
Deje usted el chofer, que iba tan campante hablando por teléfono mientras recogía pasaje; el camión era una garra de unidad, cuyos frenos crujían incesantemente cuando el operador intentaba frenar; al mismo tiempo, la estructura del autobús se cimbraba; el descuido en el vehículo se manifestaba además en el piso raído y en los asientos rayados y sucios.
Esto sólo confirma que muchas rutas, como la 50-B, no merecen el aumento de la tarifa a 7 pesos, y que la “certificación” se hizo con las patas o por mero trámite-compromiso/Foto: Álvaro J. García
