Ahí está la tan presumida inversión en pavimentación, critican

Por Rafael Hernández Guízar

Lleno de agujeros luce el oriente de la ciudad capital, tapatíos reclamaron a las autoridades municipales la falta de atención. Calles como la 74 y la misma avenida República presentan enormes hoyancos que causan constantemente accidentes automovilísticos y a los mismos peatones que al no percatarse de los agu­jeros en el suelo, caen en los mismos.

“Qué coraje da ver que tenemos las calles así y que andan en campaña diciendo que Guadalajara está a todo a madre, el Alfaro y el otro ese que anda por el mismo parti­do, que poca madre decir que todo está bien, mire estos pin­ches hoyos y dígame si Gua­dalajara está bien, está bien madreada, eso es lo que está”, dijo Margarita Rosas, una de las vecinas muy molesta por el hecho.

Tras una denuncia ciudada­na que llegó a la redacción de Página 24 acudimos a este sitio para constatar el grado de desatención señalado por los vecinos y verificamos que en verdad hay muchos proble­mas en las calles.

Los pavimentos lucen muy devastados y según los vecinos, la atención de las au­toridades municipales ha sido casi nula.

“Nomás han empavimen­tado (sic) otras calles pero estas son muy transitadas y luego dicen que ya están lis­tas y hasta se han de gastar el dinero y nada, nomás nada, con estos es lo mismo, y los del PRI y los del Movimiento Ciudadano son la misma cosa, pero hay que decir algo, estos que están ahorita, los de Alfa­ro son peores porque nos di­jeron que ellos eran distintos y cual, pura madre, salieron más ratas que nada”, siguió la molesta mujer.

Hoyos que hacen que los autos caigan y se dañen se aprecian por todos lados. Algunos de estos hoyancos tienen hasta un metro de diámetro y al menos unos 10 centímetros de profundidad, lo que sí causa daños a los carros y en muchos casos, ocasiona choques al tratar de esquivarlos.

Por cierto que estos daños ocasionados deben ser repa­rados por la misma autoridad municipal a través de la ley de responsabilidad patrimonial, algo que obliga a las autorida­des a resarcir lo que por omi­siones o acciones de la misma se causan a las personas.