Que sean más accesibles: Especialista de la UdeG

Investigadores de la UdeG encontraron que ciertos colorantes tienen capacidad de convertir energía solar en energía eléctrica, pero se requiere hacer cambios o modificar la estructura química para incrementar la eficiencia/Foto: Cortesía

Investigadores de la UdeG encontraron que ciertos colorantes tienen capacidad de convertir energía solar en energía eléctrica, pero se requiere hacer cambios o modificar la estructura química para incrementar la eficiencia/Foto: Cortesía

Lograr una mayor eficien­cia en las celdas solares or­gánicas para la conversión de energía solar en energía eléc­trica, es uno de los objetivos del “Estudio electroquímico de colorantes fotosensibles con aplicación a celdas sola­res”, proyecto en el que está involucrado el doctor Pablo Daniel Astudillo Sánchez, aca­démico del Centro Universita­rio de Tonalá (CUTonalá) de la Universidad de Guadalajara.

Para ello, el investigador está enfocado en la modifica­ción de la estructura química de tres colorantes fotosensi­bles o sensibles a la luz, que son de manufactura econó­mica: rojo disperso 60; rojo disperso 1 y ácido carmínico. Los dos primeros son de ori­gen textil y el tercero se ob­tiene de la cochinilla, un in­secto que puede encontrarse en algunas cactáceas.

Astudillo Sánchez encon­tró que estos colorantes tienen capacidad de convertir ener­gía solar en energía eléctrica, pero se requiere hacer cam­bios o modificar la estructura química para incrementar la eficiencia, y en eso está con­centrado: en la modificación química, explicó.

La eficiencia en estas cel­das depende de cómo funcio­na el colorante, y la va a de­terminar el hecho de qué tan rápida hace la conversión de la luz solar a electricidad. Dijo que hacer la modificación, así como las pruebas con la mo­lécula modificada y verificar su comportamiento, podría requerir un año o más.

Los colorantes fotosensi­bles son responsables, en una celda solar orgánica, de la conversión de energía solar a energía eléctrica. “Si esa cel­da no tiene colorante no se da esa conversión”, informó.

Detalló que las celdas es­tán constituidas por dos elec­trodos transparentes, que son conductores eléctricos. “Se trata de un arreglo tipo sánd­wich, ya que entre los dos electrodos se encuentra una solución electrolítica (con sal), que es donde se inserta el colorante”.

“Hay varios tipos de cel­das solares –abundó–. Las más comerciales son de si­licio, uno de los elementos más abundantes de la Tierra. Sin embargo, se requiere sili­cio de alta pureza para cons­truirlas y lograrlo no es nada barato”. Las celdas solares orgánicas son las que menos eficiencia poseen de todas las que hay, agregó.

Lo que los investigadores buscan es que las celdas so­lares orgánicas sean más co­merciales y competitivas, en comparación con las que son de silicio.

Los tres colorantes inves­tigados, una vez concluida la modificación química, serán sometidos a pruebas elec­troquímicas para comprobar que mejoraron en eficiencia, y después serán enviados al doctor Marco Leopoldo Gar­cía Guadarrama, del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías (CU­CEI), para que compruebe físicamente el desempeño en una celda solar.

El proyecto inició hace tres años, y surgió debido al interés del académico por estudiar la estabilidad de los colorantes con técnicas elec­troquímicas.

Actualmente están tam­bién involucrados el doctor Roberto Flores Moreno, del CUCEI, además de dos estu­diantes, uno del doctorado en Agua y Energía, Gilberto Ro­cha Ortiz y otro de la ingenie­ría en Nanotecnología, Andrés Kazuo Minakata Comparán, los dos del CUTonalá.