Ayuntamiento insensible con damnificados de Lomas de Tabachines y La Martinica

Ojalá que el presidente con licencia y actual aspirante a gobernar la ex Villa Maicera vaya a ver cómo están los afectados por la inundación del domingo, pues sólo mandó a un subalterno a ver qué había pasado, “no nos dijo que cómo estábamos”, lamentaron

Por Rafael Hernández Guízar

Las colonias Lomas de Tabachines y La Martinica, en Zapopan, fueron azotadas por la tromba del domingo con resultados catastróficos: decenas de familias perdieron todo y el gobierno municipal se limitó a darles catres y cobijas, criticaron vecinos/Fotos: Francisco Tapia

Las colonias Lomas de Tabachines y La Martinica, en Zapopan, fueron azotadas por la tromba del domingo con resultados catastróficos: decenas de familias perdieron todo y el gobierno municipal se limitó a darles catres y cobijas, criticaron vecinos/Fotos: Francisco Tapia

Sólo un catre y una cobija por casa afectada es lo que los damnificados de las colo­nias Lomas de Tabachines y La Martinica han recibido del ayuntamiento de Zapopan tras la tromba que los dejó en la calle el pasado domingo.

Ayer, Página 24 acudió a la zona de desastre donde constatamos el grado de afec­tación de los ciudadanos quie­nes perdieron prácticamente todo, desde su menaje de casa, en el mejor de los casos, hasta la casa entera, como sucedió a la familia del señor Hipóli­to, un zapopano que tuvo que escapar por la azotea de su vi­vienda pues el agua subió más de cinco metros.

“Yo estaba aquí en la casa cuando empezó a llover y pues digamos que ya sa­bía que se me podía meter el agua, pero nunca pensé que iba a subir así, cuando mu­cho creí que iba a subir como un metro pero no, en cosa de minutos subió y subió y nos tuvimos que subir a las es­caleras, ya cuando rebasaba los escalones nos subimos a la azotea y pues fue cuando mejor nos pasamos a la casa del vecino, tuvimos que sa­lir como las ratas”, dijo de­vastado el hombre, con los ojos cristalinos.

“Pues imagínese cómo me siento, yo soy hipertenso y nomás no me desmayo porque me da pena con mi esposa, ni modo de quebrarme, alguien tiene que ser el fuerte, pero pues ahora qué voy a hacer señor, ya perdí todo, mis mue­bles, mis aparatos, mi sala, el comedor, el refri, la comida, hasta mis papeles; incluso mi herramienta de trabajo, yo soy herrero y ya lo perdí todo, se me echó a perder la máquina, ya qué voy a hacer sin casa, sin dinero, sin papeles y hasta sin trabajo”, siguió.

A nuestra llegada a su casa vimos cómo no fue el ayun­tamiento el que ayudaba a la familia de este hombre en desgracia, pero sí los veci­nos. Una mujer caminó desde su casa hasta lo que quedaba de la vivienda de Hipólito y su familia; sacó de una bol­sa que cargaba con dificultad una despensa y se la entregó a estas personas: “Es poquito pero va de todo corazón, se­ñora”, le dijo a Estefanía, la esposa de Hipólito.

En ese momento se le arrasaron los ojos a los dos, incluso este reportero se sin­tió conmovido con el gesto, en ese instante quedó en claro que si la ayuda no venía de las autoridades, sí podía ser de los vecinos.

“Yo lo que quiero decir es que ojalá que el presidente, que Pablo Lemus viniera a ver cómo estamos, porque nomás mandó a su segundo y no se vale, nomás vino a ver lo que pasó y se fue, pero no nos dijo que cómo estábamos, que si necesitábamos algo, no, nada, se fue y ya”, soltó.

–¿Y qué les han dado?

–Pues nomás un catre y una cobija ahí, es todo, pero mientras qué vamos a hacer, no podemos trabajar y la casa se nos va a caer, nos vamos a morir de hambre seguro.

Recorrer los restos de la casa de Hipólito fue escalo­friante. Un fuerte olor a hu­medad se respiraba por todo el lugar; rastros de lodo por todos lados, las manchas en la pared, restos del agua sucia que entró con enorme fuerza y a su paso se llevó los bienes de esta familia, se llevó hasta sus ilusiones según relataba este desesperado hombre, pa­dre de dos niñas que ahora no sabe cómo podrá alimentar, dónde guarecerlas de las llu­vias que todos los días azotan en su comunidad.