Más de una cuarta parte de jóvenes desearía ser narco, o sicario: Especialistas

Se dijo que a diario los mexicanos son bombardeados por contenidos mediáticos que imponen la cultura de la violencia; tales contenidos llegan a niños, adolescentes y jóvenes, y generan una idea de que los narcotraficantes son héroes y ejemplos a seguir, cuando la realidad muestra todo lo contrario/Foto: Cortesía

Se dijo que a diario los mexicanos son bombardeados por contenidos mediáticos que imponen la cultura de la violencia; tales contenidos llegan a niños, adolescentes y jóvenes, y generan una idea de que los narcotraficantes son héroes y ejemplos a seguir, cuando la realidad muestra todo lo contrario/Foto: Cortesía

La violencia que prevale­ce en la sociedad mexicana se ha manifestado en las calles, y forma parte de la cultura y el consumo mediático al permear la música, las series de televisión y los videojue­gos, afirmó el profesor de la licenciatura en Psicología, del Centro Universitario de Cien­cias de la Salud (CUCS), Víc­tor Oswaldo Orozco Estrada.

En la conferencia inaugu­ral del II Foro Multidiscipli­nar Prevención y Abordaje de la Violencia, el Acoso y el Hostigamiento que tiene lu­gar en ese plantel, dijo que los productos culturales que la gente consume desde sus ca­sas o en espacios más íntimos ha normalizado la violencia y trivializado la muerte.

“A través de todo lo que consumimos, vamos triviali­zando la muerte, el homici­dio, el robo, las ejecuciones y todas aquellas conductas que se presentan en una sociedad como la mexicana”, subrayó el académico.

Citó como ejemplo las 17 series televisivas que tenían en el narcotráfico su tema princi­pal o estaban relacionadas con este tema y que fueron vistas por miles de personas, inclu­yendo niños; o en la música, el llamado “Movimiento alte­rado”, cuyas letras enaltecen el narcotráfico y a los capos de la droga.

Estos contenidos llegan a niños, adolescentes y jóve­nes, y generan una idea de que los narcotraficantes son héroes y ejemplos a seguir, y que el crimen organizado puede ayudarlos en sus aspi­raciones de alcanzar el éxito y ganar dinero.

Orozco Estrada dio a co­nocer parte de un estudio realizado en la Facultad La­tinoamericana de Ciencias Sociales en una decena de estados del país, en el que mil 400 alumnos, entre 13 y 15 años, fueron encuestados: 26 por ciento consideró que le gustaría ser narcotraficante o sicario; 17 por ciento quisiera ser empresario; 12 por ciento, profesores; 10 por ciento, po­licías y 4 por ciento, funcio­narios de gobierno.

Esto da como resultado que los menores de edad sean presa fácil del reclutamiento del crimen organizado, y ten­gan una esperanza de vida de tres años a partir de que co­mienzan con actividades de­lictivas, explicó.

“Todas estas conductas se van reproduciendo a partir de factores como la desigualdad, a partir de la exclusión social, la disminución de los niveles educativos, la desarticulación de la familia y el cambio en sus dinámicas; los problemas socioeconómicos o la narco cultura”, denunció.

Contra el acoso y la violencia hacia las mujeres

Dante Haro Reyes, titular de la Defensoría de los De­rechos Universitarios (DDU) de la UdeG, declaró que 63 por ciento de los casos de acoso que han sido denun­ciados ante esa dependencia se da de manera horizontal, es decir, entre personas del mismo nivel jerárquico, por lo que es indispensable que el trabajo de concienciación, información y capacitación contra el acoso y el hostiga­miento sea transversal y esté disponible en todos los nive­les de esta casa de estudios.

Haro Reyes explicó que parte del trabajo de la DDU se enfoca en el desarrollo de una cultura de la paz, por lo que ha buscado crear una serie de estrategias para generar el concepto de ciudadanía glo­bal que respete los derechos humanos y la dignidad de las personas en un ambiente de armonía.

Adelantó que buscan crear una cátedra para la cultura de la paz que sea avalada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en la que se discutan temas re­lativos con la erradicación de la violencia y la solución de conflictos, además de generar una red de centros de cultu­ra de la paz desde los cam­pus universitarios de la Red, con el fin de buscar cambios en los programas de estudio que tengan un enfoque de no violencia.