Por Moisés Navarro

Para el tiempo en que llegó Jesús González Gallo a la gubernatura de Jalisco (su periodo fue de 1947 a 1953) la época de esplendor que vivió el Parque Agua Azul ―en ese tiempo parque Obrero, pues José Guadalupe Zuno llevó la iniciativa de cambiar su nombre y de implementar nomenclaturas con nombres de ese tipo― ya se había terminado. De aquel zoológico lleno de ejemplares espectaculares y que fue calificado como el mejor de México en su época, quedaban ya unos cuantos animales. El lago tenía niveles bajos de agua, sus mantos freáticos eran explotados sin parar y con la falta de mantenimiento el zacatal crecía y también sus zonas encharcadas. Asimismo, se construyó un hipódromo y el lienzo charro.

Para 1948, los negocios clásicos del alemanismo comenzaron a tomar fuerza en el estado, en particular en Guadalajara. Mientras el ayuntamiento pensaba en formas para llenar de nuevo el viejo lago para así volver al parque a sus viejas glorias, se presentó una iniciativa para concesionar dicho parque. El concesionario pretendía invertir en juegos infantiles, juegos mecánicos y se iba a encargar del saneamiento del cuerpo de agua. Además se encargarían de enmallar el parque para proteger su inversión.

El periódico El Informador lanzó una cruzada incansable ―cruzada que emprendió desde la década de los 20― para que el lago se desecara. En su sección Comentarios al día lanzaba mordidas de este estilo: “¿Y dónde está el futuro de tratar de conservar el charco del Agua Azul […] como paseo el ir a contemplar esa presa que sus mejores tiempos ha pasado de un pantano es poca distracción con peligro de paludismo”.

La concesión para los juegos mecánicos se llevó a cabo, pero no el saneamiento de la presa, pues en septiembre de ese mismo año se inició el proyecto de una nueva carretera que llevaría a Chapala. El trazo contemplaba la destrucción del hipódromo que según la prensa “poco le hace falta a la ciudad”. Además el trazo partía en dos al Parque del Agua Azul, y al hacerlo se llevaba de por medio al lago. La obra “escasamente afectaría 30 arboles”, y según decían, “será benéfico para la ciudad, pues ayudará a salir del abandono en que se encuentra”.

El ayuntamiento dio permiso para que la gente arrojara su escombro por donde pasaría la avenida. Esto ayudaría a evitar que la presa volviera a llenarse de agua. El proyecto fue más grande de lo pensado y su ancho se extendió a los 33 metros. Se le puso un camelloncito y se calificó como “una magnifica avenida”.

La casa de los Charros de Jalisco de beisbol, el estadio municipal, fue derribado en 1950. Se dio inicio a la construcción de la Central Camionera. El escombro del estadio fue utilizado para rellenar lo que quedó del vaso de agua. El Informador volvió a atacar: “Mucho consuela ver que los escombros del viejo Estadio se están volcando sobre los palúdicos charcos del Agua Azul”.

Eventualmente, se construyeron canchas deportivas en la parte norte del parque y por eso no se puede jugar basquet ni futbol ahí en tiempos de lluvia. En la parte sur se proyectó una fuente que iba a utilizar lo que quedaba del agua encharcada.

Los viveros del parque migraron de lugar. Para acabarla de amolar, el ayuntamiento decidió pagarle al contratista encargado de las obras de la Central Camionera con los terrenitos que iban a quedar del parque y del viejo estadio municipal pues, decían, no había efectivo suficiente para pagarle.

De toda esa mutilación quedaron casi 17 hectáreas. Intentos para mejorar el lugar vienen y van. Ya hablaremos en otra oportunidad de esos intentos fallidos; por lo pronto, nos moveremos a otras zonas de la ciudad.

 

***Hace unos pocos días se inauguró una vialidad de 300 metros dentro del Parque Metropolitano. Parece que nuestros gobernantes no han salido de 1950 ni de la influencia alemanista.