En EU no hay justicia, replica el capo

Por J. Jesús Esquivel

En este boceto de la corte, Joaquín “El Chapo” Guzmán escucha su sentencia a través de un intérprete/Foto: Especial

En este boceto de la corte, Joaquín “El Chapo” Guzmán escucha su sentencia a través de un intérprete/Foto: Especial

Julio 17, Brooklyn, Nueva York (apro) – Joaquín Archi­valdo “El Chapo” Guzmán Loera fue sentenciado en Estados Unidos a purgar una condena de cadena perpetua más 30 años de prisión con­secutiva por narcotráfico, con la que se le pone fin a la carrera delincuencial del capo sinaloense.

“Durante el juicio me presentaron una montaña de evidencias en contra del acusado”, dijo el juez Brian Cogan, de la Corte Federal del Distrito Este en Bro­oklyn, Nueva York, al inicio de la sesión.

“Por ello decidí impo­ner al acusado la sentencia obligatoria mínima, como lo propuso el Departamento de Justicia, que es de cade­na perpetua más 30 años en prisión consecutivos”, de­terminó el juez a quien El Chapo miraba con un dejo de impotencia y angustia.

Vestido con un traje gris, camisa lila y corbata negra con el nudo desajustado, Guzmán Loera, quien apa­reció ante el juez con bigote, no pudo ocultar su nerviosis­mo durante toda la sesión, constantemente se arreglaba la solapa del saco.

“Aquí no hubo justicia”, declaró el otrora integrante de la cúpula de mando del Cártel de Sinaloa al leer pausadamente una declara­ción que llevó preparada a la audiencia de sentencia y luego de que el magistrado le preguntará si deseaba ha­blar antes de saber cuál se­ría su castigo.

“Este proceso deja en claro que Estados Unidos no es mejor que cualquier otro país corrupto al que us­tedes no respetan. Gracias, señor juez”, acotó El Chapo al concluir su declaración que leyó ante el juez Cogan con calma y algunas inte­rrupciones del traductor.

Antes de acusar al propio magistrado por ignorar los argumentos de sus aboga­dos respecto a las presuntas violaciones a las reglas im­puestas al jurado durante su juicio y por no revisar ni leer noticias sobre el proceso, El Chapo se quejó del trato “in­humano” que ha recibido.

Afirmó que en los tres años que lleva preso en Estados Unidos desde que lo extraditara el gobierno mexicano, ha sido víctima de “una tortura las 24 horas del día, sicológica y mental” por las condiciones en las que lo tienen encerrado las autoridades estadunidenses.

Guzmán Loera sostuvo que no bebe agua higiénica, que no le dan acceso a la luz solar ni al aire exterior, el cual tiene que aspirar en su celda de una máquina que ya le causó daños a la garganta, oídos, nariz y cabeza.

Denunció también que desde que está preso en Es­tados Unidos, no le permiten ver a su esposa Emma Coro­nel ni a sus hijas mellizas, a quienes ni un abrazo le han autorizado darles.

“Cuando fui extradita­do esperaba un juicio justo donde la justicia fuera ciega y donde mi fama no fuera factor en la administración de la justicia”, enfatizó Guzmán Loera, considerado durante muchos años por el gobierno de Estados Unidos como el narcotraficante más poderoso y temible en el mundo.

El juez notificó al Chapo que a partir de este miérco­les 17 de julio tiene 14 días para apelar la sentencia y debe permanecer unos 60 días en la prisión donde per­manece antes de ser trasla­dado a la cárcel donde está condenado a pasar el resto de sus días.

A la audiencia de sen­tencia del Chapo en la Cor­te Federal del Distrito Este en Brooklyn, Nueva York, acudieron decenas de pe­riodistas y curiosos y más de una veintena de agentes federales que tuvieron rela­ción en las investigaciones que realizó el gobierno es­tadunidense durante las más de tres décadas del historial criminal de Guzmán Loera.

La línea de reporteros afuera de la Corte de Bro­oklyn para entrar a la sala del juez Cogan se comenzó a formar a las 6:00 de la tar­de del martes 16.

El corresponsal de Proce­so llegó a la fila a las 10:00 de la noche y junto con otros 26 reporteros garantizó su presencia en la sala del ma­gistrado Cogan. El resto de los reporteros fueron envia­dos a la sala adicional acon­dicionada especialmente para todo el proceso judicial del capo sinaloense.

El último encuentro con Emma Coronel

La esposa del Chapo lle­gó vestida con un pantalón negro, blusa blanca y chale­co negro, calzando sus tra­dicionales zapatos de tacón alto y delgado como un es­tilete.

Emma Coronel a su arribo a la Corte Fedeal de Brooklyn, en Nueva York/

Emma Coronel a su arribo a la Corte Fedeal de Brooklyn, en Nueva York (Foto: Especial)

Al entrar a la sala para escuchar su sentencia, El Chapo volteó a mirarla y le sonrió, le mandó un beso juntando sus labios y colocó su mano derecha sobre el corazón a manera de saludo. Fue quizá la última vez que el exdirigente de una pode­rosa fracción del Cártel de Sinaloa vio a su joven mujer de 29 años.

Las muecas que hizo el Chapo durante la audiencia da­ban la idea de que estaba cons­ciente que no tendría escapato­ria a la cadena perpetua.

Cuando hablaron sus abo­gados, la fiscalía, y una víc­tima que llevó a la audiencia el Departamento de Justicia, Guzmán Loera los ignoró y, ansioso, buscaba a Emma Co­ronel para mandarle más besos y levantar las cejas en señal de saludo.

Abogados preparan la apelación

Los abogados del Chapo dijeron que apelarán la deci­sión del juez Cogan, aunque los especialistas en materia judicial sostienen que es casi imposible que el narco­traficante sinaloense consi­ga lo que quiere.

La fiscalía expresó su complacencia con la conde­na que le dio el juez Cogan al Chapo, al argumentar que, contrario a lo que sostuvieron el acusado y sus abogados, el proceso fue justo y todo lo que le imputaron lo demos­traron con evidencias.

Andrea Vélez, se pre­sentó a hablar ante el juez como sobreviviente de las acciones criminales de Guz­mán Loera, quien presun­tamente pagó un millón de dólares para que la mataran, algo que no ocurrió gracias a que el FBI la hizo testigo protegido para incriminar al Chapo.

Vélez colaboró con el Cártel de Sinaloa como asis­tente personal del narcotra­ficante colombiano Alex Cifuentes Villa, uno de los principales socios del Cha­po para el trasiego interna­cional de cocaína.

“Tuve todo y lo perdí todo, hasta mi identidad”, declaró entre sollozos Vé­lez, también colombiana, ante el juez Cogan, quien con la sentencia que le dictó seguramente escribió la úl­tima copla en el corrido de quien fuera considerado por Estados Unidos “el capo de capos” del mundo criminal mexicano.