Por Raúl Taiyo*

Cuauhtlequetzqui  alguna vez dijo: “Mientras permanezca el mundo, jamás perecerá la gloria y la fama de México-Tenochtitlan.” Hace 736 años que el líder indígena dijo estas palabras, y hoy me pregunto ¿qué nos salió mal? Desde el reconocimiento de México como un estado siempre ha existido una constante que ha determinado el curso y el rumbo de la nación, esta constante es y ha sido: la toma de acciones y decisiones ilícitas como medio de comunicación. Y digo como medio de comunicación porque parece que hoy en día un mensaje se escucha mucho más claro si somos capaces de ver la represión, las masacres e incluso –por más irónico que suene– las desapariciones.

Hace no más de un mes que terminamos el 2016, un año que nos dio: un secretario de Educación que sabe ‘ler’, un gobernador que robó más de 3 mil millones de pesos y jugó con la salud de niños con cáncer y arriesgo la vida de las personas con VIH, un plagio en la tesis del presidente, protestas por parte de la CNTE contra la reforma educativa, frentes nacionales por la familia contra las uniones entre homosexuales, un aumento en homicidios dolosos (siendo el año con más homicidios durante el gobierno de EPN), asesinatos de diversos presidentes municipales, la visita del Papa, el valor del peso en impresionante caída libre frente a las elecciones norteamericanas y el ‘Brexit’, y claro el evento que marcó internacionalmente a México: una fiesta de XV años que no hizo más que demostrar en dónde nos encontramos como sociedad.

Ciertamente el 2016 fue un año difícil de sobrellevar, no se niega que hubo momentos en los que se elevó el orgullo nacional; sin embargo, la cuestión es NO olvidar estos hechos verdaderamente trágicos que ya son parte de nuestra historia. Si hacemos un ejercicio de memoria, ¿cuántos de estos sucesos recordaba el lector? Honestamente, es difícil recordar que todo eso pasó en un año. No llevamos más de un mes en este año y ya hemos vivido: el nombramiento de un nuevo secretario de Relaciones Exteriores que “vino a aprender”, un gasolinazo, un tiroteo dentro de un colegio, recortes presupuestales en programas de ayuda social, un Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar y ¿qué más nos espera? Ya estamos avisados sobre el aumento de 20% de la gasolina en febrero, nuestro TLCAN está en manos de Videgaray y de Guajardo, el gobierno canadiense ya nos dio su ‘bendición’ pues no quiere ser un blanco más de Trump y para ser sincero creo que ya no sabemos que más esperar de él.

Si algo me ha quedado claro es que los partidos políticos y en especial el ‘tricolor’ tiene un lema: “Prometer y prometer, y una vez que haya ganado el partido, olvidar lo prometido”. Tras tantos años de represión, homicidios, feminicidios, secuestros, desaparecidos, narcotráfico y las exenciones figuran entre algunos crímenes de lesa humanidad que se han cometido en México. Uno pensaría que después de vivir durante tanto tiempo en la tan llamada “dictadura perfecta” los mexicanos se levantarían; se enfrentarían a los representantes del pueblo, darían seguimiento a las promesas de campaña, corroborarían la legalidad y legitimidad de sus representantes, propondrían nuevas leyes capaces de actualizar el arcaico sistema político mexicano e incluso reclamarían todos y cada uno de los crímenes de lesa humanidad cometidos en México; sin embargo, hoy más que nunca parece que viviéramos en la era de la ‘Ley de Herodes’, en la que te chingas o te jodes.

*Es estudiante de la carrera de Relaciones Internacionales en el TEC de Monterrey Campus Guadalajara