Cartas a Página 24

Mientras la Nación mexicana actual no se reconcilie con sus pueblos originarios y sus culturas en resistencia, deuda social e histórica que ya cumple más de 500 años, sin iniciarse y llevarse a término, los defensores civiles de derechos humanos no tenemos nada qué celebrar/Foto: Cortesía
La Red Jalisciense de Derechos Humanos, A.C. manifiesta a la opinión pública de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) y de la entidad, que no tenemos nada qué celebrar, hoy, fecha en que las autoridades locales y estatales y algunos sectores inconscientes del pueblo, festejan –triunfalmente– el aniversario 477 de la instalación de la Guadalajara de Indias en el Valle de Atemajac.
No podemos soslayar la historia de nuestra ciudad capital, que anduvo errante en sus inicios (Nochixtlán y Tlacotán), dados los excesos cometidos por don Nuño Beltrán de Guzmán y sus sátrapas, con las comunidades indígenas que encontraron a su paso 1519-1522, en el reino tarasco de Michoacán y en los estados hoy llamados Jalisco, Zacatecas, Nayarit y Sinaloa. Con Guzmán inició el largo proceso de despojo y genocidio impuesto por los españoles en el occidente de México, y las sublevaciones indígenas –como la Guerra del Mixtón– que encabezó el caudillo cazcán Francisco Tenamaxtli, pugnando por erradicar el dominio peninsular del territorio conocido como el “Chimalhuacán”.
Al momento del contacto euro-indígena, en las tierras que hoy forman Jalisco existían 47 pueblos originarios con sus propias lenguas, usos y costumbres, a saber: tepejis, nahuas, otomíes, caxcanes, guachichiles, zacatecos, chichimecas, pomas, cocas, coras, wixaritaris, etcétera… Hoy solamente sobreviven después de la conquista y el largo periodo colonial, tres pueblos originarios: los cocas en la ribera del Lago de Chapala, los wixaritaris en el norte del estado, y los nahuas-otomíes en el sur. ¿Entonces qué vamos a celebrar? Los organismos sociales dedicados a la defensa de los derechos humanos nada tenemos que celebrar, pues no somos españoles ni sátrapas.
Mientras la Nación mexicana actual no se reconcilie con sus pueblos originarios y sus culturas en resistencia, deuda social e histórica que ya cumple más de 500 años, sin iniciarse y llevarse a término, los defensores civiles de derechos humanos no tenemos nada qué celebrar, pues sería como aplaudir a Caín por el asesinato de Abel en la Biblia. Y Dios que nos pregunta lo mismo que a Caín: “¿Qué has hecho con tu hermano?”… (Génesis 3).
En octubre pasado, la Red inició la búsqueda y localización de los restos mortales del gran líder Francisco Tenamaxtli, que murió en España, luego que falleció su abogado el insigne “protector de Indios”, Fray Bartolomé de las Casas (1474-1566), que lo defendía en el Tribunal de Valladolid. Si Guadalajara quiere hacer justicia a su pasado colonial, muy su gusto hacerlo, antes tendría que construir y elevar en su centro histórico un Monumento Homenaje a Tenamaxtli con Bartolomé de Las Casas, a su lado. Por Tenamaxtli, pues gracias al levantamiento indígena que encabezó, no sólo murió aquí otro sátrapa: Pedro de Alvarado, sino que la ciudad cambió tres veces de sede. La sublevación indígena no era contra España o la Iglesia, sino contra el exterminio encabezado por Nuño de Guzmán y sus sátrapas. Frente a la violencia europea, las etnias decidieron resistir con sus armas y en su propio territorio. El Derecho Humanos a la libre determinación como pueblos les asistía.
No se equivocó el gran historiador Miguel León-Portilla, al considerar a Tenamaxtli el “Primer Guerrillero” y “Defensor de los Derechos Humanos” en América, pues sin duda lo fue. El monumento tendría que erigirse también a Las Casas, pues el fraile dominico hizo suya nuestra causa, la causa de la humanidad sufriente en la Nueva Galicia (antes, Chimalhuacán), realizando una defensa ejemplar de los Derechos Humanos de nuestras etnias, pese a que nunca puso un pie en nuestro territorio.
La Red le pidió en octubre al rior del Convento de San Esteban, en la ciudad de Salamanca (España), que la Orden Dominica que recibió y sostuvo –gracias a Las Casas– a Tenamaxtli en diversos conventos y ciudades, encabece la búsqueda y localización de sus restos mortales en los cementerios y archivos de la Orden para traerlos a México, tierra donde el primer guerrillero y defensor de los DH nació y luchó, a fin de hacerle justicia transicional.
Eso sí lo podemos celebrar y valorar, pues significa un paso para reencontrarnos con nuestro pasado y para reactivar nuestra olvidadiza memoria histórica. La fanfarria y la supuesta alegría de los empresarios, de los cardenales y de los criminales por el aniversario 477 de Guadalajara, forma parte de los acostumbrados excesos del PODER, cuya historia nos ha acostumbrado a olvidar la historia del genocidio y de la resistencia de los pueblos originarios, hoy tan marginales, excluídos y pobres como en el distante siglo XVI.
Por último, cabe recordar que los derechos humanos deben iluminar este festejo para despojarlo de fatuidad y de las acostumbradas falsedades del PODER. Si tomamos en cuenta con seriedad la Cultura de los DH no nos queda otra opción.
Atentamente
Red Jalisciense de Derechos Humanos, A.C.
Oscar González Garí, presidente
Alexis Mata Sánchez, coordinador ejecutivo
