La manifestación “Un violador en tu camino” convocada por “Las Tesis”
No es posible hablar de dignidad humana, si a las mujeres no se les otorga la libertad que merecen
Por Ana Lucía Espinoza

La violencia nunca será una tradición y menos el silencio
El día viernes 29 de noviembre alrededor de las 18:00 horas, se llevó a cabo la manifestación “Un violador en tu camino”, a las afueras del Palacio de Gobierno. En ella se presentaron entre 400 y 500 manifestantes con vendas cubriendo sus ojos y pañuelos verdes representando la interrupción legal del embarazo. Esta manifestación inició por la convocatoria, para grupos de mujeres y disidencias, de “Las Tesis” vía Instagram, que surgió del video que se hizo viral por aquellas mujeres que protestaron por la igualdad de género en Chile, el 25 de noviembre en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El enojo de estas manifestaciones inició debido a que todavía no se puede hablar de dignidad humana cuando están sucediendo tantas cosas contra las mujeres por el simple hecho de ser eso: mujeres. No es posible hablar de dignidad humana, si a las mujeres no se les otorga la libertad que merecen: donde no pueden salir a la calle, decir lo que piensan o simplemente vivir despreocupadamente sin tener que voltear a sus espaldas para cuidárselas.
Hay muchas opiniones negativas acerca de estas nuevas manifestaciones que se están presentando en el país: bailar, romper vidrios, rayar oficinas estatales y monumentos históricos, entre otros. Lo sorprendente es que no son solo hombres sino también mujeres, que se muestran en contra al movimiento que ha surgido por la irritación de todas. Sin embargo, el ser parte del no querer luchar por lo que nos pertenece como mujeres, solo logra que quienes se encuentran más arriba terminen siendo los ganadores de una lucha que parece ser constante y sin fin.
Existe una ley subsistente mencionada en varios de los libros de Judith Butler que sostiene que a las mujeres, en específico niñas, se les amenazaba con problemas, e incluso se les metía en problemas, todo por intentar no tener problemas. Esto solo demuestra cómo la misma ley, el poder que nos rige, mantiene a estas mujeres calladas. Constantemente el Estado y la sociedad les hace creer que nunca deben de crear problemas, que se deben mantener calmadas para poder ser parte de un conjunto, de un todo, al que hasta hoy nos estamos dando cuenta que no queremos pertenecer.
La violencia contra la mujer está asociada al sistema machista, aquel que justifica, reproduce y tolera una serie de practicas, tanto entre hombre como mujeres, que deriva de la desigualdad y la discriminación de géneros. No existe duda alguna que la violencia que se nos presenta como mujeres se encuentra ligada a la “tradición” constante en la que nos encontramos como sociedad, lo que logra que las acciones que son violentas no se vean como violentas. Todas estas actividades que son consideradas masculinas y normales son vistas de manera mistificada, son alabadas e incluso inculcadas por las familias; mientras que términos como señorita, niña o mujer es regularmente utilizado como un insulto por hombres hacia otros hombres.
Las palabras y acciones que salen de nuestra persona pueden afectar de manera positiva o negativa a cualquier individuo, por lo que debemos de cuidar que es lo que decimos o hacemos. El machismo se encuentra presente en nuestra vida, más de lo que nos imaginamos, se nos olvida que todos somos humanos y que todos tenemos derechos humanos por igual. Se nos olvida que cuando no hacemos algo y nos callamos para no causar “problemas”, dejamos de luchar por lo que es correcto.
Nos tenemos que dar cuenta que no estamos otorgándoles una dignidad humana completa a las mujeres. Constantemente omitimos que para poder continuar con la lucha es necesario tener libertad y nos podemos dar cuenta que las mujeres aún no la tienen por completo. Y es que cómo podemos hablar de libertad, si todavía no es imposible salir a la calle sin miedo, usar lo que queramos, estudiar lo que queramos, decir lo que queramos, vivir como queramos. No nos será posible mejorar nunca si seguimos teniendo comportamientos que llevan hacia la discriminación, ya sea de cualquier tipo. Es esencial dejar de pensar acerca de este tema como un relativismo cultural, que dejemos de pensar en ello como una tradición. La violencia nunca será una tradición y menos el silencio.
