Amenazado por la contaminación y los cambios de uso de suelo: Especialista

El Lago de Zapotlán es un importante ecosistema que regula la temperatura en los municipios de Zapotlán el Grande, Gómez Farías y Zapotiltic, también es un sitio con gran biodiversidad reconocido internacionalmente; sin embargo, hoy padece por la deforestación y la contaminación/Foto: Cortesía

El Lago de Zapotlán es un importante ecosistema que regula la temperatura en los municipios de Zapotlán el Grande, Gómez Farías y Zapotiltic, también es un sitio con gran biodiversidad reconocido internacionalmente; sin embargo, hoy padece por la deforestación y la contaminación/Foto: Cortesía

Enclavado en un valle ro­deado por el Volcán Nevado de Colima y la Sierra del Ti­gre, el Lago de Zapotlán es un importante ecosistema que no sólo regula la temperatura en los municipios de Zapot­lán el Grande, Gómez Farías y Zapotiltic, también es un si­tio con gran biodiversidad re­conocido internacionalmente; sin embargo, hoy padece de la falta de cultura ambiental por parte de algunos pobladores.

Fue a través de redes so­ciales que usuarios denuncia­ron cómo el lago suele con­vertirse en en un vertedero justo a un costado de las via­lidades que están alrededor de este sitio Ramsar.

Es una constante ver que botellas de plástico, llantas, muebles, residuos sanitarios y otros objetos floten entre el lirio y los tules de este eco­sistema que, además, resiste a otros factores como el estrés urbano.

El director del Centro de Investigación del Lago de Za­potlán y Cuencas (CILZC), del Centro Universitario del Sur (CUSur), doctor J. Guadalupe Michel Parra, explicó que esta práctica es recurrente, que “por mucho tiempo se ha hecho en la región debido a la ignoran­cia, pero también por negli­gencia y falta de aplicación de leyes, normas y reglamentos” en Ciudad Guzmán.

En un recorrido realiza­do en el tramo del Periférico Norte de Ciudad de Guzmán, vialidad que cruza el lago y lo divide en un pequeño segmento, se constató la pre­sencia de escombro y basura en varios puntos cercanos al cuerpo de agua, incluso flo­tando entre familias de patos y bancos de peces.

“Siempre que se le vierte basura o escombro representa un impacto a un espacio vi­tal para nuestra región, pues ésta puede tener un impacto mayúsculo. Todos queremos agua limpia y pura, que no ponga en riesgo la salud y cuando hacemos esas malas prácticas, impactan significa­tivamente a mediano y largo plazos”, declaró el académi­co.

Indicó que, si bien el pro­blema de la basura ha dismi­nuido, la gente no deja incluso de tirar basura en las calles y ésta, cuando llueve, es arras­trada al vaso lacustre. “Para erradicar el problema se ne­cesita que la gente tenga una educación ambiental, formal y no formal”.

“Cuando nosotros le apor­tamos basura, le estamos dan­do contaminantes y nutrientes que promueven el crecimien­to acelerado de vegetación (como lirio y tule), y esto re­percute en la vida del lago y puede llegar a morir comple­tamente”, subrayó el investi­gador.

Un ecosistema que resiste

El mayor efecto de la con­taminación, dice el docente del CUSur, es que se aten­ta contra las características limnológicas que, afortuna­damente, siguen vigentes en el lago. Éstas tienen que ver con aspectos físicos como la temperatura; químicos, como la cantidad de oxígeno, con­ductividad, el tipo de ph, y biológicos, como la gran bio­diversidad.

Dichas características, analizadas y avaladas por científicos, hacen del Zapot­lán un lago vivo, describió el investigador, ya que éste resis­te mientras sigue cumpliendo sus funciones naturales.

“Es un lago vivo porque reúne una serie de condicio­nes de biodiversidad signifi­cativa y, además, las activi­dades que se desarrollan en éste aún son amigables: aquí vienen en promedio 150 jó­venes a hacer actividades de­portivas de canotaje, también vienen 75 pescadores de dos sociedades cooperativas. Vi­ven 350 familias que utilizan el tule que cortan, secan, te­jen y hacen muebles. El agua aporta un beneficio social y económico a la región”, in­formó Michel Parra.

Cambios de uso de suelo, otra amenaza

El Lago de Zapotlán his­tóricamente llegó a tener una extensión de 5 mil hectáreas; ahora apenas llega a mil 570. Muchos cambios han ocurri­do a su alrededor, cuyas tie­rras federales han sido con­cesionadas para actividades agrícolas y ganaderas.

Uno de los impactos por hacer productiva la tierra son los agroquímicos, que even­tualmente llegan al cuerpo de agua porque se encuentra en una cuenca cerrada. Incluso, llegan de varios kilómetros arriba en las partes altas de la Sierra del Tigre y la zona del Nevado de Colima. “Estamos en una cuenca cerrada, y es la parte más baja, por lo que es el espejo de las buenas y malas prácticas que hacemos en ella. Estas sustancias están impactando significativamen­te en agua y aire”, denunció.

Pero los agroquímicos y la basura doméstica no son lo único que amenaza al Lago de Zapotlán, a los al­rededores se nota cómo los cerros de la Sierra del Tigre son deforestados para la plantación de aguacate. “El suelo era forestal y lo han convertido en agrícola, los pinos desempeñan un papel muy importante”.

Reconocido por su valor ambiental

El Lago de Zapotlán tiene dos reconocimientos inter­nacionales que acreditan su valor como ecosistema bio­diverso. Por una parte es sitio Ramsar, por la Convención de Humedales Ramsar, que lo integran 170 países; en Jalis­co hay 13 humedales con este título.

Pero también es un “Lago Viviente”, por parte de la Red Internacional del Lago Cons­tanza de la Fundación Global para la Naturaleza, con sede en Alemania. Esta instancia reconoce a tres sitios en el país: los lagos de Chapala, Zapotlán y Yuriria (en Gua­najuato).

Para esta última distinción (que lo tienen 120 lagos en el mundo), el CILZC trabajó de la mano con el Gobierno de Zapotlán el Grande y el Pa­tronato del Nevado de Coli­ma y Cuencas Adyacentes.

Michel Parra detalló que el lago es el hogar de di­ferentes tipos de algas que alimentan a peces como carpa, tilapia, lobina, pe­ces loderos y charal, que a su vez forman parte de una cadena alimenticia a la que pertenecen la rana megápo­da, culebras, víboras y 104 de especies de aves, de las cuales 58 son acuáticas.