2018, para obligar a Corral a dar información sobre la inves­tigación que realizaba por el desvío de recursos a campa­ñas electorales.

Otros actores

Para el activista y abogado Jaime García Chávez, quien presentó la primera denuncia contra Duarte, su tesorero Jai­me Herrera Corral y contra el exdiputado federal Carlos Hermosillo Arteaga, el gobier­no de Corral encubre a uno de los principales operadores de la red de corrupción, a través del criterio de oportunidad.

“El raterazo” era César Duarte, dice, pero el cerebro de las operaciones financie­ras era su secretario de Ha­cienda: Jaime Herrera Corral; incluso hay dos acuerdos en­tre Herrera y el gobierno de Chihuahua, con la figura de “criterio de oportunidad”.

Otro excolaborador de Duarte cuyo nombre todavía no aparece en los procesos penales, aun cuando ha sido señalado en investigaciones periodísticas y de organi­zaciones civiles, es Pedro Hernández Flores, quien fue secretario de Salud y director del Instituto Chihuahuense de la Salud.

En esta última dependen­cia varios empleados también fueron señalados por utilizar a las empresas Ymmarsa, Servicios y Almacenes Mé­dicos K, así como Fritag, Comercialización y Adminis­tración de Franquicias Inter­nacionales, entre otras.

Los dueños de Ymmarsa Pharmaceutic eran Juan Hi­ram y Jesús Miguel Márquez Rodríguez. Ambos confirma­ron que compartían domicilio fiscal con negocios del enton­ces gobernador Duarte (Pro­ceso 2075).

Ellos eran proveedores de los gobiernos de Duran­go, Coahuila, Aguascalien­tes, Tabasco y Nuevo León. Durante la gestión de Duarte expandieron la cadena de far­macias Economik. No obs­tante, cuando se dio a conocer el conflicto de intereses con Duarte, Juan Hiram y Jesús Miguel vendieron la cadena y las empresas Ymmarsa y Ser­vicios y Atenciones Médicas K al empresario Eduardo Al­meida Navarro.

Otro primo de Duarte, Everardo Medina, quien fue subsecretario de Comunica­ciones y Obras Públicas, así como encargado del  desarro­llo del proyecto de Ciudad Ju­dicial –de cuya construcción se desviaron recursos públicos y se utilizó dinero de la deuda de Chihuahua– también está señalado.

En una situación similar se encuentra Gabriel Sepúlveda Reyes, presidente del Tribunal Superior del Estado durante el gobierno de Duarte y diputa­do del PRI en la primera le­gislatura de la era duartista (Proceso 2079)

El hijo de Duarte, César Adrián Duarte Gómez, quien presuntamente tiene propie­dades en Quintana Roo, tam­bién fue exhibido como dueño de una concesión minera por 50 años, obtenida durante el mandato de su papá, para ex­plotar un predio en el muni­cipio de Balleza, de acuerdo con la Coordinación General de Minería de la Secretaría de Minería.