Iglesia acalla críticas sobre casa de la misericordia en Analco

La vivienda de asistencia social en el tradicional barrio generó una oleada de prejuicios en redes sociales que se aclararon en una reunión entre vecinos de la zona y encargados del lugar

Por Rafael Hernández Guízar

Tras una reunión entre representantes de la casa de la misericordia y ciudadanos en contra de la operación del lugar, se logró cambiar radicalmente la idea de quienes no querían a los indigentes y migrantes en sus calles/Foto: Cortesía

Tras una reunión entre representantes de la casa de la misericordia y ciudadanos en contra de la operación del lugar, se logró cambiar radicalmente la idea de quienes no querían a los indigentes y migrantes en sus calles/Foto: Cortesía

La iglesia católica de Guadalajara condenó el rechazo de algunos ciudadanos en torno al apoyo a los indigentes en el barrio tapatío de Analco.

Tras la puesta en marcha de una casa de asistencia social en este tradicional barrio de Guadalajara, llamada la Casa de la Misercordia, se colocaron comentarios en redes sociales de este barrio donde se dejaba en claro la postura de rechazo a la misma debido a que consideraban que era un foco de indigencia y que ayudaba a que eso proliferara, así se denunció por la Arquidiócesis de Guadalajara a través de su página de internet.

“En días pasados, se publicó, en la cuenta de una red social del barrio de Analco, un comentario sobre la Casa de la Misericordia, que cuestionaba la atención a personas en situación de calle porque, a su parecer, esta gente hace que crezca el índice de indigencia, delincuencia, suciedad y genera una mala imagen de las plazas públicas; además, juzgan de ayuda yerma y fomentar la pereza y el vicio. Se convocó a una reunión el domingo pasado y ahí se externaron las impresiones y los diversos puntos de vista de los analquenses”, explica un artículo publicado en dicha página diocesana.

“Los que en la red social se manifestaron en contra, al conocer el proyecto, el lugar y algunas personas que ahí reciben una pequeña ayuda, como la cena y un lugar donde pernoctar, cambiaron su oposición por un compromiso de ayudar a quien más lo necesita. Las cuestiones que exponían para su descontento con la Casa de la Misericordia se fueron respondiendo, sin llegar nunca ni a ofensas ni a crear un ambiente hostil, al contrario, era de un franco diálogo. Pero el argumento perentorio e irrefutable fue cuando vieron y “tocaron” a las personas que tienen la necesidad de un hogar, de una cama, de lo más indispensable para vivir. Sin duda, cuando se conoce a la persona en concreto, se ve su rostro, se estrecha su mano, se conoce su nombre y su historia, su situación y lo que lo ha llevado hasta ahí, cambia totalmente la perspectiva”.

Según la arquidiócesis de Guadalajara, “el prejuicio consiste en emitir un juicio adelantado sin tener en consideración todos los asegunes y darlo por sentado sin tener evidencia. Todos los seres humanos tenemos prejuicios y desde ellos vemos y leemos la gramática de la existencia, que es mucho más compleja que la complejidad de nuestra mente humana”, indica.

La manera en que se logró llegar a un consenso entre la iglesia y los ciudadanos que estaban en contra de la operación de la Casa de la Misericordia, fue con una reunión según se detalla en el citado artículo de Internet, reunión en la que hubo “diálogo” y que además, logró cambiar radicalmente la idea de quienes no querían a los indigentes y migrantes en sus calles.

“Los prejuicios, si no son desmantelados por la realidad, pueden llevarnos a una enfermedad psicosocial. La aporofobia es el miedo irracional a los pobres, indigentes, migrantes (xenofobia) y refugiados, porque considera que son una amenaza a la seguridad, cuando la realidad nos dice que estas personas son las más indefensas de la sociedad. Por ejemplo, se les prejuzga de ser sucios porque cargan con bolsas de basura para reciclar, pero son los que limpian la basura consumista de quienes tenemos acceso a los bienes de mercado, que es la causa de la basura”.

Finalmente, se dejó en claro la postura de la iglesia católica en torno a la pobreza y la migración, no exaltarla ni “canonizarla” sino sólo generar empatía entre los fieles para brindar ayuda a los necesitados.

“El prejuicio cede cuando nos damos la oportunidad de tener la experiencia de acercarnos a ellos y de verlos, ‘tocarlos’ y tratarlos simplemente como seres humanos, en todo iguales a nosotros, imagen y semejanza de Dios y, para los cristianos, sacramentos de Cristo, pues «conmigo lo hicieron” (Mt 25,31ss). No se trata de canonizar ni la indigencia ni a los pobres, sino de no condenarlos,  simplemente de darles el trato que merecen como personas. Junto a la aporofobia hoy, frente a la caravana de migrantes centroamericanos, crece la xenofobia. Ojalá y como cristianos podamos verlos como hermanos, como personas, que merecen nuestro respeto, apoyo, seguridad y comprensión: ¡Bienvenidos!”.

De esta forma, la iglesia llamó pues a los fieles a ser empáticos y solidarios con los necesitados, ya sea los menesterosos, indigentes e incluso, los migrantes.