Por Rodrigo Vera

Abril 25, Chalco, Estado de México (apro).– Pre­viendo ya una hambruna en las zonas más marginadas del país, debido al colapso económico provocado por el coronavirus, la Iglesia cató­lica comienza a implementar el programa Redes Vecina­les de Solidaridad (Reves), el cual consiste en que cada parroquia organice a su co­munidad para proveer de ali­mento, medicinas y atención sicológica a la población más vulnerable.

Las Reves, anunciadas por la Conferencia del Episcopa­do Mexicano (CEM) el vier­nes 3, parten de la idea de que son las propias comunidades las que se encargarán de la “recolección de víveres” para ayudar a sus miembros “más necesitados”, ya que el go­bierno de Andrés Manuel Ló­pez Obrador no podrá por sí solo afrontar la crisis.

El religioso jesuita Jorge Atilano González Candia, principal impulsor del pro­yecto, comenta: “Las Reves se sustentan en la cultura de la solidaridad del pueblo mexi­cano; el compartir lo nues­tro con el más necesitado, el apoyarnos mutuamente en tiempos difíciles. Apostamos a que, a través de las parro­quias, se pondrá en marcha la capacidad de las propias comunidades para afrontar la actual crisis económica”.

González Candia señala que desde las parroquias se impulsará la llamada “econo­mía solidaria”, que la Iglesia ya implementa en algunos ba­rrios populares.

“La economía solidaria promueve el consumo local, tanto de productos como de servicios. Le da prioridad a los oficios y a los pequeños comercios de la gente del lu­gar”, explica.

El gobierno de la Cuarta Transformación, aclara, “no podrá por sí solo afrontar los estragos de la actual parálisis económica. Se necesita el es­fuerzo de todos: empresarios, organizaciones civiles, go­biernos, población en general y obviamente que también de nosotros en la Iglesia, que ahora empezamos a imple­mentar estas redes de solida­ridad”, dice.

–¿Cómo surgió el proyec­to de las Reves?

“Surgió durante una re­unión que tuvimos los miem­bros de la Compañía de Jesús, el pasado 23 de marzo, en nuestra casa provincial. Ahí analizamos cómo apoyar a la población, y llegamos a la conclusión de que, más que con colectas, era promovien­do la solidaridad. Ya tenemos experiencia en crear redes ve­cinales enfocadas al tema de la seguridad. Ahora las enfo­caremos al acopio de alimen­tos”.

Luego la Compañía de Jesús designó a González Candia como encargado del programa por su experiencia en la reconstrucción del tejido social en varios municipios del país afectados por la vio­lencia, a través del programa Jesuitas por la Paz.

Días después de esa re­unión, cuenta, la CEM tam­bién decidió aplicar el pro­grama a través de Cáritas Mexicana, por lo que pidió la asesoría y la colaboración de la Compañía de Jesús. De esta manera, para echar a andar las Reves en todo el país, la CEM podrá utilizar su infraestruc­tura: siete mil 500 parroquias distribuidas en 98 diócesis, cerca de 14 mil sacerdotes diocesanos y tres mil sacer­dotes religiosos, aparte de las oficinas que Cáritas tiene en 850 de esas parroquias.

El viernes 3 de abril la CEM publicó el documento en el que menciona las accio­nes que realizarán las Reves, cuyo objetivo, dijo, es dar los “cuidados comunitarios que requerimos para que ninguna persona quede desprotegida”.

Las actividades de las Reves son monitorear la si­tuación de los vecinos más vulnerables; colaborar en la satisfacción comunitaria de las necesidades básicas de ali­mentación, medicinas y segu­ridad; ayudar a una distribu­ción solidaria de los posibles apoyos gubernamentales o eclesiales; construir una red de apoyo emocional para pre­venir crisis de depresión, pá­nico o estrés; ubicar familias con antecedentes de violencia doméstica y tender redes de comunicación afectiva.

La Etapa de Acopio

En el empobrecido muni­cipio mexiquense de Chalco, pegado a la mancha urbana de la Ciudad de México, la Iglesia ya implementa las Reves en la parroquia de San Ignacio de Loyola.

Raúl Vázquez, párroco del templo, comenta:

“Nuestra parroquia da ser­vicio a unos 63 mil habitantes distribuidos en 12 colonias de Chalco y Valle de Chalco. Para atenderlos, contamos con 14 capillas, cinco sacer­dotes y seis religiosos jesui­tas”.

Indica que 40 por cien­to de los pobladores econó­micamente activos viajan a diario a la Ciudad de Méxi­co a trabajar como albañiles, obreros, choferes, empleadas domésticas o trabajadores de oficina. Y el restante 60 por ciento vive del comercio am­bulante en la misma zona de Chalco.

“Mucha gente se está que­dando sin empleo y sin ingre­sos a causa del coronavirus. Las cosas aquí se pondrán muy duras. Por eso nos esta­mos preparando”, dice el sa­cerdote.

Y entra a un local en cuya fachada hay un letrero que se­ñala: “Banco de alimentos, se aceptan donaciones”. En su interior, encima de una larga mesa, se alinean bolsas con frijol, arroz, sal, azúcar, ave­na, lenteja…

En las paredes hay estan­terías donde se colocaron la­tas de sardina y atún, botellas de aceite, jabones, cartones de leche, paquetes de Maicena y otros productos.

Cuatro muchachas con tapabocas, integrantes de la Red Juvenil de Acopio de la parroquia, reciben y enlistan las donaciones.

“Estamos en la etapa de acopio de alimentos. Vamos a armar despensas con estos ví­veres donados por los propios pobladores”, explica el padre Raúl.

Al almacén entra un hom­bre enviado por los dos ras­tros de la zona, y les entrega 200 boletos cuadrangulares de color amarillo, con un se­llo estampado.

–Por cada boleto, en los rastros les vamos a regalar un pollo. Pueden ir a recoger sus pollos conforme los vayan necesitando –les informa el matancero.

Terapias Grupales

Seis comisiones parro­quiales instauró el padre Raúl para sortear la crisis: la inte­grada por los coordinadores generales, quienes elaboraron el censo de la población más vulnerable; la comisión de acopio y distribución de víve­res, integrada sólo por jóve­nes; la encargada del “banco de alimentos”; la comisión de salud, con su centro de medi­cina alternativa; la comisión de “perifoneo vecinal”, que cuenta con triciclos y bocinas para vocear por las calles las disposiciones de las autorida­des sanitarias; y, finalmente, la comisión de búsqueda de apoyos externos.

Entusiasmado, refiere el padre Raúl:

“Cada día se nos suma más gente. Por ejemplo, los grupos de Alcohólicos Anóni­mos y Neuróticos Anónimos pusieron sus locales a nuestra disposición, ya los estamos aprovechando para realizar terapias grupales”.

El padre Raúl señala que, ante la pandemia, la Iglesia ahora se ve obligada a traba­jar a marchas forzadas para apoyar a la población.

“El coronavirus agarró a la Iglesia desprevenida, con la guardia baja, pues descui­damos mucho la labor social por centrarnos en lo litúrgi­co”, reconoce.

Al igual que en la de Chal­co, en otras parroquias del país ya se empiezan a imple­mentar las Reves. González Candia menciona algunas de Chiapas, Puebla y el Estado de México.

“Y nos están pidiendo apoyo y asesoría algunas pa­rroquias de los estados de Jalisco, Veracruz y Guanajua­to…. Ojalá y las Reves puedan expandirse ampliamente en las distintas diócesis”.