No se puede trabajar ni transitar: Vecinos y comerciantes

Ya tienen más de dos años supuestamente “mejorando” la zona, pero los trabajos no terminan y la gente está cada vez más desesperada

Por Rafael Hernández Guízar

Vecinos y locatarios del centro de Guadalajara se dijeron hartos de las obras de remodelación que se dan por la zona, como parte de la construcción de la línea 3 del tren ligero.

Luego de que soportaron por años la construcción de esta línea de tren y que esto significó el cierre de la avenida Alcalde –la principal aveni­da del primer cuadro tapatío– y ca­lles aledañas, obligando a muchos de los comercios a cerrar por la falta de clientes; ahora, cuando creían que ya estaba por concluir todo, otra moles­tia les aqueja, nuevamente el cierre de calles con obras de reencarpetamiento que parecen no tener fin.

“Sí han bajado mucho las ventas, pues demasiado, a veces no se vende casi en todo el día, antes se vendían como seis mil o siete mil y ahora, ni mil. El dueño también se queja de eso”, dijo Laura, una empleada en­trevistada.

“La obra tiene ya varios meses y no acaban. Yo lo que les quiero de­cir es que se den la recia para que arreglen pronto y que pronto quede, porque abren y abren calles”.

Por su parte Rubí, propietaria de un negocio de comida, indicó que “es que las ventas se han bajado mucho, yo antes vendía a la semana como 3 mil pesos y ahora ni mil pesos a la semana, ahora ni para pagar la renta y las obras pues nos están afectando mucho”, soltó.

Pero también la gente que debe pasar por el lugar todos los días, padece de los conflictos que se ge­neran por las obras: “Nosotros estu­diamos en la academia municipal de optometría y la verdad se nos hace feo que tenemos que llegar con los zapatos todos llenos de tierra, lle­gamos tarde y sucios y se me hace feo, la verdad. A veces tenemos que tomar hasta dos camiones para poder llegar”, lamentó Karla, una jovencita entrevistada en el sitio.

A este grave conflicto se agrega el tráfico que está desquiciado en los alrededores, y que además con­lleva también la falta de lugares de estacionamiento y la imposibilidad de acceder a los estacionamientos públicos que se ubican en los alre­dedores.