No sólo de la 4T, asegura la Arquidiócesis

Por Rodrigo Vera

La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes (foto), dijo que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una sociedad más sana y pacífica”/Foto: Benjamín Flores

La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes (foto), dijo que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una sociedad más sana y pacífica”/Foto: Benjamín Flores

Diciembre 29, Ciudad de México (apro).– La arquidiócesis primada de México exhortó a todos los mexicanos a acabar con la co­rrupción, pues señala que su combate no es solo una obli­gación que compete al actual gobierno de la autodenomina­da “Cuarta Transformación”.

En su editorial del domin­go publicado en su semanario “Desde la Fe”, la arquidióce­sis señala:

“El gobierno tiene una im­perante obligación, y un com­promiso hecho para terminar con la violencia, la insegu­ridad y la corrupción. No lo olvidaremos. Pero tampoco olvidemos que nosotros tene­mos una responsabilidad so­cial muy grande que asumir”.

Titulado “Terminemos con la corrupción”, el editorial recalca que acabar con este flagelo no sólo depende de las políticas públicas empren­didas por la Cuarta Transfor­mación, “sino que también depende de la justicia y ho­nestidad de cada uno de los miembros de las familias, ins­tituciones educativas, empre­sas, instituciones religiosas y agrupaciones de cualquier tipo, queremos motivar e im­pulsar la construcción de una sociedad justa, honesta e ínte­gra, uniéndonos en un firme propósito: terminemos con la corrupción”.

La arquidiócesis, cuyo titular es el cardenal Carlos Aguiar Retes, añade que “la justicia y la honestidad de cada uno incide en una socie­dad más sana y pacífica. Cada uno, para contrarrestar la co­rrupción, podríamos aspirar a ser rostro de Dios, hacer el bien como él y amar a todos como él”.

Y agregó:

“Acabemos con los actos que, de uno en uno, termi­nan por afectar nuestra in­dividualidad, y que, suma­dos uno con otro, lastiman a nuestras familias, y que, multiplicados por millones, desarrollan una dolorosa en­fermedad social”.

De ahí que, indicó, “haga­mos el compromiso de apli­car, cada uno de nosotros, y desde nuestros campos de influencia, el antídoto de una vida más justa y honesta para terminar con este mal”.

Por último, pidió ser so­lidarios con los más pobres, así como de remediar “las necesidades más apremian­tes “de las personas solas, ancianas y enfermas”, pues el “amarse los unos a los otros” es también “una solu­ción práctica para terminar con la corrupción”.