En la estructura se encuentra, o no, la poesía

Por José Antonio Neri Tello*

Para la escritora Patricia Medina, el poema tiene un efecto en el otro que lo “hace ver, conocer, completar una experiencia, revelarle una experiencia que no tenía antes, mirarse como en el espejo que el poema le está mostrando”/Foto: Cortesía

Para la escritora Patricia Medina, el poema tiene un efecto en el otro que lo “hace ver, conocer, completar una experiencia, revelarle una experiencia que no tenía antes, mirarse como en el espejo que el poema le está mostrando”/Foto: Cortesía

Patricia Medina (Guadalajara, 1947) ha sido de las poetas clave para el desarrollo de quehacer artístico de la ciudad. Formadora de escritores desde su taller iniciado en 1985, ha dado generaciones de nuevas plumas que ocupan importantes sitios en el gusto de la sociedad. Ha sido presidenta de Asociación de Autores de Occidente, miembro del Consejo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes. Ha sido galardonada con el Premio Nacional de Poesía Alfonso Reyes, Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta, Premio Nacional de poesía José López Velarde, entre otros. Actualmente es directora de Editorial Literalia.

Neri Tello: Quizá no se pueda definir la poesía, porque ello equivale a problemas de carácter filosófico y ontológico, a los que únicamente pudiéramos llegar a acercamientos, pero ¿cómo podemos definir el poema?

Patricia Medina: El poema como tal es una estructura, los contenidos que puedes encontrar en esa estructura pueden ser poesía o no, entonces, así es como puedo definir la poesía, es una estructura en cuyos adentros puede haber o no poesía.

NT: ¿Qué implicaría esta estructura?

PM: La estructura implica que el poeta organiza los versos, las estrofas, si es que las hay, en un principio y un final.

NT: ¿Qué lugar ocupa el lenguaje dentro de la vida cotidiana y cómo éste se traspasa al lenguaje poético?

PM: El lenguaje con el que hablamos ya es eminentemente poético, está cargado de simbologías y el poeta lo que hace es seleccionar de todo este bagaje determinadas frases, determinados giros, para unirlos o meterlos dentro de la estructura y crear así un poema, que tenga contenidos poéticos.

NT: ¿Cómo es que este lenguaje trastoca la realidad?

PM: La realidad no la trastoca, la trastoca la realidad quién lee el poema, el que lee el poema es trastocado por algo, bueno o malo. El estímulo que provoca el poema va crear una respuesta en el lector o en el oidor, esa es la forma que quizá no trastocaría, sino que repercutiría el lenguaje poético en otro, en un tercero que recibe el contenido del poema.

NT: ¿Qué es lo que hace diferente el lenguaje cotidiano al lenguaje poético?

PM: Es una belleza estética, esa conjunción de frases, de palabras, de signos crean un tercer elemento que no está en el lenguaje, sino que crea una emoción estética, que no sabemos definir ¿cómo es? o ¿qué es?, pero eso es lo que provoca en el que lo escucha o lo lee, le hace ver, conocer, completar una experiencia, revelarle una experiencia que no tenía antes, mirarse como en el espejo que el poema le está mostrando, tiene muchas variables el poema en cuanto a quién lo recibe.

NT: Pensando en este lenguaje, y yendo más allá de las figuras retóricas ¿qué sentido tiene la metáfora y lo simbólico dentro del poema?

PM: Lo metafórico no es lo mismo que lo simbólico, la metáfora es eso que hace que una palabra que pertenece a un campo semántico y otra palabra perteneciente a distinto campo semántico, sea este natural o superficial, al unirse crean un choque y ese choque crea una tercera realidad que no está en el lenguaje, sino en la emoción estética y esto es la metáfora pura, “La luz es la sombra de dios”, en la metáfora pura no interviene nada de lo humano, y entonces todo se trastoca, la luz, la sombra, y el concepto de Dios, en es trastoca en esta brevísima frase. Lo simbólico es aquello que cada quien le aporta a la frase, al poema, a la metáfora, yo le aporto lo que soy en ese momento, lo que estoy siendo en ese momento, todo lo que cargo, lo que se, lo que conozco, lo que he visto, lo que he leído, lo que he reflexionado, todo esto crea una simbología, que me hace definir y recibir de una determinada forma esa metáfora.

NT: En Jalisco existe una vasta tradición poética, si señalaremos los cánones que han hecho una identidad sobre la poesía que se hecho en estado ¿cómo pudiéramos definir esa identidad?

PM: Aquí no hay ningún canon, hay diversas maneras de enfrentarse a la poesía y posturas, la postura del lenguaje donde un determinado grupo dice que la poesía es lenguaje y no emoción, dejar que fluye el lenguaje a ver qué pasa, la otra postura es la emoción, que el hombre se sacuda, se conmueva, se trasforme después de escuchar determinadas frases poéticas.

NT: Cuando me refiero a canon es a está identidad que se ha construido con el paso del tiempo, ¿qué poetas o qué libros deberían de leerse para entender esa identidad en Jalisco?

PM: González Martínez, Alfredo R. Plascencia, Elías Nandino, Arturo Rivas Sainz, Adalberto Navarro Sánchez, que aunque fueron muy distintos en la manera de hacer poesía, dejaron una huella, una escuela, cada uno de ellos. A Rivas Sainz, mi maestro, no ha sido lo suficiente valorado como poeta y es un gran poeta, preciosista fino de una gran finura, de grandes alturas poética, y no ha sido analizado, no hay un trabajo académico en ese sentido. Hay un trabajo de Pedro Valderrama, pero él es un poco más cronista, y qué bueno que lo ha hecho, pero no hay un ensayo acerca de su poesía.

NT: Haciendo una radiografía de la poesía en Jalisco, ¿qué fue lo que marcó a los poetas de tu generación, qué tenían en común?

PM: De mi generación está Raúl Bañuelos, Jorge Esquinca, Jorge Souza, Jaime Partida, que dejó de escribir muchos años, Raúl Aceves, y lo que teníamos en común era que nos odiábamos, y no sé por qué, hace once años quise indagar la causa, unos eran hijos de Navarro, otros eran de SUMMA (revista que se publicó en Jalisco durante 1953 – 1986 y que tenía como director a Arturo Rivas Sainz y a Salvador Echevarría, según el Diccionario de literatura mexicana del siglo XX), hijos de Santa Tere, de Elías Nandino y los invité a todos a un diplomado a que participaran y dieran opiniones sobre poesía, y teorías, sobre el hacer creativo, y a partir de allí, ojalá y se hayan roto algunas barreras entre nosotros; pero no teníamos un estilo en común, una manera en común, de hecho había una controversia, si lo que se escribía uno si servía o no servía,  situaciones que tenían que ver más con los grupos que con la poesía misma.

NT: Y si seguimos en esa línea ¿qué autores posteriores, jóvenes o no serían interesantes leer?

PM: Mi alumno Luis Armenta. Poeta poeta no hay, cuando tienes la disciplina y el carácter de leer diario y escribir diario, eso te va formando, cuando lees poco y escribes poco el proceso es más lento, eso no quiere decir que haya menos talento, sino que el proceso se vuelve lento. Xel Ha López también fue mi alumna y desde chiquita, desde los once o doce ya pintaba para buena poeta, hay un montón, se dio como un boom de mujeres poetas a principios de los noventa, unas buenas, otras malas, otras peores, pero surgió una necesidad de la mujer de explorar la poesía y la cuestión artística, algunas se quedaron en un libro, otras tomaron esto con seriedad y han seguido. Muchas se quedaron con libro, Teresa Riggen solo publicó un libro, había gente que prometía mucho pero se quedó en el camino, Silvia Quezada está haciendo un diccionario de escritoras jaliscienses.

El hecho de hacer poesía, en varias décadas de mi vida ha sido mi razón, me ha salvado, me ha ayudado a vivir, se convirtió en una razón, esa ha sido su función y yo lo agradezco.

NT: En sus poemas hay un diálogo con usted misma, y es muy notorio, como si de pronto se confesara ante usted.

PM: Lo que pasa es que he pasado varias etapas, tengo 12 libros inéditos y pueden quedarse así, sabrá Dios, tengo una etapa muy mística, donde me pongo a cuenta con las cosas que verdaderamente valen la pena, la reflexión profunda sobre las cosas, ya no es la vivencia, ni la existencia, sino otras cosas que me preocupan, como otros poemas le llegarán a preocupar en su momento, y no es rasgarse las vestiduras, no es la jerarquía de las cosas, sino la razón de las cosas y su sinrazón, en este momento puedo decir que estoy en la sinrazón de las cosas preguntándome ¿Para qué sirve todo? ¿Para qué sirve la poesía? ¿Para qué escribir tanto? Volteas y ves el mundo y dices ¿Qué está haciendo el hombre, para qué está en la tierra? ¿Para qué estar aquí? Como si ya no quisiera estar, y esto ya no es una cuestión momentánea, sino que se prolonga con los años.

*Colaborador especial