Comandante perjudicó mi salud, acusa
Tras 26 años de servicio en la corporación, y dañado de la columna, el oficial iba a bordo de la patrulla con todo y bastón; cuando tramitó su retiro en la oficialía de partes omitieron varios documentos y lo dejaron “chiflando en la loma” desde hace un año
Por Rafael Hernández Guízar
“Yo soy un ser humano también y no saben lo que siento”, sentenció ayer Juan Martínez Sandoval, un ex policía de Guadalajara que fue cesado tras 26 años de servicio sin permitírsele una pensión pese a tres accidentes de trabajo.
A sus 49 años de edad, este ex policía no puede trabajar, no puede caminar y apenas puede valerse por sí mismo, fue dado de baja de la corporación al negarse a ir en su día de descanso a prestar servicios de seguridad a un partido de futbol con equipo antimotín, pues no podía siquiera ponérselo.
“El 11 de mayo del 2016, ya teniendo varios riesgos de trabajo, me sentía mal y fui a hacerme unos estudios de rayos x, le solicité el apoyo a un comandante, para pedirle su apoyo, su consideración y que me diera un servicio adecuado y que no me perjudicara en mi salud, le mostré un documento de resumen médico de aquel entonces, y me dijo en forma grosera y prepotente que se ese documento se lo pasaba por el arco del orgullo y así quedó el asunto, pero a la semana el señor me seguía hostigando, mandándome a hacer servicios aún sabiendo que tenía un problema de salud y que podía afectarme más”, lamentó.
“Quiso enviarme a un servicio extraordinario de futbol, donde se usa equipo antimotín y mi columna está afectada porque no quedé bien; pues me hizo un procedimiento administrativo porque no quise ir, aunque le hice un documento donde decía que por motivos de salud no podía ir y ándele que a los ocho meses me operaron, me pusieron una placa en la columna, tengo cuatro tornillos y pedí apoyo para hacer el trámite de pensiones, pero ellos omitieron varia información en la oficialía mayor”.
Con todo y bastón, lo mandaban a bordo de la patrulla de la que batallaba enormemente para subir y bajar de la caja de dicha camioneta.
“Hicieron caso omiso a varias cosas porque decían que tenía que operarme y eso ponía en peligro mi vida, ellos se negaron a hacerme una carta circunstanciada de hechos para presentarla a pensiones y en la comisaría se negaron a darme restricciones APRA mi trabajo, tuve que pedirlo por un amparo pero nunca me lo dieron, conforme al artículo 8º de la constitución, el documento lo conseguí pero me dieron la negativa. Cuando me operaron me dieron un documento donde decía que tenía invalidez pero con muchas restricciones”, siguió.
A lo largo de su carrera como policía tuvo tres accidentes de trabajo mientras patrullaba; uno de estos casi le costó la vida y nunca pudo recuperarse, incluso, se le daba casi por desahuciado al sufrir de un traumatismo craneoencefálico, perder el conocimiento y quedar a merced del destino.
“El accidente que le digo fue en 2014, tuve un riesgo en el 2009, 2011, y en 2014, en este último me dieron una negativa a mi petición. Me cesaron pero todavía no me daban de alta en el seguro social y qué curioso que en el seguro aparezco como pensionado y yo estaba en reposo y me cortaron las incapacidades. En el seguro yo estoy como pensionado”, agregó.
–¿Y le pagan su pensión?
–No. Fui al archivo y me dijeron “tú estás dado de baja, pero hay un documento tuyo y no te lo damos hasta que te des de alta y tienes que pagar cuatro mil 500 pesos para que te des de alta”, eso es lo que me dijeron.
–¿Y qué es ese documento?
–Para estar activo en el seguro.
–Pero usted aparece como pensionado.
–Es lo que no entiendo, de dónde sacaron esa información en la clínica 93 del seguro social en Tonalá.
Me siento pisoteado
Con lágrimas en los ojos, este ex policía lamentó que no le dieran apoyo no sólo en la Comisaría General de Seguridad Pública, pues fue también hecho a un lado en la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y condenado a vivir de limosnas.
Con mucho coraje en el rostro, envió un llamado a Enrique Alfaro Ramírez, presidente municipal de Guadalajara.
“Qué le digo señor presidente municipal Alfaro, injusticias, el nuevo partido no tiene consideración; usted con su gente, cómo va a tener consideración con la gente, le pido justicia señor Alfaro, por favor”, dijo.
–¿De qué vive?
–Pues vivo de la gente que me ayuda.
–¿No puede trabajar?
–No.
–¿Tiene familia que mantener?
–Sí, cuatro hijos.
–¿Paga renta?
–Afortunadamente tengo casa propia porque ya sabía que en cualquier rato me podían despedir, porque no hay confianza en este gobierno y las injusticias, porque de qué sirve el nuevo sistema de justicia penal acusatorio, de qué sirve que yo sepa de leyes y reglamentos, servir al pueblo, para que me pisoteen.
–¿Cómo se siente?
–Mal, muy mal, moralmente, físicamente, mal.
–¿Qué pide?
–Justicia y pido a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos o a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y si es posible hasta la Corte Interamericana.
–¿Puso usted una queja?
–No, porque ya sabe usted a los servidores públicos cómo nos tratan. Pero si algún representante de los derechos humanos ve mi queja, le daré mis datos, porque dicen que a nosotros no, no procede la queja, ya he ido a poner quejas y no procede, desconozco, la pura verdad (sic). Mire, yo soy un ser humano como usted, y esto es una injusticia, no sabe lo que siento, tengo placas en la columna cervical, no puedo dormir, tengo que pagar medicamento y no puedo trabajar.
Juan Martínez se dijo esperanzado a que el alcalde tapatío pueda ser sensible a su situación y no se le niegue la oportunidad de tener una pensión que sería. según dijo, al menos un reconocimiento a los 26 años de servicio que prestó a la policía tapatía por un trabajo que al final de cuentas, le pagó mal.
